viernes, 26 de junio de 2026

    El backstage de un resurgimiento

    Tecnología compleja, un nivel de inversión interesante y una
    dosis importante de creatividad… ¿Qué otra cualidad se le puede
    pedir a una industria que, además, redunda en prestigio y reconocimiento
    para su país de origen? La cinematografía, que de ella se trata,
    reaccionó rápido a los desafíos planteados por la coyuntura
    económica y dio muestras de recuperación cuando otros sectores,
    tal vez más tradicionales en términos formalmente económicos,
    parecían hundirse o, al menos, andar a la deriva y sin demasiadas perspectivas.

    Durante el año que pasó se estrenaron 37 largometrajes nacionales,
    muchos de los cuales cosecharon premios –fueron más de 70 los galardones
    recibidos por las películas argentinas de 2002– en distintos festivales
    del planeta. A la movida local se sumó el desembarco de productoras extranjeras
    que agitaron el mercado en términos laborales, aumentando hasta casi
    la saturación la demanda de mano de obra disponible en el país
    a escala técnica. “Si hay una actividad que rápidamente se
    pone de pie no sólo en la Argentina sino en el mundo, ésa es el
    cine; fue la primera que en la posguerra dio señales de que la recuperación
    europea era posible”, enmarca Jorge Coscia, presidente del Instituto Nacional
    de Cine y Artes Audiovisuales (Incaa).
    Cierto: el arte es siempre el primero en dar testimonio de la historia cuando
    recién empieza escribirse. Pero, además, hay otros factores más
    mundanos que contribuyen al movimiento del quehacer artístico en general
    y del cine, en particular. Por caso, y al menos en parte, el titular del Instituto
    adjudica el buen momento que vive hoy esta industria en la Argentina al decreto
    1.536/02, sancionado por el presidente Eduardo Duhalde el 21 de agosto del año
    pasado, por medio del cual se le devolvió al Incaa su autarquía,
    “neutralizada en 1996 por una ley impulsada por el entonces ministro de
    Economía Domingo Cavallo”. De acuerdo con Coscia, la recuperación
    de los fondos del Comité Federal de Radiodifusión (Comfer), provenientes
    de la publicidad televisiva (también conseguida por decreto el último
    noviembre), terminó de dar un marco óptimo para el despegue y
    ascenso de la actividad.

    Producto, fomento, cultura & mercado

    Los fondos con los que se maneja el Incaa, que en definitiva permitieron –y
    permiten– el despegue de la industria más allá del marco
    económico, provienen del expendio de entradas en las salas de todo el
    país (10%) y de la venta y el alquiler de videos (10%). Como se consigna
    unas líneas atrás, la televisión aporta al Comfer 5% de
    toda su publicidad. Este dinero vuelve a la industria a través de los
    créditos y subsidios que otorga el Instituto a las producciones locales.
    Según la normativa vigente, se puede financiar hasta 70% de una producción.

    Con todo, los fondos obtenidos no son suficientes para proteger al cine argentino
    del avance de Hollywood. Algunos números grafican lo expuesto: los US$
    30 millones que Estados Unidos invierte en una película promedio es,
    más o menos, lo que la Argentina destina al total de su producción
    anual. Según Coscia, salvo las cinematografías china e india,
    todas las demás están a la defensiva de la estadounidense que
    domina el mercado global. En este escenario, en el cual, además, el mercado
    interno no alcanza en muchos casos a cubrir la inversión realizada (fuentes
    de la industria aseguran que es necesario un piso de 1,2 millón de espectadores
    para cubrir el monto invertido), resulta lógico que las productoras exploren
    el camino de la coproducción que, por otro lado, asegura la apertura
    de nuevas plazas para la exhibición de películas. “En el
    negocio del cine, los mercados se conquistan fundamentalmente en el terreno
    de la producción”, subraya el titular del Incaa, al tiempo que destaca
    que la entidad cuenta con nuevos programas en apoyo a este tipo de emprendimientos.

