A Patricio Northland, líder de AT&T Latin America, se lo ve seguro
cuando habla de las perspectivas y la continuidad del negocio en la coyuntura
argentina y regional. Dice que la compañía sigue con la idea de
ser líder en telecomunicaciones integradas para empresas, “utilizando
nuestra infraestructura de fibra óptica y tecnología IP (protocolo
de Internet) en las áreas metropolitanas más importantes en las
que operamos”.
Presente en la Argentina, Brasil, Chile, Perú y Colombia, la firma es,
según Northland, “una de las líderes en servicios de tecnología
IP para Internet, datos y voz en las principales ciudades de esos países”.
De acuerdo con el ejecutivo, el enfoque principal de AT&T Latin America
es aumentar la relación con su “valiosa cartera de clientes. En
la región damos servicios a algo más de 800 multinacionales de
primer nivel, que significan 35% de market share. Y el objetivo es continuar
vendiendo servicios a esas empresas”.
Para lograr la meta, Northland revela un secreto: el consumo en telecomunicaciones
de las compañías es 20 veces mayor a lo que AT&T brinda. “Nuestra
infraestructura tiene escalabilidad, capacidad para crecer con la inversión
que se ha hecho”, puntualiza el CEO, indicando que en los últimos
dos años y medio la empresa invirtió unos US$ 650 millones en
infraestructura IP en 12 ciudades de los cinco países ya mencionados.
“La facturación anual es US$ de 165 millones a US$ 170 millones”,
detalla. “Alrededor de 55% de este ingreso es generado por servicios de
data e Internet. Y la mayoría proviene de clientes corporativos”.
Rumores y certezas
Particularmente, con respecto al sector en la Argentina, Northland comienza
afirmando que en lo macroeconómico el país atraviesa una etapa
de cierta incertidumbre con vistas a futuro. “Por la situación política
hay un compás de espera en materia de inversión en telecomunicaciones.
Las empresas quieren ver cómo se enfoca la economía del país.
Tres o cuatro meses después de los comicios se podrá ver el rumbo
del Gobierno y tomar decisiones”, dice, asegurando además que la
mayoría de multinacionales están decididas a quedarse en el país,
“porque el mercado es enorme”.
En cuanto al modo en que la crisis rozó a AT&T Latin America, confiesa
que “la devaluación tuvo elementos positivos y negativos. Muchos
costos administrativos son menores en dólares. Pero también hay
un ingreso menor. Cuando se consolida a escala internacional, la empresa tiene
menos valor, lo que debilita cualquier decisión en el corto plazo”.
En noviembre se anunció que en el tercer trimestre de 2002 AT&T Latin
America había sufrido pérdidas de US$ 532 millones, cifra muy
superior al resultado negativo de US$ 79,7 millones del mismo período
de 2001. Trascendió que la firma evaluaba su venta y que hasta podría
llegar a la bancarrota. “Hay mucha especulación y cierta mala intención
en algunos comentarios con respecto a una posible venta o quiebra”, dice
Northland. “Cuando una compañía tiene un problema financiero
se utiliza esto para tratar de quitarle sus clientes. Pero ellos saben que estamos
comprometidos con nuestra continuidad en el servicio y que deseamos quedarnos
en la Argentina. La compañía no está en venta”, sostiene.
El ejecutivo explica que AT&T Corp., que posee 68% de AT&T Latin America,
pretende vender su parte. “Nosotros estamos buscando, con mi liderazgo,
inversores que quieran integrar el nuevo equity (capital accionario). Buscamos
posibles socios más ligados a la región latinoamericana para reemplazar
a AT&T Corp.”, recalca. M
