La realidad muestra que los tiempos de la abundancia de productos importados han quedado atrás y de ahora en adelante será más rentable reparar los artefactos extranjeros que comprar otros nuevos. Un relevamiento realizado en Capital Federal muestra que de cada 10 comercios dedicados a la venta de productos importados, nueve ofrecen servicios de reparación, de los cuales tres comenzaron a brindar ese servicio después de la devaluación.
Estos nuevos “artesanos”, entre los que se encuentran reparadores de electrodomésticos, televisores, equipos de música y cafeteras coinciden en opinar que “lo peor ya pasó y para los que aguantamos van a venir tiempos mejores”.
Un claro ejemplo de adaptación a la nueva coyuntura lo brinda la casa de muebles y equipamiento para oficinas Buró. Durante el 2001, la mitad de sus ingresos correspondía a la venta de productos importados. En el 2002 la compañía se encuentra ultimando detalles con dos de las marcas que representa a nivel local (la alemana Trau y la italiana Estel) para comenzar a producir en el país y exportar al Mercosur.
Sin embargo, la adaptación no terminó en la inclusión de exportaciones sino que la empresa, perteneciente a la familia Leiro, decidió crear TopForLess, una nueva compañía exclusivamente dedicada al reacondicionamiento y posterior venta de muebles usados. Los precios de los muebles reacondicionados llegan a ser 50% inferiores a los productos por estrenar y esto representa una gran alternativa para los clientes que desean renovar su mobiliario sin realizar gastos excesivos.
Sin embargo, aunque la clara tendencia al alza de las reparaciones se percibe en los negocios, Pablo Guedarelle de la Asociación de Defensa del Consumidor (Adelco) afirma que aún es un fenómeno muy reciente como para realizar estudios de coyuntura, ya que en estos meses no son muchos los consumidores que han sufrido desperfectos en los productos adquiridos.
Aunque aún no puedan cuantificarse, el regreso de los trabajos de corte “artesanal” es un hecho, y uno de los más notables es el de la recarga de cartuchos para impresoras. La industria de la computación sufrió grandes incrementos de precios con el alza del dólar y los cartuchos de tinta no fueron la excepción del sector. La relación es apreciable ya que la recarga de un cartucho cuyo valor es $ 100, cuesta sólo $ 20. Con esta diferencia, no hay casa de computación que no ofrezca este servicio, aunque también lo hacen gran cantidad de librerías y algunos maxikioscos.
Otras labores de corte “artesanal” que también comienzan a reactivarse a la par de la divisa norteamericana son los recapadores de neumáticos, los zapateros y los costureros. Los trabajadores de estos ramos coinciden en que se percibe un incremento en los pedidos aunque aún no son significativos, ya que la gente que puede hacerlo no se decide a gastar dada la incertidumbre reinante. “La mayoría de la gente viene a consultar y vos te das cuenta de que si la cosa estuviera un poco mejor te encargaría el trabajo, pero todavía está todo muy difícil”, afirma Miguel, zapatero del barrio de La Boca. De todas maneras, los comerciantes de estos rubros aseguran que la devaluación al menos “renovó sus esperanzas”.
¿Adiós a las marcas?
Otra consecuencia de la crisis es el traspaso de los consumidores a las segundas marcas.
Los comerciantes reconocen que aun cuando el precio es un tanto mayor, los productos de segunda línea de las grandes empresas son más solicitados que las marcas desconocidas.
En ese sentido, Pablo Guedarelle asegura que las marcas propias de los supermercados también están bien posicionadas en la gente y guardan “una relación de calidad-precio más que aceptable” con la cual pueden competir de igual a igual con las segundas marcas de las líderes.
De todas maneras, la cantidad de público que sólo mira precios también va cuesta arriba y un reflejo de esta tendencia es el ascenso de los comercios en los que se venden productos “sin marca” de manera fragmentada. Las ventas en este tipo de negocios subieron más de 80% y se concentraron principalmente en los rubros de limpieza: lavandina, detergente, bactericida, enjuague para pisos; y de alimentos, como aceites y harinas.
Pequeñas empresas de cara al servicio
La devaluación también impactó en el turismo, aumentando el ingreso de extranjeros beneficiados con el tipo de cambio. Para sacar provecho de esta situación, la Secretaría de Turismo y Deportes de la Nación aumentó la promoción de la Argentina como destino turístico durante los feriados en los países limítrofes. Esta medida busca que los extranjeros elijan al país para pasar sus fines de semana largos.
De forma análoga al país, Nicolás Falcioni y Rodrigo Fernández Valdivielso también vieron en el turismo la manera de incrementar sus ingresos. Con 27 y 26 años, respectivamente, los jóvenes emprendedores compraron bicicletas de buena calidad y armaron una serie de recorridos para “turistas con deseos de conocer la ciudad de otra manera”.
El urban biking, concepto que resume a los paseos por la ciudad en bicicleta, apunta a los turistas más jóvenes, que generalmente se hospedan en albergues y reniegan de los circuitos turísticos tradicionales. La ventaja competitiva de este servicio es la interacción con el medio: a diferencia del tradicional “circuito en combi”, el urban biking permite acercarse a lo que uno quiere ver en el momento en que uno lo quiere ver. Además, Nicolás y Rodrigo no ocultan las partes menos agradables de la ciudad, cosa que a los turistas les permite conocer las dos caras de la misma moneda.
Los recorridos por Palermo, Recoleta, Puerto Madero, La Boca, San Telmo, la Reserva Ecológica, Plaza de Mayo y Tigre se dividen en tres circuitos que pueden combinarse. Su costo oscila entre $ 15 y $ 30.
Otro par de jóvenes que también logró encontrarle la vuelta a la crisis es el que conforman Lucas Nasif Sfeir y Yamil Ignacio Sfeir, dos hermanos de 16 y 18 años respectivamente. Juntos crearon Che Pibes, un servicio para vecinos que “consiste en hacer esas tareas que sólo un hijo puede hacer”.
Los trabajos que realizan son de lo más disímiles y van desde autorizar prácticas médicas; pagar facturas y llevar bombones o flores; hasta limpiar piletas de natación; cortar el pasto; pintar alguna parte de la casa; lavar el auto y hacer las compras en el supermercado.
Lucas y Yamil aseguran que “afortunadamente nos va bastante bien y hemos tenido que incorporar a dos amigas: Florencia y Agostina para hacer de Che Pibas (baby sitter, ayuda escolar y cosas de chicas)”.
Los Che Pibes se promocionan a través de volantes que reparten ellos mismos y no buscan expandirse sino darse a conocer para que otros “pibes” puedan “aplicar la idea en su barrio y hacerse de unos pesos en forma digna que los ayuden a zafar de esta situación”.
Uno de los peores efectos de la crisis política social y económica que sufre la Argentina es el éxodo de sus habitantes. Gran cantidad de familias deciden mudarse al exterior llevándose consigo sus pertenencias. Por esta razón, desde principios de año las mudanzas al exterior han crecido más de 70%. Los destinos preferidos son España, Italia y Estados Unidos y el valor total de la mudanza supera, promedio, los US$ 4.000.
Sin embargo, así como hay muchos que se van, hay otros tantos que se quedan y, entre ellos, se encuentran los nuevos “artesanos”, los exportadores, los pequeños emprendedores y aquellos que simplemente pretenden buscarle la vuelta a la crisis. Entre todos deberán hacer que la implementación de un modelo utilizado hace más de diez años no signifique necesariamente un “retroceso de más de diez años”.
