martes, 14 de abril de 2026

    La “clase masiva” compra sofisticación


    Todo, hasta lo de uso vulgar y corriente, se puede convertir en un elemento de esnobismo. Desde hace algunos años se advierte en todo el mundo el crecimiento de un fenómeno que consiste en convertir productos banales y cotidianos en pequeños elementos de lujo popular. Se trata de una tendencia a ofrecer a los consumidores variedades de commodities, que transforman a esos productos antes invisibles en finezas o extravagancias por las cuales el público deberá pagar un precio diferencial.


    El fenómeno, que crece cual bola de nieve, va dando origen a curiosidades comerciales. El 28 de octubre de 2002 la revista estadounidense Forbes publicó un artículo titulado Salt Chic donde se hacía eco de un restaurante en California que ofrecía en su carta 20 variedades de sal para elección de los comensales. Una de las más preciadas combinaba sal de sodio gourmet con cierta variedad de sal marina japonesa y su valor era de US$ 45 el kilo.


    Si puede haber 20 variedades de sal, también es factible pensar en otras tantas de pimienta, o de pan, o de agua, harina, azúcar…. todos los productos tradicionalmente básicos. Para describirlo con humor y utilizando un argentinismo un tanto caído en el olvido, podría decirse que el fenómeno resulta de un ingenioso recurso para subir precios explotando la tilinguería (esnobismo con algo de ridículo) de mucha gente.


    Con un poco de imaginación, ingenio y bastante audacia, se abren oportunidades por todas partes. Con sólo agregar variedad o una marca con promesas, los márgenes de ganancia pueden crecer ad infinitum.


    ¿Lechuga? En la verdulería tiene un precio. En el súper, lavada, cortada y empaquetada tiene otro más alto.


    ¿Pan? ¿Recuerdan cuando la panera de los restaurantes traía sólo miñoncitos franceses? Hoy traen panes leudados, sin leudar, con ciruelas, con nueces, con aceitunas verdes y negras, pan de pizza.


    ¿Café? ¿Lo quiere descafeinado, con moca, con chocolate, con sabor a canela o anís?


    ¿Té? Este producto ha llegado a niveles asombrosos de sofisticación. Los suecos, por ejemplo, se aficionaron al té verde japonés aromatizado con grosellas.


    En Estados Unidos, la marca de golosinas Verithé, ofrece chupetines de té negro (en inglés black tea quiere decir té solo, sin leche). En su página web (www.verithe.com) los describe así: chupetines de té caramelizado proveniente de jardines asiáticos y ensartados en un palito de romero orgánico cultivado en granjas especializadas en el norte de California.


    El té verde es utilizado en pedicuría. En el salón de belleza Warren-Tricomi de Nueva York (www.warrentricomi.com) un tratamiento estándar de pies cuesta entre US$ 61 y US$ 66; pero el que utiliza té verde cuesta US$ 81.


    El té blanco (expresión que en inglés describe el té con leche) es utilizado como ingrediente para los productos de belleza de la línea “Perfect World” de Origins, (www.origins.com) que combina, para tratamientos corporales, aceites esenciales y cremas intensamente hidratantes con white tea.


    Pero el concepto de jerarquizar con variaciones algo normalmente humilde sirve para mucho más. En Nueva York abrió sus puertas un comercio con el nombre de Rice to Riches (una derivación de la frase rags to riches, que quiere decir de pobres a ricos). Venden para llevar solamente arroz con leche. Pero eso sí, ofrecen más de 20 variedades: con coco, con chocolate, con yogur de dulce de leche, con praliné…



    Calidad masiva para la clase masiva



    La democratización del lujo que viene dándose desde hace varios años ha creado íconos poderosos en el consumo masivo de alto estilo: empresas como Zara, Gap, Microsoft, Nike, o L´Oreal y muchas más, se dirigen a un público que los observadores especializados ya llaman clase masiva y que está formada por los cientos de miles de consumidores globales que ahora están unificados en un permanente intento por consumir refinamiento en casi todas las categorías.


    La clase masiva es una categoría nueva que no reemplaza a su antecesora — la clase media global sino que incorpora a la prima rica para así compartir el mismo poder de compra de la clase adinerada en la mayoría de los bienes y servicios de consumo, salvo cuando se llega a los elementos realmente caros y exclusivos, como vivienda, educación universitaria y autos de lujo. Es decir, la clase masiva es la que pone a una persona que gana US$ 5.000 dólares anuales en el mismo nivel de otra que recibe US$ 5.000 todos los meses, al menos cuando se trata de consumir productos de calidad masiva.


    Según la interpretación de Trendwatching, especializados en detectar y analizar tendencias en hábitos de consumo en las sociedades del mundo, la tendencia cobra fuerza mediante la combinación de varios factores:

    • Riqueza sin precedentes en el mundo desarrollado que alienta a inspira a los grandes emprendedores y empresas a sacar permanentemente productos y servicios con calidad cada vez más alta (En los países de la OCDE, el PBI per cápita se decuplicó en los últimos 30 años.

    • Crecimiento igualmente impresionante en la prosperidad de muchos países en desarrollo, que dio lugar al nacimiento de cientos de millones de nuevos consumidores que copian al mundo desarrollado sus gustos y preferencias.

    • Países y regiones enteras se están convirtiendo simultáneamente en fábricas (baratas) para todo el mundo y en mercados masivos de consumo.

    Las manifestaciones más visibles del consumo de esta clase masiva se ven directamente en las compras que realiza el público en los centros comerciales de casi todo el mundo. Pero hay otras actividades que se benefician indirectamente de la situación. Las aerolíneas, por ejemplo, que son las encargadas de trasladar personas y productos de un lado a otro del mundo cada vez en mayores cantidades. Más poder de compra en la clase masiva significa más viajeros, más carga y más gigabitios atestando los cables de fibra y las líneas de cobre.


    Clase masiva, como fenómeno, representa nuevos mercados, nuevos consumidores y nueva competencia para aprovechar amplísimas oportunidades. En todas partes brotarán emprendedores deseosos de desafiar cualquier modelo de negocio existente que muestre la menor señal de fatiga para transformarlo y aprovechar las enormes economías de escala que permiten estas inmensas masas unificadas de consumidores.


    Indudablemente este deseo ferviente de un poco de estatus y privilegio entre las masas favorecerá el nacimiento de una nueva generación de proveedores de servicios; esos servicios tratarán de imitar el fenómeno de los salones de acceso restringido en los aeropuertos. Las empresas de servicios tradicionales descubrirán que sus viejos estilos orientados a la clase media no alcanzarán para cubrir esta demanda de exclusividad y privilegio.

    Las naciones BRIC


    Goldman, Sachs & Co. creó el acrónimo BRIC con las iniciales de Brasil, Rusia, India y China. Según el informe del banco, la producción económica de las cuatro naciones juntas superará la del Grupo de los 7 (G7) en los próximos 30 a 40 años. Esto significa más consumidores ansiosos por sumarse a la “clase masiva”.
    Algunas empresas ya están reaccionando:
    Airbus sacó su Airbus 380, un inmenso avión de dos pisos con capacidad para transportar entre 550 y 880 pasajeros por vuelo. Ikea, el fenómeno sueco que fabrica todo lo relacionado con amoblamiento para el hogar, ya anunció que abrirá megatiendas en Rusia y China.