    Raíces es el nombre de la iniciativa más reciente a través
    de la cual la entidad estatal intenta apuntalar el desarrollo de coproducciones
    con las regiones autónomas de Europa –españolas, italianas
    y alemanas–, tratando de capitalizar de esa manera el origen de la mayoría
    de los argentinos. “Las coproducciones no deben ser un engendro, donde
    pongo un español o un francés porque quiero; el punto de partida
    para una coproducción es el relato, entonces lo primero que hay que fomentar
    es la aparición de relatos en común. Nosotros los podemos contar
    porque la Argentina es un país donde millones de europeos vinieron a
    vivir”, precisa Coscia, autor de este proyecto.
    ¿Es posible, entonces, diseñar en materia de cine un producto
    a la medida del mercado? “Yo creo que la clave de conquistar mercados está
    en construir relatos que podamos contar en común. Aprovechando ese ida
    y vuelta que tenemos con Europa, podemos diseñar algo que podemos producir
    y consumir juntos”, responde el presidente del Instituto.
    Costos: devaluados y no tanto
    Asociar la primavera del cine nacional con el devenir económico de la
    Argentina tiene cierta lógica aunque, tal vez, el impacto causado por
    el repentino desfasaje de la relación peso/dólar no sea tan importante
    a la hora de desagregar los costos como podría sospecharse en un análisis
    preliminar que intente explicar la buena performance de la industria de los
    últimos tiempos.

    El buen
    momento del cine publicitario

    Un cable de AP reproducido,
    entre otros, por el matutino La Nación y la edición argentina
    del portal Yahoo! caratuló a la Argentina como el nuevo paraíso
    del cine internacional. “Bienvenidos a Buenos Aires, la ciudad que
    promete convertirse en la Hollywood de Sudamérica. Gracias a la
    devaluación de su moneda, a su estilo europeo y a su indudable
    talento para el cine, la Argentina se ha catapultado como uno de los destinos
    de filmación más elegidos del mundo”, afirmaba la agencia
    de noticias a fines de febrero, resaltando en ese mismo envío el
    reciente desembarco de grupos encargados de dirigir y producir comerciales
    para marcas tales como Budweiser, Coca-Cola, Loreal y Procter & Gamble,
    entre otras.
    Pero lo cierto es que ni talento ni belleza son nuevos en esta capital
    y sí, en cambio, lo es el valor de la moneda local. Sin embargo,
    los insumos dolarizados que maneja la industria y cierta movilidad que
    en materia de Recursos Humanos trajo aparejado el reacomodamiento del
    peso, relativiza la ventaja cambiaria. Gerardo Vallina, jefe de producción
    de Film Planet, lo explica de la siguiente manera: “Si bien es cierto
    que el alquiler de locaciones, la movilidad y los servicios de catering
    fueron pesificados, también hubo una rejerarquización del
    personal, producto del aumento de la demanda que, paralelamente, se registró
    en este aspecto. Hoy es muy difícil armar un equipo de producción
    porque todos están filmando; no hay personal vacante”, puntualiza.

    Aun cuando la incidencia de los costos medidos en dinero argentino sólo
    equivalen a 30-40% de una película publicitaria, los beneficios
    que trajo consigo el valor del peso actual pusieron de manifiesto otras
    virtudes del país en términos de producción, y que
    también comenzaron a ser muy apreciadas por los extranjeros que
    se dedican a esta actividad. De acuerdo con Vallina, las locaciones exóticas
    que pueden encontrarse a lo largo y ancho del país y la riqueza
    étnica de la Argentina, “que posibilita armar elencos increíbles
    y muy difíciles de reunir en otros lugares del mundo”, son
    algunos ejemplos.
    En este marco, donde, además, hay baja rotación de productos
    y son pocos los presupuestos que agencias y productoras manejan para la
    plaza local, no llama la atención que muchas exporten sus servicios.
    Film Planet que, además, tiene sedes en San Pablo, Los Ángeles
    y Chile, se encuentran trabajando en 60% para el exterior. “El auge
    comenzó a fines del año pasado, cuando comenzó a
    superarse el impacto causado por los hechos de violencia de finales de
    2001”, explica Vallina. “Y todo parece indicar que las cosas
    mejorarán aún más. De hecho, en los tres primeros
    meses de este año, estadísticamente, ya se produjo más
    que en todo el primer semestre de 2002”, finaliza.

