VIDA PRIVADA | Restaurantes
Por Elisa Estefanía Olivera

Como es bien sabido Ferran Adrià es un sello de calidad y distinción, atributos que custodian cada detalle de su peculiar restó, El Bulli, en Gerona, España. Este exclusivísimo recinto gourmand que sólo mantiene sus puertas abiertas la mitad del año y en un solo turno, ofrece, bajo el formato de la carta, la genialidad innovadora de su propietario y gerente.
Con reservas de al menos seis meses de anticipación, sólo ocho mil privilegiados sibaritas por año consiguen ocupar una codiciada mesa en su establecimiento. Pero, y pese a que el precio de sus platos promedia los 200 euros y de que El Bulli, haya sido elegido por tercer año consecutivo como “el mejor restaurante del mundo” según la revista especializada Restaurant, el establecimiento no arroja los beneficios deseados. Este extraño hecho ha llevado a Ferran a incursionar en otras iniciativas comerciales en busca de una significativa compensación monetaria que le permita continuar desarrollando su afamada carrera. Así es como hace unos meses el gurú de la gastronomía lanzó su propia línea de ropa para el hogar Ferran Adria by Armand Basi, proyecto en el que concilia dos mundos profundamente creativos que le permiten a Ferran seguir desplegando sus dotes artísticas en todo su esplendor: entre sartenes y diseños.

De sus recetas se rescatan dos procedimientos centrales: el minimalismo y la deconstrucción, recurso éste particularmente deslumbrante que consiste en aislar los componentes de determinado plato típico para luego conferirle una apariencia y textura totalmente diferente. Un ingenioso concepto que busca perpetuar el sabor original pero logrando revolucionar la presentación hasta provocar la reacción alucinada de sus comensales.
Como editor, diversas claves culinarias y estrategias recreativas se concentran en su fantástico libro de recetas con más de 100.000 ejemplares vendidos. A través de sus recetas y fotos, el artista tiende una suerte de puente entre un público exclusivo con acceso directo a la degustación de sus platos y el que se contenta con que la comida literalmente entre por sus ojos.

El empleo de nitrógeno líquido, las espumas y la presentación en vajillas nada convencionales son otras tácticas que complementan el particular estilo del chef y enaltecen sus creaciones que resultan ser cada vez más inusuales, codiciadas y reconocidas. A punto tal que la revista estadounidense Time lo incluyó en la lista de “Los 10 personajes más innovadores” del mundo y entre “Los 100 personajes más influyentes”, reconocimientos que se suman a numerosos galardones y premios internacionales que el cocinero vanguardista, devenido ahora también en diseñador de ropa hogareña, acopia en su creativo historial.
Fotos: Scott Ashkenaz

