martes, 28 de abril de 2026

    El ascenso de Asia del este y del sur

    ¿Qué es Asia? Hace 3.600 años, Ãsuwa quería decir poniente y era la provincia más occidental del Imperio Hitita. Siglos después, los griegos llamaron Asia a la región de Troya, al oriente de su mundo. Cuando los árabes conquistaron el Imperio Persa y la mitad del bizantino, Asia ya designaba al inmenso espacio desde el Mediterráneo hasta un océano casi ignoto.

    En tiempos de las Cruzadas, esa masa se dividía en tres: oeste (levante para los europeos), dominio del Islam; sur, ámbito de la civilización india; y este, centrado en China. El vasto norte era tierra de nadie, donde había reinos fabulosos y demonios (eso significaba tártaros). Ese vacío fue ocupado por Rusia, el mayor imperialismo territorial de la historia, entre 1550 y 1890.
    Hoy, Asia occidental sigue siendo Islam, pero también es petróleo. Al este y el sur, los países más poblados del mundo parecen haber iniciado cambios que redefinirán el planeta entero. El inmenso norte contiene a Rusia y gran parte de la ex Unión Soviética, cuyos componentes musulmanes ocupan el centro del continente.
    En 2002, Asia ­excluida Rusia­ generaba 24% del producto bruto global (PBG) a precios de mercado, pero representaba 57% de la humanidad. Casi dos siglos antes, contenía 68% de la población mundial y representaba 58% del PBG. Estancamiento económico, atraso técnico e imperialismo colonial explican que, hacia 1950, Asia representase apenas 18% del PBG.

    Japón vio lo que se venía y la reforma Meiji (1868) lo llevó del siglo XVI al XX en una generación. Tras la derrota de 1945, el plan Marshall y el segundo auge lo convirtió en economía avanzada. Taiwán, Hongkong, Surcorea y Singapur lo siguieron 20 a 30 años después. El grupo desarrolló economías de mercado, pero no tan radicales como sus dos modelos anglosajones. De hecho, Japón ­desde 1873­ mantiene un esquema similar al impuesto por Otto Bismarck para Alemania desde 1864.
    Tras la derrota norteamericana en Vietnam y el derrumbe de la revolución cultural china, ambos países e India encararon reformas de largo aliento. Pero, traumatizados por siglos de interferencias occidentales, optaron por modelos basados en autarquía económica y activa presencia estatal. Aparte, a diferencia de Japón, carecían de una burguesía con mentalidad industrial.

    Economías mixtas

    Al empezar el siglo XXI, casi toda Asia Pacífico se había embarcado en esquemas mixtos. China y Vietnam ni siquiera importaron la democracia occidental ni su versión japonesa, que sólo alcanza a Surcorea y Taiwán. No obstante, entre la primera crisis petrolera mundial (1973-4) y la crisis financiera de 1997-8, el PB regional por habitante aumentaba a razón de 4,2% anual compuesto.
    Pero China, India, Vietnam y el resto carecen de lo que sobra en Japón: homogeneidad sociopolítica. La zona contiene la mayor democracia formal del mundo (India), los dos últimos regímenes comunistas de relevancia (China, Vietnam) y un reducto estalinista, Norcorea. China tiene 1.300 millones de habitantes, India 1.060 millones, Indonesia 210 millones, Bangladesh y Pakistán alrededor de 130 millones cada uno. Luego vienen Vietnam, Filipinas (80 millones cada uno), Tailandia (62 millones), Surcorea y Myanmar (casi 50 millones).
    Coexisten cinco economías de altos ingresos (Japón, Hongkong, Singapur, Surcorea, Taiwán) y otras cuyos niveles no llegan a un décimo del promedio de las ricas. A valores de mercado, Japón ­segunda economía del mundo­ domina con 56% del producto bruto regional. Juntas, China, India, Japón y Surcorea generan 85% de ese mismo PBR.
    Por supuesto, el peso de la zona en el comercio internacional aumenta rápidamente. En 2001, generó 24% del tráfico de bienes, contra apenas 10% en 1963 y 18% en 1983. La participación japonesa ha ido cediendo de 10% en 1993 a 7% en 2001, pero la china ha ido de uno a más de 4% y puede superar a la otra antes de 2010. China exporta ya más que Gran Bretaña.
    Beijing presiona a sus vecinos y al resto del planeta. Entre 2000 y mediados de 2003, el superávit comercial con Estados Unidos aumentó US$ 28.000 millones. En igual lapso, los de Japón, Surcorea, Taiwán, Indonesia, Malasia, Tailandia y Filipinas ­también sobre Estados Unidos­ sumados, bajaron US$ 26.000 millones.
    En otro plano, la región reúne los mayores superávit de capital en el globo. Según el Fondo Monetario Internacional, el de cuenta corriente totalizaba US$ 246.000 millones en 2002, de los cuales 113.000 millones pertenecían a Japón. Entre 1997 y 2001, el ahorro bruto interno promedio equivalía a 37% del PBR. También hay sostenida acumulación de reservas en moneda fuerte: a mediados de este año, Japón tenía US$ 527.000 millones (sin contar papeles de deuda externa norteamericana) y China 347.000 millones.
    ¿Adónde va, pues, la región y cómo influirá en el mundo? El punto clave es que el PBI por habitante en China, a precios de mercado, no pasa de US$ 4.400, mientras el de India es inferior a 2.600. Dado que el PBI/h medio de los países asiáticos más ricos es US$ 28.000, la brecha a cerrar es enorme. No obstante, si el ritmo de crecimiento se sostiene, irán quemándose etapas. Pero China plantea algunas cuestiones.

