miércoles, 29 de abril de 2026

    Sólo con exportar no alcanza

    La Argentina y Brasil ­y en menor medida Uruguay y Paraguay­ reúnen las condiciones para perfilar al Mercosur como un polo agroalimentario mundial apoyado en su disponibilidad de recursos en tierra y agua. La coyuntura parece propicia. Los nuevos aires políticos quieren vigorizar al bloque y transformarlo en un espacio estratégico, por encima de una iniciativa comercial.
    Brasil aún no tiene peso suficiente en las exportaciones mundiales de manufacturas y su comercio no es abiertamente industrial con el resto del mundo. La Argentina, a su vez, sigue siendo un país semiindustrializado. No obstante, el gigante sudamericano combina un vasto mercado interno con diversidad industrial. Y la Argentina es uno de los grandes proveedores mundiales de alimentos, a pesar de estar a medio camino entre países latinoamericanos de industrialización reciente y los emergentes poco diversificados y excesivamente especializados en materias primas.

    Evolución del valor agregado
    (A precios constantes de 1993)
     
      1993-2000 2001-2002
    PBI total ­0,5% ­11%
    Agricultura 22% ­2%
    Manufactura ­16% ­10,5%
    Alimentos y Bebidas 10% ­5%
    Agricultura + Alimentos y Bebidas 17% ­3,4%
    Fuente: Secretaría de Programación Económica e Indec.

    Participación de Alimentos y Bebidas
    (A precios constantes de 1993)
     
      1993 2002
    PB Agricultura / PB Total 8,9% 10,5%
    PB Industria Manufacturera / PB Total 18,2% 15,5%
    PB Alimentos y Bebidas
    / PB Manufactura
    20,7% 27%
    Fuente: Secretaría de Programación Económica
    e Indec.


    Si la división internacional del trabajo se profundizara en el sentido indicado, los nuevos países industriales de manufacturas del sudeste asiático y China requerirían cada vez más alimentos procesados y materias primas agropecuarias del Mercosur, que sólo podría completar su industrialización regional si diversificara e intensificara al máximo su elaboración de productos agroalimentarios. Esta poderosa posición comercial traería aparejado un intercambio de tal magnitud que facilitaría los recursos para una industrialización más amplia y diversificada que la actual.

    La salida de la convertibilidad permitió que diversos sectores aumenten sus exportaciones. Sin embargo, el repunte estaría ligado al negocio oportuno, ajeno a estrategias de largo plazo.
    Las exportaciones alimentarias de 2002 se incrementaron 20% con respecto al año anterior, pero no lograron compensar la caída de ventas en el mercado interno. Afectado por la inflación ­que cargó en especial sobre la canasta básica­ el consumo cayó cerca de 13%.
    Las principales compañías del sector concuerdan en la necesidad de contar con financiamiento y aumentar el nivel adquisitivo de los consumidores. La devaluación afectó principalmente por el incremento de las obligaciones en moneda extranjera, afirmaron en Molinos Río de la Plata.
    También aseguran que la desvalorización del peso influyó directamente en los costos de sus insumos, por lo general commodities que se valorizan en dólares. Adrián Kaufman, director de Relaciones Institucionales de Arcor, señaló que 40% de los insumos son importados y muchos de los insumos locales, como el aceite, siguieron el comportamiento de los precios internacionales, por lo que la empresa debió afrontar un aumento muy importante en el esquema de costos.
    Durante 2002 las ventas medidas en kilos cayeron 30% en el mercado interno. Esta caída no se recupera con ventas al exterior, porque las golosinas no son productos básicos; su exportación requiere de un trabajo a largo plazo, agrega Kaufman. Las ventas de Arcor para 2002 fueron de US$ 700 millones, contra US$ 1.170 millones de 2001. Durante el último ejercicio perdió US$ 37 millones, por primera vez en su historia.
    De acuerdo con Miguel Kozuszok, presidente de Unilever Bestfoods, el impacto de la devaluación fue rotundo y se vio afectada la capacidad de la compañía de generar divisas. La división local de alimentos de Unilever funciona como un engranaje de la empresa a escala mundial, por lo cual el accionista deberá esperar entre siete y diez años para que la Argentina vuelva a generar divisas a los niveles de 1998, si crece a 4% anual.
    En otros casos, como Nestlé, la baja en las ventas locales fue compensada con exportaciones. La leche en polvo y el alimento para mascotas obraron como paliativos.
    Pablo Miguel Devoto, director general de la empresa, indicó que el resultado de 2002 arrojó un saldo levemente positivo. La prioridad ahora pasa por recuperar las ventas que se perdieron en el mercado interno y fortalecer lazos y volúmenes de ventas con el Mercosur.

