viernes, 29 de mayo de 2026

    El pasado reciente es brillante, pero el futuro es muy incierto

    Por Graciela Cañete

    Para producir tinta, papel, barnices, envases, cosméticos, detergentes o medicamentos se necesitan productos químicos. “La química está presente en todo lo que nos rodea”, afirma José María Fumagalli, director ejecutivo de la Cámara de la Industria Química y Petroquímica (Ciqyp). La industria elabora productos que son materia prima e insumos de otros sectores, entre ellos el textil, plástico, gráfico, farmacéutico, agropecuario, de la construcción, automotriz y de la alimentación.
    El crecimiento más significativo en la capacidad de producción del sector se alcanza con la construcción de plantas industriales y la llegada de nuevos jugadores a partir de los años 90: “En esos años se invirtieron más de US$ 2.500 millones. El salto en la producción se observa entre 1999 y 2003, con el pleno funcionamiento de las plantas que se construyeron después de la privatización”, indica Fumagalli. La fabricación de productos petroquímicos pasó de 3,2 millones de toneladas en 1997 a 7,5 millones el año pasado. También aumentaron las exportaciones: de US$ 1.350 millones en 2000 treparon a US$ 2.900 millones en 2007.
    La reactivación del mercado interno luego de la crisis impulsó la demanda de sus clientes, y el sector trabaja al límite de la capacidad instalada. Sin embargo, la crisis energética puso un freno a la producción, que registró una importante caída entre junio y agosto del año pasado. “Los cortes afectaron a grandes firmas, incluso una de ellas tuvo que dejar de producir (Profértil). Por otra parte, hay que recordar que en este sector el gas no es sólo un combustible que se utiliza para producir, y que podría ser reemplazado por otro, por ejemplo, fuel oil; el gas es también la materia prima a partir de la cual trabaja la industria”, señala Fumagalli. Cita como ejemplo: del gas natural se extrae el etano, que se utiliza para producir etileno, y del etileno se fabrica polietileno, entre otros polímeros.

    Amenazas
    En 1996 las reservas de gas natural eran equivalentes a 18 años de consumo, según datos de la cámara, y en la actualidad se calcula que equivalen a 8,5 años de consumo. En petróleo las reservas equivalen a 10 años de consumo. “La industria petroquímica se enfrenta a la falta de materias primas, y esto es una limitación fundamental”, advierte Fumagalli. “Se redujo la exploración que posibilitaría encontrar nuevas fuentes, y si no surgen nuevos yacimientos pronto nos encontraríamos ante la necesidad de importar petróleo y gas. Con el aumento de los costos que ello significa, y no sólo por los precios internacionales, que son superiores a los que se pagan en el país, sino también por los costos logísticos que encarecerían aún más los productos”.
    La incertidumbre sobre la disponibilidad de materias primas demora inversiones que el sector requiere para continuar creciendo, y en ese sentido Fumagalli señala que “no se ponen en marcha proyectos importantes porque antes hay diversos interrogantes a contestar: ¿Se realizarán exploraciones para encontrar gas y petróleo? ¿Tendremos que importarlo? ¿Cómo? ¿A qué precio? La inversión para construir una planta se mide en cientos de millones de dólares, y los empresarios quieren saber si al finalizar la construcción tendrán materias primas y a qué precio”.
    Por su parte, Jorge Gazzo, director ejecutivo del Instituto Petroquímico Argentino (IPA), explica que “las empresas realizaron importantes inversiones en los años 90, incorporaron nuevas tecnologías y tienen proyectos que están a la espera de que se resuelvan los temas de energía y disponibilidad de materias primas. En el mundo, las grandes compañías están invirtiendo en Medio Oriente, allí encuentran abundancia de petróleo y gas, y a bajo costo”.

    Polos petroquímicos
    Los principales polos petroquímicos se encuentran en la provincia de Buenos Aires, en Bahía Blanca y Ensenada, y en la provincia de Santa Fe, en San Lorenzo-Puerto San Martín. Otras zonas industriales se ubican en Campana-San Nicolás, Buenos Aires; Río Tercero, Córdoba, y Luján de Cuyo, Mendoza.
    Una de las principales empresas que opera en el polo de Bahía Blanca es Dow que, entre otras inversiones, adquirió a mediados de los 90 Petroquímica Bahía Blanca y Polisur. “El mayor crecimiento se produce a partir de 2001, la capacidad de producción aumenta de 200.000 toneladas de polietileno a más de 500.000”, señala Rolando Meninato, presidente de Dow Argentina.
    En esta unidad de negocios –que aporta cerca de la mitad de la facturación de la compañía–, las restricciones energéticas provocaron una disminución de 50% en la producción entre junio y agosto del año pasado. Dow también fabrica herbicidas, funguicidas, entre otros agroquímicos, y diversos productos químicos en su planta de San Lorenzo, Santa Fe. La producción de semillas se realiza en las plantas de Colón, Buenos Aires y Venado Tuerto, Santa Fe. En 2007 la facturación alcanzó US$ 1.300 millones, un incremento de 10% respecto del año anterior. La compañía además exporta a Brasil y otros países de América del Sur, y el polietileno es el principal producto que comercializa en el exterior, unas 120.000 toneladas.
    En los últimos 15 años Dow invirtió US$ 1.400 millones, que en gran parte se destinaron a las plantas de Bahía Blanca. Para 2008 estima una inversión de US$ 50 millones: “En los últimos años invertimos para ampliar la capacidad instalada de distintas plantas, por ejemplo, en San Lorenzo duplicamos la capacidad de producción de glifosato. A la vez trabajamos para aumentar la eficiencia en el polo de Bahía Blanca, y se realizarán inversiones en proyectos relacionados con el sector agrícola, que tiene un importante crecimiento”, señala Meninato.

