El Estado argentino tiene en su organigrama la Dirección de Actividad
Forestal. Y tiene también la Dirección de Bosques. La primera
depende de la Subsecretaría de Economía Agropecuaria, subordinada
a la Secretaría de Agricultura y en la órbita del Ministerio de
Economía. La segunda, en tanto, depende de la Secretaría de Ambiente
y Desarrollo Sustentable, en el Ministerio de Salud. Para casi todos los actores
del sector, esta división es una de las causas del escaso desarrollo
de la actividad foresto-industrial en la Argentina al tiempo que coinciden en
la necesidad de su unificación.
“Los países desarrollados analizan la importancia del sector en
forma interrelacionada y no individual, como sucede en la Argentina. Las políticas
de Estado deben encararse de manera integral”, sostiene Gustavo Cetrángolo,
director del curso sobre Gestión de Negocios de Base Forestal de la Universidad
de San Andrés.
A su vez, el propio director de Bosques, Jorge Luis Menéndez, considera
que “si bien no hay superposición de tareas, debería concretarse
la unificación porque serviría para impulsar al sector”.
Sin embargo, el enorme potencial para abastecer el consumo mundial de productos
forestales por tener ventajas comparativas en el crecimiento de los bosques,
posicionan a la Argentina en un lugar desde el cual puede aspirar a convertirse
en uno de los principales centros foresto-industriales del mundo.
En la Argentina, la actividad puede clasificarse según la materia prima
utilizada: con base en bosques implantados y con base en bosques nativos. En
conjunto, la producción nacional representa aproximadamente 1,8% del
PBI (alrededor de US$ 4.500 millones, incluyendo pulpa y papel).
El primer grupo, el de la industria con base en bosques implantados (en el que
se distingue la producción celulósica papelera), contribuye con
poco más de 80% a la producción total. El grupo industrial con
base en bosques nativos, por su parte, que representa alrededor de 15%, está
conformado por las industrias del mueble (algarrobo, quebracho), aserraderos
y aberturas, entre otras.
Como tercer grupo podría agregarse el de los productores de muebles y
afines en Santa Fe y Buenos Aires, cuyos insumos son esencialmente maderas importadas
o provenientes de bosques nativos argentinos y con un componente importante
de especies cultivadas, bajo las formas de madera sólida y tableros aglomerados.
El mercado mundial
Mientras que las exportaciones del sector en 2002 ascendieron aproximadamente
a US$ 600 millones, el mercado internacional de productos forestales es un mercado
en expansión que supera los US$ 130.000 millones anuales, superior a
la combinación de cereales y oleaginosas, o al de carnes y lácteos.
Incluso, según datos proporcionados por la Asociación Forestal
Argentina (Afoa), las perspectivas a largo plazo sobre este mercado son positivas,
pues se espera que siga creciendo el consumo y que la oferta mundial de productos
forestales no pueda sostener el incremento de la demanda. Ese déficit
de madera obedecerá, por un lado, a la fuerte presión por parte
de la ciudadanía para que se conserven los bosques nativos y, por el
otro, a la imposibilidad de muchos países de expandir sus bosques implantados
en forma importante, por falta de espacio y lentitud de crecimiento de las especies.
Para el gerente general de Afoa, Martín Aguerre, el diagnóstico
representa una excelente oportunidad para la Argentina, puesto que “es
uno de los países con mayor capacidad para compensar ese déficit
dado su excepcional potencial para generar nuevos bosques, tanto de especies
de rápido crecimiento de uso industrial, como maderas de alta calidad
con ritmos de crecimiento difíciles de igualar en otras regiones. Por
otro lado, dispone de vastas superficies de tierras aptas para la forestación
sin competir con otras actividades forestales”.
Por su parte, Cetrángolo, que además es consultor independiente,
sostiene: “Las ventajas comparativas y competitivas que presenta el sector
forestal podrían constituirlo en una importante actividad para la generación
de riqueza en la Argentina, siguiendo en relevancia al complejo agroalimentario,
al energético y al minero”.