    Como en otras actividades, también en ésta el costo profesional
    acompañó la fluctuación cambiaria, de igual modo que algunos
    servicios íntimamente relacionados como catering, transporte, etc. que,
    de un día para el otro, fueron pesificados. Estas condiciones, sumadas
    al alto nivel de tecnificación y capacitación que presenta el
    país, comenzaron a delinearlo como una plaza nada desdeñable a
    la hora de producir. No obstante, el cine trabaja con insumos importados, con
    lo cual los beneficios que para ciertas actividades de corte netamente productivo
    trajo aparejados la devaluación del peso, para la cinematografía
    fueron más que relativos. ¿Un ejemplo? El costo de una copia,
    hoy como ayer, varía entre los US$ 1.200 y US$ 1.700, dependiendo de
    la duración del filme.
    “Para el productor nacional que, por ejemplo, tiene que comprar material
    virgen, la devaluación no tuvo un impacto positivo”, explica Guillermo
    Szelske, titular de Cinetauro. “Las que sacaron provecho fueron las productoras
    que dan servicio al exterior o aquellas que, aprovechando la coyuntura, vinieron
    a filmar al país. Comparativamente, en Estados Unidos la incidencia del
    insumo película es mínimo comparado con el costo de un actor.
    En la Argentina, los costos de película y laboratorio son verdaderamente
    altos”, detalla.
    Szelske, que en este momento se encuentra produciendo la comedia Dos ilusiones,
    cuya inversión total ronda los $ 2,8 millones, comenta que, además,
    con la producción de comerciales y documentales –actividades que
    comúnmente llevan a cabo aquellas productoras que han venido a filmar
    al país aprovechando el tipo de cambio actual– se incrementó
    la demanda de técnicos especializados, con lo cual, el costo de la mano
    de obra también subió (ver recuadro). “Por otro lado, afuera
    tampoco pagan lo mismo que antes; en el exterior saben bien cuál es el
    valor local del dólar”, afirma el titular de Cinetauro, relativizando
    aún más el factor costos.

    Cuando el marketing se suma al talento

    En este escenario, donde, en promedio, de las casi 40 películas que se
    filman por año sólo cuatro superan la inversión realizada
    y otras cuatro recuperan los costos (un largometraje estándar en la Argentina
    demanda alrededor de $ 1,5 o 1,8 millón) , resulta lógico que
    tanto productores como entidades como el Incaa hayan ideado políticas
    marketineras para apuntalar la exportación y también para movilizar
    la plaza local en las áreas de distribución, exhibición
    y consumo.
    Además, la inversión es hoy mucho más difícil, de
    recuperar en el mercado interno, que antes era un jugoso negocio –sobre
    todo para las películas extranjeras– porque cada entrada valía
    US$ 7. Éste es otro elemento que contribuye a la búsqueda de nuevos
    mercados, ya que es muy delicado tener una expectativa de recuperación
    por la vía de la boletería. La presencia en una docena de festivales
    seleccionados de entre los 500 que se realizan anualmente en el mundo –Huelva,
    San Sebastián, Biarritz, etc.–, y la organización de otros
    como el reciente Festival de Mar del Plata constituyen algunas de las acciones
    con que cuenta en la cinematografía argentina en la actualidad.
    ¿El resto? El resto es talento, un factor independiente de la convertibilidad
    que, como ha quedado demostrado en términos de reconocimiento internacional
    y local , no parece faltar entre los directores, guionistas, actores, técnicos
    y productores de la plaza local. M