Muchos de los problemas empresariales se achacan a los líderes o, más apropiadamente, a la falta de ellos. Es un estribillo con el que no estamos familiarizados: lo que la empresa necesita hoy son mayores dosis de liderazgo.
Hoy, sin embargo, esas mismas empresas están expulsando a sus directores generales del asiento del conductor. Basta ver lo que ha ocurrido en Enron, Global Crossing, WorldCom, Adelphia, Vivendi, ImClone, Tyco International. La lista no termina, porque cada vez es mayor el número de consejeros y de accionistas que reconocen la necesidad de conductores que los lleven por diferentes caminos, en nuevas direcciones.
Más que en la escasez de personas capacitadas, el problema quizá radique en la degradación de los valores morales y no tanto en la posesión de las destrezas necesarias para impulsar a las empresas en el mundo económico actual.
Fueron buenos antes
“Lo que en la actualidad tenemos es una serie de ejecutivos que fueron buenos líderes para dirigir las empresas del modo en que solían dirigirse”, afirma Robert Lear, ejecutivo en residencia en la Escuela de Administración de Empresas de la Universidad de Columbia y director de explotación de Indian Head. “Pero las empresas han cambiado y muchas personas no han aprendido a cambiar con ellas”.
Las empresas buscan desesperadamente personas que las ayuden a despertar ante las realidades de la celebración de los negocios en un mundo caótico que se mueve a un ritmo frenético. “Sí, estamos pasando por una crisis de liderazgo”, argumenta Robert Gilbreath, director de Proudfoot Change Management y autor de Escape from Management Hell. “Tenemos una generación de directores capacitados para mantener las cosas tal como están, cuando lo que requiere el liderazgo es crear lo que no está”.
Hay infinidad de definiciones de líder, todas diferentes. Hay, también, infinidad de libros sobre el liderazgo, sobre cómo mejorar al líder. Tal como lo expresa Lear, es algo parecido a lo que dijo el magistrado del Tribunal Supremo Potter Stewart: “No puedo definir lo que es la obscenidad, pero la conozco cuando la veo. Además, lo que era pornográfico hace diez años no lo es hoy”. Dicho de otro modo, lo que ayer era un buen liderazgo, quizá sea un malísimo liderazgo hoy.
El nuevo líder
Por consiguiente, ¿quién es el líder perfecto para el mundo empresarial del siglo que estamos iniciando? Algunos profesores y expertos están de acuerdo en definir al líder para el nuevo milenio con los siguientes atributos esenciales:
Honradez. “No se puede carecer de integridad y hacer que la gente le siga a uno –dice Thomas R. Horton, antiguo presidente y director general de la American Management Association–, a menos que se consiga a través del miedo”. “Los líderes deben tener valores. Deben ofrecer una dedicación absoluta para hacer lo que saben que es correcto”, añade Pryor. “Y al final, los valores de la organización se manifiestan en lo que hace el líder”, afirma Horton. Y agrega: “Los líderes son personas que parecen grandes, es difícil imaginar a una pequeña Madre Teresa o a un pequeño Franklin D. Rooselvelt”.
Confianza. Se entiende que ésta ha de existir en ambas direcciones. Los líderes deben ser dignos de confianza, sin embargo, deben confiar también en su gente. “En estos tiempos que son más inseguros, algunas personas han perdido su camino y nosotros hemos perdido la confianza (en nuestros líderes). Nuestra confianza ha sido violada”, dice Posner. “Las personas creen que las instituciones son de por sí moralmente insolventes e injustas, y que los líderes molestan”, añade Sheppard.
Abnegación. El fallecido cuáquero investigador de la dirección, Robert K. Greenleaf, defendía la idea de que los líderes existen solamente para servir a sus seguidores. Sin embargo, esta filosofía, que hace hincapié en un enfoque holístico del liderazgo, no significa que el líder deba ser un santo. “Francamente –argumenta Campbell–, no creo que muchas organizaciones estén buscando monjes. Con personas honestas y conscientes basta”.
Compromiso. Ahora que cada vez es menor la lealtad de los empleados, los líderes necesitan más que nunca ser vistos como bondadosos y formadores. Esto es algo que no puede falsificarse. “Alguien tiene realmente que desear hacer eso, y para ello hace falta pasión y compromiso”, dice Roger Kenny, socio de la firma neoyorquina de reclutamiento de ejecutivos Kenny, Kindler, Hunt & Howe. “En efecto –añade Bernard Levinson, del Levinson Institute–, un buen líder es como un buen padre: siempre preocupado por crear la perpetuación en la organización. Un buen padre no puede explotar a sus hijos para satisfacer sus propias necesidades”.
Aptitud creativa. Sin lugar a dudas, los líderes dejan tras de sí algo de una naturaleza positiva que no estaba allí antes. “Es posible que Ted Turner posea toda clase de características personales desagradables pero ha creado algo (una nueva clase de red de noticias) que no estaba allí antes”, dice Campbell. Para ello los líderes deben, sobre todo, ser constructivos y optimistas. En lugar de ver un paisaje de barrotes de prisión, un líder ve posibilidades. Los líderes ven al mundo como una serie de posibilidades, y no les disuaden los impedimentos que pueden engañarnos a nosotros. Esto significa que deben estar abiertos a diferentes modos de hacer las cosas.
Tenacidad. “Parece existir una falta de voluntad por parte de la dirección para liderar –dice Pryor–. En el fondo de su corazón, la dirección sabe lo que tiene que hacer”; pero le falta la voluntad (o la capacidad) para hacer cosas difíciles. El liderazgo requiere cierta tenacidad. Significa ser capaz de tomar decisiones inicialmente impopulares. Como consecuencia, resulta difícil trabajar como los líderes porque son exigentes. “Tienen claro lo que quieren. Poseen normas más altas y no están dispuestos a transigir en lo que se refiere a sus principios. Es posible que sean implacables y quizá muestren poca empatía con las diferencias individuales o las idiosincrasias personales –añade Posner–. Los líderes dicen: He aquí mis normas y lo que tratamos de hacer, y si usted quiere hacer esas cosas nos gustará tenerlo trabajando con nosotros; pero si no quiere hacerlas, entonces quizás éste no sea el lugar adecuado para usted”.
Comunicación. “Un buen líder está en constante comunicación con su gente. Hace las rondas de inspección y sabe lo que está pasando. Al mismo tiempo, dice a su gente todo lo que puede acerca de lo que él sabe… y no sabe”, dice Levinson.
Aceptación del riesgo. Es esencial estar abierto a las posibilidades y cuestionar las suposiciones. Los líderes deben estimular la actitud de poner en duda las cosas en las personas que les rodean y permitirles ser innovadores sin temor al fracaso. Cuando se busca a un candidato para pilotear un avión o dirigir un hospital, necesitamos a alguien muy frío y tranquilo: la clase de persona rigurosa que se atiene a las reglas; pero cuando se trata de crear nuevos productos o satisfacer las nuevas y cambiantes necesidades de los clientes, sin embargo, necesitamos personas transgresoras, personas que no se sienten intimidadas por las reglas imperantes. “Los que no se comportan como si pertenecieran a un grupo, los que no encajan, son los que necesitamos que entren y asuman el mando”, dice Gilbreath. “Su organización no será saludable en el futuro si usted no se arriesga”, añade Kenny.
