jueves, 30 de abril de 2026

    ¿Será la locomotora de la economía?

    Desde la perspectiva exportadora, la devaluación no llegó en el mejor momento. El país en cesación de pagos, la falta total de crédito, el ajuste fiscal y el demorado acuerdo con el Fondo Monetario. Pese a todo, es indudable que la nueva paridad cambiaria peso-dólar puso a las exportaciones en un lugar de privilegio y que el gobierno confía en que serán la base del despegue.


    A la hora de hacer proyecciones, Enrique Mantilla, presidente de la Cámara de Exportadores de la República Argentina (Cera), asegura que las exportaciones medidas en dólares caerán este año 5%. Pero pasarán a representar 20,83% del PBI, que caerá 10%. “Ahora bien, suponiendo que el tipo de cambio real se estabiliza de forma que la proporción 20% sobre el PBI del 2002 sirve como punto de partida, una tasa de crecimiento de las exportaciones del orden de 10% anual se transformará en un crecimiento del PBI del orden de 5%”, concluye Mantilla.


    Por su parte, Bernardo Kosacoff, presidente de la Oficina en Buenos Aires de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), asegura que “el gran problema que existe con la comparación de las exportaciones y el PBI es que se mide en dólares. Si se mide en dólares hay que saber cuál es el tipo de cambio. Si está cercano a $ 3, el PBI argentino habrá disminuido a un tercio de lo que era. Si antes era de US$ 290.000 millones ahora tenemos uno cercano a US$ 100.000 millones. Para este año, las estimaciones en el campo de la exportación son cercanas a US$ 28.000 millones, lo que representaría 28% del PBI. De repente nos convertimos en una economía abierta. Entonces lo que existe es un problema de precios relativos, de tipo de cambio real y de falta de certidumbre y garantías de que se dará una situación sostenible en el largo plazo”.


    Mantilla coincide en que “no hay nada más simplista que pensar que se puede hacer una política productiva con un sistema financiero nacional y una relación financiera internacional dislocados. Esa economía, tipo Peter Pan, no ha funcionado en ninguna parte del mundo” sentencia. “La dupla default-devaluación, secó el mercado de capitales para la Argentina. Por lo tanto, al gobierno no le quedará otra opción para volver a crecer que concentrarse en fortalecer el proceso exportador.”


    Aunque el titular de la Cepal coincide en que la ausencia de crédito es total, confía en que “los primeros instrumentos financieros que se van a recomponer van a ir dirigidos al sector exportador y esto tiene que ver con la discusión que se está manteniendo con el Banco Mundial para que se destrabe una línea financiera para las exportaciones y con algunas líneas específicas que está tratando de montar con el Banco de Inversión y Comercio Exterior (Bice) para generar un conjunto de fondos prestables asociados a la conformación de capital de trabajo para la actividad exportadora”.

    Un fenómeno complejo


    En este contexto, ¿llegarán las exportaciones a transformarse en el motor de salida de la crisis? Kosacoff asegura que “el resurgimiento de la Argentina es un fenómeno complejo que no depende exclusivamente de las exportaciones, pero sin lugar a dudas una de las fuentes de crecimiento posible de la economía argentina una vez normalizada la situación económica va a estar dada por el sector exportador”. Y continúa: “Lo que no debe dejarse de lado es que hay distintas secuencias del proceso exportador. La primera es que la Argentina ya cuenta con competitividad internacional debido a los excelentes recursos naturales que no pertenecen solamente al sector agrícola sino también al sector energético, minería, pesca, forestal”.


    “Desde este punto de vista, la Argentina era competitiva con el tipo de cambio anterior. Y también en el sector industrial asociado a insumos básicos, en la fabricación de aluminio, de tubos de acero, petroquímica, refinerías de petróleo; en distintas actividades productoras de commodities industriales, donde ya éramos eficientes porque teníamos bienes de capital actualizados y modelos administrativos muy modernos. Estos sectores rápidamente pueden mejorar su capacidad de cara a las exportaciones”, explica Kosacoff.


    Más importante aún, las exportaciones “pueden jugar un papel importantísimo en el crecimiento de largo plazo a partir de competitividad no de precio, aquella que no está asociada al tipo de cambio sino que tiene que ver con la buena mano de obra, gestión de diseño, de marketing, de conocimiento técnico. Y esto permitirá avanzar hacia productos más diferenciados, con mayor calidad, donde la innovación y la mano de obra calificada sean los determinantes de la competitividad. Para alcanzar este punto, se tiene la base de las industrias que ya eran competitivas antes de la devaluación y pueden comenzar a generar nuevas actividades. Por ejemplo: las curtiembres son muy eficientes, ¿se puede avanzar para generar zapatos o ropa de cuero eficiente? Aluar es muy eficiente en aluminio, ¿se puede avanzar para inyectar en forma eficiente aluminio y hacer autopartes o hacer papel de aluminio? Somos muy buenos en la producción de acero, ¿se puede ser muy buenos fabricando bienes de capital? Para esto hay que hacer inversiones, esfuerzos tecnológicos, desarrollar proveedores locales, subcontratistas, etcétera”.


    En una tercera instancia, Kosacoff prevé: “En un aparato productivo que ha incrementado notablemente la participación del capital extranjero, donde se ubican las mejores firmas que operan en el escenario internacional y que son líderes en esos mercados, ellas no exportaban. De ahora en más, esas empresas pueden comenzar a evaluar la alternativa de desarrollar productos para exportaciones internacionales desde la Argentina”.

    El gobierno como protagonista


    Queda claro el nivel de implicancia gubernamental que requiere, por un lado, el desarrollo de las exportaciones y, por otro, la sustitución “virtuosa” de importaciones. Lo que no se ve de manera manifiesta es si el tren directivo gubernamental está cumpliendo su papel adecuadamente. En ese sentido, Bernardo Kosacoff comenta que “cuando uno habla con los funcionarios se percibe que tienen la preocupación, pero obviamente la tarea en la que están concentrados en este momento es apagar este gran incendio que es el desorden económico y la solución de los problemas referidos a la emergencia social”.


    Si el gobierno tiene la “preocupación” de generar un marco de incentivos a las exportaciones, el aumento de las retenciones al sector parece, a primera vista, un contrasentido. En ese orden, Enrique Mantilla asegura que “el crecimiento de las exportaciones depende de un buen clima de negocios, y las retenciones no son un anuncio favorable de un vigoroso redespliegue durante el año 2002”.


    Kosacoff también opina que “las retenciones, vistas fuera de contexto, no son el mejor instrumento de política económica. Un país que quiera tener un modelo exportador de largo plazo no debe pensar que los problemas fiscales se van a solucionar con retenciones a su sector más moderno”. Pero a la vez, “en el contexto particular es claro que una de las condiciones básicas para salir adelante es el equilibrio macroeconómico y, en particular, el fiscal. Y en un sistema donde es muy difícil la captación de tributos y frente a la fuerte variación de precios relativos existente, el tema de las retenciones adquiere otra dimensión. En el mediano plazo, esta situación de emergencia debe desaparecer para guiar a un modelo de crecimiento abierto. Las retenciones son un instrumento malo pero hoy necesario”, concluye Kosacoff.