    El padre de los riesgos

    Washington presiona a Beijing para que deje subir el yüan renminbi, porque ­en la situación actual­ su lenta tasa de reactivación es la mejor posible sin ayuda del exterior. Así opinaba, en Dubái, Kenneth Rogoff, ex analista jefe del Fondo Monetario Internacional.
    En corto lapso, la mayor economía mundial necesitará inversiones externas directas (IED) por cerca de US$ 2.000 millones diarios para sostenerse, a menos que recorte drásticamente sus déficit y aumente velozmente sus exportaciones.
    En lo tocante a la IED, ¿hasta cuándo podrá solventar el consumo personal y los gastos fiscales norteamericanos? Quizás hasta que China, Japón y sus vecinos digan basta.
    El aspecto comercial no es menos inquietante que el financiero. Asia Pacífico le entrega a Estados Unidos bienes y servicios a cambio de dinero sobrepreciado. Aun con un dólar a 105-110 yenes o un euro a US$ 1,18. También esta sobrevaluada la deuda norteamericana que acumulan Japón, Taiwán y Surcorea en forma de bonos de Tesorería. Entretanto, los mercados bursátiles vuelven a ser caros, mientras las tasas largas (por encima de 4% anual contra 1% de la referencial) no eliminan, empero, el riesgo cambiario.
    No extraña, entonces, que ­como se señalaba antes­ las reservas en divisas de la zona hayan subido US$ 665.000 millones entre fines de 1999 y mediados de 2003. La razón es simple: son la contrapartida de la IED ingresada en Estados Unidos que, no obstante, resulta cada día más insuficiente.

    A cada santo una vela

    Este cuadro le permite al país más poderoso, rico y endeudado del mundo seguir viviendo ­y haciendo la guerra­ por encima de sus medios. El déficit fiscal, que puede rozar este ejercicio 7% del PBI, se combina con el rojo comercial y el de cuenta corriente en la balanza de pagos (US$ 6,3 billones al terminar el ejercicio 2003) y aterra al Grupo de los Siete.
    Entretanto, según el FMI, la tasa de ahorro interno en Estados Unidos es de apenas 13,6% del PBI, contra el 18,3% que representa la de inversión bruta. Como el ahorro y la inversión interna vienen cayendo desde 2000, es obvio que los flujos de IED, las compras externas de bonos y posiciones en dólares están financiando el conjunto de la economía norteamericana.

    Ahora bien, ¿qué pasará si el fiel de la balanza pasa a manos chinas o, en general, orientales? O, alternativamente, ¿si Japón, Taiwán y otros salen a vender el casi billón que tienen en bonos estadounidenses? Por ejemplo, si estalla una guerra en la península coreana.