Tecnología compleja, un nivel de inversión interesante y una
dosis importante de creatividad… ¿Qué otra cualidad se le puede
pedir a una industria que, además, redunda en prestigio y reconocimiento
para su país de origen? La cinematografía, que de ella se trata,
reaccionó rápido a los desafíos planteados por la coyuntura
económica y dio muestras de recuperación cuando otros sectores,
tal vez más tradicionales en términos formalmente económicos,
parecían hundirse o, al menos, andar a la deriva y sin demasiadas perspectivas.
Durante el año que pasó se estrenaron 37 largometrajes nacionales,
muchos de los cuales cosecharon premios –fueron más de 70 los galardones
recibidos por las películas argentinas de 2002– en distintos festivales
del planeta. A la movida local se sumó el desembarco de productoras extranjeras
que agitaron el mercado en términos laborales, aumentando hasta casi
la saturación la demanda de mano de obra disponible en el país
a escala técnica. “Si hay una actividad que rápidamente se
pone de pie no sólo en la Argentina sino en el mundo, ésa es el
cine; fue la primera que en la posguerra dio señales de que la recuperación
europea era posible”, enmarca Jorge Coscia, presidente del Instituto Nacional
de Cine y Artes Audiovisuales (Incaa).
Cierto: el arte es siempre el primero en dar testimonio de la historia cuando
recién empieza escribirse. Pero, además, hay otros factores más
mundanos que contribuyen al movimiento del quehacer artístico en general
y del cine, en particular. Por caso, y al menos en parte, el titular del Instituto
adjudica el buen momento que vive hoy esta industria en la Argentina al decreto
1.536/02, sancionado por el presidente Eduardo Duhalde el 21 de agosto del año
pasado, por medio del cual se le devolvió al Incaa su autarquía,
“neutralizada en 1996 por una ley impulsada por el entonces ministro de
Economía Domingo Cavallo”. De acuerdo con Coscia, la recuperación
de los fondos del Comité Federal de Radiodifusión (Comfer), provenientes
de la publicidad televisiva (también conseguida por decreto el último
noviembre), terminó de dar un marco óptimo para el despegue y
ascenso de la actividad.
Producto, fomento, cultura & mercado
Los fondos con los que se maneja el Incaa, que en definitiva permitieron –y
permiten– el despegue de la industria más allá del marco
económico, provienen del expendio de entradas en las salas de todo el
país (10%) y de la venta y el alquiler de videos (10%). Como se consigna
unas líneas atrás, la televisión aporta al Comfer 5% de
toda su publicidad. Este dinero vuelve a la industria a través de los
créditos y subsidios que otorga el Instituto a las producciones locales.
Según la normativa vigente, se puede financiar hasta 70% de una producción.
Con todo, los fondos obtenidos no son suficientes para proteger al cine argentino
del avance de Hollywood. Algunos números grafican lo expuesto: los US$
30 millones que Estados Unidos invierte en una película promedio es,
más o menos, lo que la Argentina destina al total de su producción
anual. Según Coscia, salvo las cinematografías china e india,
todas las demás están a la defensiva de la estadounidense que
domina el mercado global. En este escenario, en el cual, además, el mercado
interno no alcanza en muchos casos a cubrir la inversión realizada (fuentes
de la industria aseguran que es necesario un piso de 1,2 millón de espectadores
para cubrir el monto invertido), resulta lógico que las productoras exploren
el camino de la coproducción que, por otro lado, asegura la apertura
de nuevas plazas para la exhibición de películas. “En el
negocio del cine, los mercados se conquistan fundamentalmente en el terreno
de la producción”, subraya el titular del Incaa, al tiempo que destaca
que la entidad cuenta con nuevos programas en apoyo a este tipo de emprendimientos.
Raíces es el nombre de la iniciativa más reciente a través
de la cual la entidad estatal intenta apuntalar el desarrollo de coproducciones
con las regiones autónomas de Europa –españolas, italianas
y alemanas–, tratando de capitalizar de esa manera el origen de la mayoría
de los argentinos. “Las coproducciones no deben ser un engendro, donde
pongo un español o un francés porque quiero; el punto de partida
para una coproducción es el relato, entonces lo primero que hay que fomentar
es la aparición de relatos en común. Nosotros los podemos contar
porque la Argentina es un país donde millones de europeos vinieron a
vivir”, precisa Coscia, autor de este proyecto.
