“La certificación no lo es todo: lo que marca la diferencia es consecuencia
de tener procesos maduros de desarrollo de software”, asegura Alejandro
Bianchi, presidente de Liveware IS, una empresa que desde hace más de
20 años se reconoce como “Especialistas en Ingeniería de
Software”, y es precursora en la Argentina en ese rubro.
Hoy se escucha mucho hablar de la certificación CMM (Capability Maturity
Model) por las necesidades de las empresas del país a la hora de avalar
su calidad con el objetivo de exportar o por requerimiento de las casas matrices
hacia sus filiales locales.
CMM es un modelo de madurez especifico del software, a diferencia de la ISO,
que es un estándar de calidad de la industria. Los dos tienen características
comunes, aunque el CMM es especifico del software y se basa en “buenas
prácticas” probadas en la industria. Fue elaborado en el Software
Engineering Institute, de la Universidad de Carnegie Mellon, a partir del Departamento
de Defensa de Estados Unidos, para el mejoramiento del desarrollo de software
de la organización y de sus proveedores. El grupo de creadores del CMM
con Watt Humphrey a la cabeza, adoptó los principios básicos de
calidad de Denning, Crosby y Jurance y otros referentes.
Lo que el modelo plantea es una guía de cómo ir mejorando la madurez
de una manera gradual y consistente a partir de combinar el uso de buenas prácticas,
el conocimiento de los recursos humanos y las herramientas. El modelo propone
cinco niveles de madurez, desde una visión ad hoc hasta una visión
optimizada de mejora continua.
Desde el comienzo, la utilización del modelo se ha ido incrementando,
y hoy el universo de la industria a escala internacional muestra un mosaico
de niveles de madurez que van del 2 al 5, teniendo algunos países un
llamativo número de empresas en Nivel 5 (tales como Estados Unidos, India,
etc.)
La India, el principal exportador de software del mundo, enfocó su estrategia
comercial en el concepto conocido como Software Factory, o fábricas de
software, donde cuenta con un importante volumen de capital humano con aptitudes
y muy bajos costos de mano de obra. Particularmente, el modelo indio es el impulsor
de desarrollo de software off shore, donde exporta líneas de código
de software trabajando principalmente para Estados Unidos y con el reloj movido
12 horas en su huso horario.
En Latinoamérica son muy pocas las empresas con algún nivel del
CMM (superior al 2) y sobran los dedos de la mano para contar las que alcanzaron
el máximo nivel.
“Desde nuestro lugar, nos dedicamos a mejorar los procesos de desarrollo
y mantenimiento de software de nuestros clientes, ya sea para consumo interno
en una organización, como en empresas que construyen software para comercializar
dentro o fuera de nuestras fronteras”, asegura Bianchi, quien actualmente
atiende una enorme cantidad de consultas de empresas de todo tipo, dado el interés
que la certificación en este rubro ha despertado.
Entrar en otros mercados
“La imperiosa necesidad de exportar y lograr ingresar en otros mercados,
encontró en el CMM un aval internacional que abre puertas”, afirma
Bianchi.
El mundo no pide que una Software Factory esté necesariamente en un nivel
dado de CMM; sin embargo, tener por ejemplo un nivel 2 o 3 de madurez es una
garantía que, a la hora de exponer argumentos de calidad, en los procesos
de desarrollo es inobjetable.
Ésta es una práctica que empieza a ser usada en la Argentina.
Lo que provoca un círculo virtuoso, donde las empresas con el objetivo
de alcanzar un nivel de madurez y mejorar significativamente sus procesos, reconocen
que los clientes perciben la calidad asociada a ello y la empiezan a exigir.
Bianchi, informa que para ayudar a las empresas en este camino, Liveware genera
capacidades en sus clientes que le permiten reducir sus costos de Desarrollo
de Software mejorando la calidad de sus productos y alcanzando objetivos de
tiempo. Lo hace a través de un enfoque de análisis de procesos
que le permite detectar áreas de mejora donde introducir mejoras prácticas.
“Nos especializamos en la mejora de procesos y el manejo de la transición
del cambio. Trabajamos sobre los procesos de nuestros clientes, buscando conjuntamente
las oportunidades para mejorarlos, y construyendo relaciones de largo alcance
a través de repetidas intervenciones breves y completas”, explica
el ejecutivo. “Nuestro abordaje se da en tres pasos: capacitación,
coaching, y colaboración.”
Según Bianchi, “No todo son nuevas tecnologías y software
fuera del alcance presupuestario. Con procesos adecuados, métodos, técnicas
y herramientas de bajísimo costo es posible obtener resultados superiores
en productividad y calidad”. M
