Por Marcos Caruso

En el canto XII de La Odisea, Ulises, advertido de que se iba a enfrentar a la irresistible voz de las sirenas, se hace atar al mástil de la nave para poder escucharlas y le ordena a su tripulación que se tape los oídos con cera para evitar sucumbir ante los tonos musicales prodigiosamente atractivos que brotaban de las gargantas de estos seres mitad mujer, mitad peces, y que lograban la perdición de los marinos.
Puerto Pirámides sigue siendo una villa marítima donde se destacan las casas de madera con los frentes multicolores cuya pausa en el tiempo se altera fundamentalmente entre julio y diciembre, cuando la Eubalaena Australis (la ballena franca) busca el cobijo de las calmas aguas de Península Valdés para aparearse, parir y amamantar a los ballenatos.
Es una bahía natural de la península, donde abundan restos fósiles de hasta nueve millones de años de antigüedad, y desde allí pueden iniciarse diversos recorridos por los golfos y accidentes geográficos de los alrededores que conforman uno de los sistemas de mayor importancia de la costa patagónica por su rica flora y fauna.
La Unesco ha considerado la península como un área protegida y le otorgó la distinción de Patrimonio de la Humanidad.
Desde 1970 se realizan salidas embarcadas que llevan al visitante hasta escasos metros de estos animales que, ya adultos, pesan entre 30 y 40 toneladas y miden más de diez metros de largo. Verlos. Y recibir la bendición del agua que sin contemplaciones entra en la nave tras los insistentes chapuzones o del spray que exhalan. De eso se trata. Y el retorno tras su andar peregrino convoca a viajeros por cientos de miles que descubren una riqueza faunística incomparable que se reparte en kilómetros de playa.
Amanecer gratificante
Sale el sol en Puerto Pirámides. Brilla el azul intenso del mar y contrasta con el ocre de las bardas, las costas acantiladas. Hechiza el irrepetible trazo cotidiano que el mar a su capricho hace con las restingas, el sedimento que las aguas dejan en la playa, y que se pierde a lo lejos, hasta donde la vista y la herradura natural de los acantilados lo permitan. Vuelan, o se suspenden en el aire, gaviotas y cormoranes que machacan con su perpetuo y lacerante graznido.
Desde las ventanas y los balcones aterrazados de las 12 habitaciones del hotel Las Restingas, los lomos, las colas en posición vertical, las panzas blancas de algunas hembras renuentes a la cópula, o la cortina vaporosa surtida por las ballenas se observan nítidamente. El viajero agradece en su intimidad tamaño amanecer.
Es la hora de dirigirse al estar, junto al comedor con barra, para llegar a la terraza exterior que lleva directamente a la playa. Es el momento de empezar a descubrir nuevos placeres.
Tras dos meses de remodelación, y con una inversión de US$ 200.000, el hotel Las Restingas luce diferente tanto en su interior como en su exterior para ofrecer a sus huéspedes los estándares de servicio y calidad propios de la cadena de pequeños hoteles de lujo NA Town & Country Hotels, de la cual es miembro desde el pasado año.
Los visitantes encontrarán una fachada totalmente renovada en un predominante color azul, en armonía con el mar y los alrededores.
Las habitaciones fueron redecoradas y acondicionadas con nuevos colores y texturas.
Para el relax y el bienestar de los huéspedes se inauguraron un spa y gimnasio, piscina y sauna, además de una terraza en el último piso desde donde también pueden verse las ballenas, hasta diciembre, y luego las variadas especies de delfines. Entre febrero y marzo el ámbito marino es poblado por las orcas que llegan hasta las playas en busca de alimento y luego se arrastran hasta el mar. Toda esa actividad puede verse desde la terraza, cuando el clima es sumamente benévolo y los atardeceres acentúan los tonos azules del mar y el ocre de los acantilados.
Para crear un ambiente cálido y distendido, las áreas públicas fueron ambientadas con música funcional, una sutil iluminación y un nuevo sistema de climatización de los ambientes. El restaurante amplió su capacidad a 40 cubiertos y se remodeló la zona del bar. El área del estar fue sectorizada en tres espacios independientes pero integrados, con nuevos muebles de estilo moderno. La sala de usos múltiples es el lugar ideal para disfrutar de la lectura y organizar reuniones de hasta 30 personas.
De sus 12 suites, ocho tienen balcón privado con una exclusiva vista al mar.
Todas las habitaciones están equipadas con camas Queen y King size, televisión, frigobar, Internet, DDN y DDI.
Entre los servicios que siempre prestó el hotel pueden señalarse el solarium con servicio de bar; salón de usos múltiples, transfer, caja de seguridad, cabina telefónica, lavandería, estacionamiento, organización de excursiones y actividades recreativas.
Su restaurante se destaca por los platos de cocina regional patagónica, basándose, fundamentalmente, en los frutos de mar, pescados, cordero y carnes argentinas.
Ofrece desayuno, almuerzo y cena a la carta. M
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Excursiones A 5 kilómetros de Puerto Pirámides hay una reserva de lobos marinos. Durante el verano austral está habitada por casi 3000 ejemplares coincidente con su período de reproducción y cría. |