¿Es posible, entonces, diseñar en materia de cine un producto
a la medida del mercado? “Yo creo que la clave de conquistar mercados está
en construir relatos que podamos contar en común. Aprovechando ese ida
y vuelta que tenemos con Europa, podemos diseñar algo que podemos producir
y consumir juntos”, responde el presidente del Instituto.
Costos: devaluados y no tanto
Asociar la primavera del cine nacional con el devenir económico de la
Argentina tiene cierta lógica aunque, tal vez, el impacto causado por
el repentino desfasaje de la relación peso/dólar no sea tan importante
a la hora de desagregar los costos como podría sospecharse en un análisis
preliminar que intente explicar la buena performance de la industria de los
últimos tiempos.
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El buen Un cable de AP reproducido, |
Como en otras actividades, también en ésta el costo profesional
acompañó la fluctuación cambiaria, de igual modo que algunos
servicios íntimamente relacionados como catering, transporte, etc. que,
de un día para el otro, fueron pesificados. Estas condiciones, sumadas
al alto nivel de tecnificación y capacitación que presenta el
país, comenzaron a delinearlo como una plaza nada desdeñable a
la hora de producir. No obstante, el cine trabaja con insumos importados, con
lo cual los beneficios que para ciertas actividades de corte netamente productivo
trajo aparejados la devaluación del peso, para la cinematografía
fueron más que relativos. ¿Un ejemplo? El costo de una copia,
hoy como ayer, varía entre los US$ 1.200 y US$ 1.700, dependiendo de
la duración del filme.
“Para el productor nacional que, por ejemplo, tiene que comprar material
virgen, la devaluación no tuvo un impacto positivo”, explica Guillermo
Szelske, titular de Cinetauro. “Las que sacaron provecho fueron las productoras
que dan servicio al exterior o aquellas que, aprovechando la coyuntura, vinieron
a filmar al país. Comparativamente, en Estados Unidos la incidencia del
insumo película es mínimo comparado con el costo de un actor.
En la Argentina, los costos de película y laboratorio son verdaderamente
altos”, detalla.
Szelske, que en este momento se encuentra produciendo la comedia Dos ilusiones,
cuya inversión total ronda los $ 2,8 millones, comenta que, además,
con la producción de comerciales y documentales –actividades que
comúnmente llevan a cabo aquellas productoras que han venido a filmar
al país aprovechando el tipo de cambio actual– se incrementó
la demanda de técnicos especializados, con lo cual, el costo de la mano
de obra también subió (ver recuadro). “Por otro lado, afuera
tampoco pagan lo mismo que antes; en el exterior saben bien cuál es el
valor local del dólar”, afirma el titular de Cinetauro, relativizando
aún más el factor costos.
Cuando el marketing se suma al talento
En este escenario, donde, en promedio, de las casi 40 películas que se
filman por año sólo cuatro superan la inversión realizada
y otras cuatro recuperan los costos (un largometraje estándar en la Argentina
demanda alrededor de $ 1,5 o 1,8 millón) , resulta lógico que
tanto productores como entidades como el Incaa hayan ideado políticas
marketineras para apuntalar la exportación y también para movilizar
la plaza local en las áreas de distribución, exhibición
y consumo.
Además, la inversión es hoy mucho más difícil, de
recuperar en el mercado interno, que antes era un jugoso negocio –sobre
todo para las películas extranjeras– porque cada entrada valía
US$ 7. Éste es otro elemento que contribuye a la búsqueda de nuevos
mercados, ya que es muy delicado tener una expectativa de recuperación
por la vía de la boletería. La presencia en una docena de festivales
seleccionados de entre los 500 que se realizan anualmente en el mundo –Huelva,
San Sebastián, Biarritz, etc.–, y la organización de otros
como el reciente Festival de Mar del Plata constituyen algunas de las acciones
con que cuenta en la cinematografía argentina en la actualidad.
¿El resto? El resto es talento, un factor independiente de la convertibilidad
que, como ha quedado demostrado en términos de reconocimiento internacional
y local , no parece faltar entre los directores, guionistas, actores, técnicos
y productores de la plaza local. M