    Panorama con claroscuros

    Sólo con devaluar no alcanza para transformar a un país en exportador. Si bien las ventas al exterior crecieron, en la industria reclaman definiciones económicas que permitan avanzar al sector privado sobre un terreno más firme.
    No todo es exportable; no todo el mundo lo necesita, apuntó Kaufman, de Arcor. Hay que mejorar el poder adquisitivo, pero no se termina de ver cómo. Se requiere crédito, algo que no se avizora, y falta definir el ajuste de tarifas, lo que hace más sombrío el escenario, remarcó.
    En términos de certezas, Kozuszok, de Unilever, opina: Hay que imitar a Chile en cuanto a la disciplina, la seguridad jurídica y las políticas a largo plazo. Asumiendo que funcionen las políticas de distribución equitativa del ingreso vamos a dejar de parecernos a Centroamérica para parecernos a Chile.
    La normalización de la situación bancaria y la resolución del default también aparece en el debe del Gobierno, según Molinos. La crisis del sistema financiero ha reducido drásticamente las posibilidades de financiamiento de las empresas. Se afectó en mayor medida a los pequeños exportadores ya que las grandes empresas tienen más oportunidades de conseguir financiamiento, explicaron en la compañía. En este sentido, entienden que las exportaciones argentinas no cuentan con la fuerza que deberían; el crecimiento es menor al esperado porque se debe competir con otros países con mejores niveles de competitividad, logrados por condiciones de financiamiento más ventajosas.

    Cambios estructurales

    Si bien el consumo interno es fundamental para las compañías, el mercado local no impulsará el crecimiento de la industria. Puede funcionar como un escudo ante las fluctuaciones internacionales.
    El consumo de alimentos depende del crecimiento de la población, un proceso lento en la Argentina, aseguró Gerardo Gargiulo, asesor de la Coordinadora de las Industrias de Productos Alimenticios (Copal). Lo que existe a escala local son cambios en el consumo, refinamientos, de acuerdo con el poder adquisitivo, o nivel etario, explicó.
    El especialista entiende que en los próximos diez años la Argentina tendrá un cambio en el mapa de la industria alimentaria. Entre 1993 y 2003 la industria aceitera aumentó notablemente su participación en la producción de alimentos, mientras que las carnes y los vinos disminuyeron su contribución relativa.

    Los cambios de los precios relativos, especialmente entre salarios y el tipo de cambio, ­señaló Gargiulo­ tienden a estabilizarse a un nivel que tornaría más competitivos a los sectores intensivos en mano de obra (hortalizas, frutas, carne aviar). Los precios relativos y la expansión de los cultivos pampeanos están configurando un nuevo mapa de producción de materia prima. Las tendencias señalan un mayor uso de las tierras con posibilidades agrícolas, desplazando de ellas a algunos cultivos, a la ganadería y a la lechería hacia zonas marginales. Todo ello alentaría la expansión de la actividad y del empleo regional, así como la necesidad de trasladar plantas e instalaciones para conservar la competitividad.
    De esta forma, existirán zonas alternativas para las nuevas inversiones que se seleccionarán según el ambiente de negocios imperante. Lo que se observa en otros países, ante situaciones semejantes, es la competencia entre gobiernos locales para captar a los inversores, expresó Gargiulo. Y agregó: Los ambientes de negocio se construyen a partir de la profesionalización en las decisiones micro. Para el asesor de Copal, el primer paso en la generación de ambientes de negocios corresponde al sector oficial y el privado debe acompañar. Sin embargo, Gargiulo percibe que algunas zonas que se podrían incorporar a la industria no están preparadas para crear ambientes favorables a la radicación de empresas. En la actualidad, la Argentina tiene más tierra que posibilidades de hacer negocios, concluyó.