Por
Matías Franchini
A pesar de
la fuerte crisis que afecta a la industria automotriz local en la venta
de unidades cero kilómetro, el negocio de los autos usados se ha
mantenido en alza y a contramano de la realidad que tanta preocupación
despierta entre las terminales instaladas. Con el sustento de un público
fiel que dota de gran dinamismo al mercado y el plus de valores que tras
la devaluación tuvieron un ajuste menos significativo que el de
los vehículos nuevos, la perspectiva para este año, para
no perder la costumbre, es alentadora. Las estimaciones marcan que durante
2004 se venderán casi un millón de coches usados, por lo
que el sector movería, así, alrededor de $ 10.000 millones
en todo el territorio de la Argentina.
Claro que esta categoría, dejando de lado oscilantes contextos,
se ha ubicado en niveles importantes no sólo durante los últimos
años, sino históricamente. “Es que es el único
negocio del mundo en el que algo usado tiene un gran valor de reventa.
El auto es una herramienta de cambio genial, más aún en
esta región”, cree Guillermo Dietrich, presidente de la Cámara
de Comercio Automotor (CCA).
Tiene razón: en nuestro país un automóvil usado cuesta,
en promedio, unos $ 10.000, contra $ 20.000 de una unidad nueva. En Europa,
la diferencia asusta; mientras que el precio de los vehículos nuevos
más económicos ronda los 10.000 euros, un coche con uso
se cotiza en apenas 2.000 euros. De todos modos, no es el único
motivo y existen varios factores por los que muchos usuarios optan por
unidades con cierto kilometraje.
El automovilista primerizo argentino, siempre, se vuelca al usado. Aquí
también entra en juego otra comparación: como quedó
dicho, en cualquier país europeo un coche nuevo se consigue por
10.000 euros, cuando el sueldo promedio es de 1.200 de la misma moneda.
Entonces, con ocho sueldos alcanza para comprar un cero kilómetro.
En nuestro país, los nuevos más baratos no bajan de $ 20.000
y el sueldo promedio, con suerte, roza los $ 1.000. Otro motivo tiene
que ver con la seguridad. “Cuando aparecen señales de inseguridad,
la gente que tenía en mente decidirse por una unidad flamante se
termina inclinando por un usado”, explica Abel Bomrad, presidente
de la Asociación de Concesionarios de Autos (Acara). Y además
de que los gastos de patente y seguro son menores, hay un público
leal que tiene la decisión tomada de inclinarse por coches usados.
Este target se caracteriza por ir en escala ascendente (pasa de un modelo
1995 a un 1997 y así sucesivamente). A la hora de gastar $ 20.000,
elige un usado antes que un coche nuevo que entraría en ese rango
de precio. “Es lo mismo que pasa con las propiedades, con gente que
está decidida a comprar una casa ya construida y no embarcarse
en el proyecto de levantar una nueva”, ejemplifica Dietrich. Para
colmo, después de la devaluación el cero kilómetro
se ajustó en un promedio de 130%, mientras que el usado aumentó
sólo 84%.
Pronóstico
favorable
De acuerdo a datos de la CCA, la venta de unidades usadas registró
un fuerte incremento en 2003, fruto de los 806.965 coches comercializados,
contra los 609.545 de la temporada anterior. Ya durante 2002 los autos
usados habían esquivado la crisis. En la peor temporada de la historia
del mercado automotor local, sólo retrocedieron 3%, con 601.591
autos vendidos, contra los 622.991 de 2001. Mientras, los cero kilómetro
habían caído 53,4%.
El horizonte muestra posibilidades concretas de alcanzar el millón
de unidades en 2004, con cifras parciales bastante alentadoras: en los
primeros cinco meses de este año se comercializaron 412.645 unidades
(respecto de las 308.244 del mismo período de 2003). “Tenemos
un estimado de más de 200.000 cero kilómetro para este año.