    Alternativas
    El petróleo escaso y caro es un incentivo para la búsqueda de materias primas alternativas, pero en Atanor la investigación sobre fuentes alternativas comenzó mucho antes de que se dispararan los precios de los hidrocarburos. “Atanor es una petroquímica sin petróleo. Producimos a partir de materias primas renovables”, define Miguel González, presidente la compañía, y explica que “de la caña de azúcar se produce melaza que luego se fermenta y destila para obtener alcohol etílico, y el alcohol etílico es nuestra materia prima”.
    La producción de Atanor incluye agroquímicos, azúcar y alcohol, químicos y polímeros. En sus tres ingenios, Concepción, Marapa y Leales (Tucumán), produce azúcar y alcohol etílico. Pero en su búsqueda de materias primas, la empresa también adquirió una salina en General San Martín, La Pampa, para producir cloro y soda cáustica, entre otros.
    “Atanor es una empresa de ingenieros, y los que trabajaron aquí desde su creación en 1938 pensaron en fabricar productos de alto valor agregado utilizando materias primas renovables. Es un desafío”, afirma González. Agrega que “cuando el barril de petróleo costaba US$ 8 buscar otras materias primas parecería una locura, pero ahora que superó los US$ 100 no es ninguna locura”. Uno de los herbicidas que produce es el glifosato, y para abastecerse de insumos necesarios para su fabricación, entre ellos el fósforo, construye una planta en China, junto con un socio local.
    La inversión de Atanor es de US$ 40 millones y la planta comenzará a funcionar a mediados de este año. En Brasil está en construcción una planta, que demandará una inversión de US$ 80 millones, para producir glifosato, que actualmente exporta desde la Argentina, junto con otros herbicidas.
    En el país tiene plantas en Buenos Aires, en Munro, Pilar, Baradero y San Nicolás, y en Córdoba, en Río Tercero. La facturación para 2008 se estima entre US$ 800 y 900 millones, de la cual 30% proviene de ventas al exterior, con Estados Unidos y Brasil como los principales mercados. En los próximos cuatro años la empresa invertirá unos US$ 70 millones anuales para la ampliación de plantas, entre otros proyectos.

    Pequeñas y medianas
    No todos son grandes jugadores en el sector: las Pyme producen químicos que tienen entre sus clientes a industrias como la textil, del caucho, del cuero, alimenticia y gráfica. “La crisis golpeó fuertemente a este segmento, algunas empresas cerraron porque no podían importar la materia prima que necesitaban para producir, otras tuvieron problemas financieros. La estabilidad llega en el segundo semestre de 2002 y después el crecimiento”, señala Carlos Reguera, presidente de la Comisión de la Pequeña y Mediana Industria Química de la Ciqyp.
    También explica que “en estos años muchas empresas realizaron inversiones con recursos propios, pero ahora para ampliar la capacidad instalada e incorporar nueva tecnología ya no disponen de capital propio; hay que recurrir al financiamiento de los bancos, que prestan a altas tasas y a corto plazo”.
    Entre las empresas medianas del sector, Vilmax, creada en 1972, produce colorantes y pigmentos para las industrias textil, del cuero, del plástico, fábricas de pintura y de tintas de impresión. “Los colorantes para el sector del cuero y los pigmentos orgánicos son los productos de mayor venta”, indica Alejandro Pueyrredón, director comercial de la firma. Con plantas en Garín, Buenos Aires, y en San Luis, la empresa exporta 70% de su producción, y los principales destinos son Italia y Brasil, donde tiene una filial. En Italia, el sector del cuero es el mayor cliente de la empresa, que también llega a España, Inglaterra, Holanda y China, entre otros países. “La exportación comenzó desde la creación de la compañía, que también desarrolla productos a pedido de los clientes. En los 90 el tipo de cambio no permitía tener precios competitivos, sin embargo, nunca se dejó de exportar. Se prefirió reducir la rentabilidad para mantener mercados”, señala Pueyrredón. La empresa también cuenta con un laboratorio propio en el que un equipo de químicos trabaja en el desarrollo de pigmentos y colorantes.
    Creada en 1994, Faisán produce químicos para el tratamiento de agua y efluentes industriales. Entre sus clientes se encuentra la estatal Aysa y otras empresas proveedoras de agua del país, además de industrias como frigoríficos, curtiembres y papeleras. “Estas empresas utilizan una gran cantidad de agua en su proceso productivo, y nosotros les brindamos los productos químicos y el servicio necesario para tratar las aguas que desechan al finalizar la producción y de esa manera no contaminar el medioambiente”, explica Sara Durán, presidenta de Faisán. También señala que para mantenerse en el mercado fue importante “certificar calidad; los clientes reconocieron esa diferencia respecto de la competencia”. La empresa realizó inversiones en equipos y tecnología, y uno de los proyectos es construir un laboratorio de análisis químico para brindar servicios a otras industrias.