A su vez, el director de Actividad Forestal, José Luis Darraidou, señala
que durante el año pasado se observó un importante crecimiento
de las exportaciones respecto de 2001. No obstante, se registró una baja
del consumo en el mercado interno, que está llegando a su piso. “Se
espera que en el corriente año suban fuertemente las exportaciones, en
función de la reactivación que se advierte en este momento y de
las nuevas industrias que adaptaron tecnologías que les permite exportar
casi toda su producción”, explica. Según sus cálculos,
las exportaciones alcanzarían un crecimiento “de 30 a 40% a mediano
plazo”.
Las políticas
En la actualidad, en nuestro país los bosques nativos representan alrededor
de 33 millones de hectáreas, mientras que los bosques cultivados (que
generan más de 85% de la producción nacional) cubren aproximadamente
1,1 millón de hectáreas. Sin embargo, para Darraidou, podría
duplicarse la cantidad de hectáreas forestadas en el corto plazo. “Ello
requeriría unos US$ 4.000 millones de inversión y significaría
cerca de 400.000 puestos de trabajo, entre directos e indirectos”.
En tanto, el subsecretario de Economía Agropecuaria, José María
de Urquiza, señala que en la plataforma del gobierno actual “se
marca una clara orientación a la promoción del sector, que es
muy dinámico y gran generador de puestos de trabajo”. Y añade:
“En este momento, estamos en la etapa de diagnóstico, para ver qué
medidas pueden ser mejoradas o adecuadas a la situación actual”.
La Ley de Inversiones para Bosques Cultivados (similar a la que rige otras actividades
productivas, como es el caso de la minería), fue aprobada en 1999 y asegura
al inversor forestal condiciones atractivas en materia de imposición
tributaria a través de la estabilidad fiscal (de entre 30 y 50 años,
según la región), así como estímulos fiscales y
un apoyo económico no reintegrable para las Pymes forestales.
Aunque “buena”, Cetrángolo considera “insuficiente a la
legislación, porque relegó la promoción industrial del
sector”. Luego añade: “Permite ser creativo a través
de su administración, pero choca su aplicación frente a la administración
del Estado ya que por su complejidad disgusta a los funcionarios”.
En la actualidad, en la Argentina, entre las inversiones de origen foráneo,
las chilenas representan 45%, mientras Estados Unidos y Canadá responden
por 30 y 15% respectivamente. En forma minoritaria participan países
como Nueva Zelanda, Brasil, Holanda y Alemania, entre otros.
Los obstáculos
Según el informe de la Afoa, se estima que a lo largo de los ’90
el sector ha sido responsable por la generación de casi 90.000 empleos
directos y aproximadamente 300.000 empleos indirectos. Y destaca que la actividad
“genera un efecto multiplicador del empleo superior a la construcción
y al sector automotor. Un beneficio adicional lo constituye el hecho de ser
demandante no sólo de técnicos y profesionales sino principalmente
de mano de obra no calificada que es reentrenada mayoritariamente en el propio
sector, llegando así al corazón mismo del problema de la desocupación”.
En su informe, la Afoa menciona los 10 principales problemas que frenan el crecimiento
de la actividad. Muchos de esos puntos son compartidos por los distintos referentes
del sector. Entre otros figuran:
1. Falta de cumplimiento y de implementación de los beneficios de la
Ley 25.080.
2. Múltiples organismos públicos sin la debida jerarquía
y su falta de coordinación.
3. Falta de acceso a información relevante.
4. Falta de investigación aplicada y de desarrollo de tecnologías.
5. Deficiencias en la infraestructura regional.
6. Alta presencia de impuestos distorsivos e importante evasión impositiva.
“Transformar una industria originalmente enfocada hacia productos de bajo
valor agregado –y destinados de manera exclusiva al mercado interno–,
en una industria que sea productora de aserrados, remanufacturas e insumos para
la construcción de calidad, con una creciente orientación a la
exportación”, es el desafío que se plantea De Urquiza. M