Y, en general, un cálculo conservador indica que por cada venta
de un coche nuevo se comercializan cinco usados; entonces estaremos muy
cerca del millón de usados vendidos en 2004”, pronostica Bomrad
desde Acara.
Dietrich, de CCA, no tiene dudas: “Este año se venderán
un millón de autos usados porque hay una mayor seguridad laboral,
que permite volver a pensar en las cuotas y en el regreso de la financiación”.
De ser así, y teniendo en cuenta que el promedio que se paga por
usado es de $ 10.000, este año el segmento llegaría a mover
$ 10.000 millones. En cuanto al papel de la financiación en este
mercado, ya hay alrededor de ocho bancos que están ofreciendo líneas
de créditos prendarios, con tasas no muy distantes de las de la
época del uno a uno. Algunos de estos préstamos pueden cubrir
hasta 40% del valor de la unidad. Además de los préstamos
bancarios, también hay líneas particulares, ya que muchos
concesionarios pactan con sus clientes algunas cuotas para llegar al usado.
Sin embargo, Alejandro Lamas, dueño de Lamas Automotores, dice:
“Aún no se percibe el efecto de la financiación, porque
los ingresos de la gente siguen en niveles similares y las cuotas son
altas”.
Entre los elegidos, los más vendidos son aquellos cuyos precios
no superan $ 15.000, ya que por encima de esa cifra empiezan a jugar los
modelos nuevos de alrededor de $ 20.000, algunos de los cuales incluso
vienen equipados con dirección y aire acondicionado.
“En general, la franja más buscada es la de $ 10.000 a $ 13.000,
y después está el piso que son los de $ 7.000, pero no hay
muchos. Igualmente, todos los usados están sobrevaluados”,
dice Carlos Martínez, gerente de ventas de Concesionaria Tito González.
“Yo no me atrevería a pensar que están sobrevaluados.
Lo que sí hay son marcas que sostienen sus valores mucho más
que otras”, opina Jorge Prieto, representante de Asahi Motors.
“Los valores de los modelos fabricados antes del 2000, en promedio,
son 25% más baratos que en España, por poner un ejemplo,
e igual a los de Brasil. Esto nos demuestra que acá el usado no
está sobrevaluado. Sí está muy bien posicionado”,
asegura Dietrich.
Curiosamente, no hay “marquismo” en este mercado y no hay un
modelo que se jacte de ser el más taquillero, al menos por elección.
El nivel más buscado es el del auto reciente –fabricado de
1998-99 en adelante–, con menos de 30.000 kilómetros, con
tendencia a que sea producido en el país o en el ámbito
del Mercosur, por el precio de los repuestos. Aunque la oferta también
se alimenta de modelos 1989-90 y 1991 provenientes del interior del país
que se colocan en Capital Federal, donde las unidades de más de
12 años no pagan patente. “Este año la gente se ha
puesto muy selectiva en el tipo de producto que está consumiendo.
Esa selección, el año pasado, era impensada para el rubro
de los usados”, cuenta Lamas. Pero el negocio es más amplio.
¿Amigos
o enemigos?
La devaluación también hizo atractivo el precio de los importados
usados y, pasados los picos de inseguridad, ese segmento está funcionando
muy bien, con fuerte demanda de los modelos 1997, 1998 y 1999. El éxito
de estas unidades fabricadas fuera del bloque regional se vislumbra aún
más en las pequeñas ciudades del interior del país,
donde las comunidades festejan el bienestar de la gente y hay menos resentimiento
que en las grandes ciudades.
Un porcentaje más óptico que estadístico establece
que entre concesionarias y agencias de usados absorben 60% del total de
las ventas. Por su parte, las transacciones (sanas) entre particulares
representan 20%, aunque “se corre el riesgo de pagar sobreprecios.
Por ahí un comprador paga $ 12.000 por un auto de $ 9.000”,
advierte Martínez desde la Concesionaria Tito González š
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