jueves, 30 de abril de 2026

    A pesar de los aranceles de EE.UU., sigue siendo rentable

    Paradojas actuales: parece imposible predicar los beneficios del libre comercio para evangelizar a otros países y, al mismo tiempo, cerrar el mercado por presiones internas. Sin embargo, la administración de George W. Bush apostó a que un poco de proteccionismo significaría mucho libre comercio: entre otras medidas, impuso aranceles para reducir las importaciones de acero.


    Supuestamente, de esta manera lograría granjearse el apoyo del Congreso y de los sindicatos, para conseguir objetivos precisos como el fast track o la vía rápida para firmar acuerdos comerciales con otros países. Un resultado que está por verse, y por ahora muy dudoso.


    La respuesta vino por la vía de represalias, tanto de la Unión Europea como de Japón. Otros países, en actitud defensiva imponen sus propios aranceles a la importación de productos estadounidenses. En América latina, el único dañado esta vez fue Brasil. Por una vez, la Argentina quedó a salvo de esta barrera proteccionista de la industria siderúrgica del norte. Pero el golpe vino por otro lado: la exportación de miel, que desde el año pasado debe enfrentar aranceles que van desde 32 hasta 60% del precio para poder ingresar al mercado estadounidense.


    En el último lustro, el sector apícola argentino ha tenido un crecimiento exponencial. Hasta ese momento y durante 50 años se producían en el país entre 40.000 y 50.000 toneladas de miel por año. Pero varios motivos hicieron que se duplique la producción total entre el ´93 y el 2000:


    Primero creció la exportación. Más de 90% de la miel se vende afuera y por eso, todo lo que acontece en el mercado internacional repercute directamente en la producción local. En esos años había importantes actores en el mundo, como Rusia, México y China. Por problemas políticos y económicos, Rusia desapareció como productor y se convirtió en importador. México tuvo dificultades y bajó su producción, mientras que China tenía un año bueno y uno malo. Esto hizo que se generara una baja en la oferta de miel internacional, con el consabido aumento de precio.


    La Argentina, al ser un importante oferente en el mercado mundial, se vio favorecido por las circunstancias y en 1998 se convirtió en el tercer productor mundial y el primer exportador. Hoy, el negocio de la miel representa en exportaciones entre US$ 90 y 100 millones y en general, teniendo en cuenta todos los productos de la colmena, mueve US$ 300 millones al año (cifras calculadas antes de la salida de la convertibilidad).

    Panorama actual


    Casi todo lo que la Argentina exporta, son commodities, es decir, miel a granel sin ningún grado de diferenciación. En todos los supermercados del mundo es posible encontrar los distintos tipos de miel ­lavanda, citrus­ con precios distintos. La Argentina vende miel a granel, y aunque podría ser rentable, el valor agregado se lo da el país comprador. Eso tiene una explicación: la exportación de miel está bastante concentrada. En el país hay sólo ocho empresas que acumulan 80% de lo que se exporta y venden volumen. Clasificar el producto tendría una complejidad logística que no resulta rentable, sin contar con el interés internacional por quedarse con ese valor agregado.


    Sólo las empresas más chicas y los grupos de productores que están empezando a vender por su cuenta para lograr precios diferenciados, clasifican, pero no son números que influyan seriamente en las ventas totales del sector. El grueso del negocio, sin dudas, es la venta a granel.

    Reglas claras


    El año 1994 marca una bisagra en la relación con Estados Unidos. Hasta ese momento, el país del norte era uno más al que la Argentina le vendía miel; tenía una relevancia relativa, ya que nuestro principal comprador siempre fue Europa. Principalmente Alemania, que se llevaba entre 40 y 50% de la producción total. En ese año, Estados Unidos le inició un juicio a China por dumping (vender por debajo del costo de producción y además generar un daño a la industria local) y la sancionó, permitiéndole ingresar sólo 20.000 toneladas anuales. Hay que tener en cuenta que Estados Unidos importa cerca de 60.000 toneladas y, rápidamente, por precio y por calidad, la Argentina ocupó el mercado americano.


    Favorecida también por el tipo de cambio, en 1997 la Argentina batió récords: vendió 68% de la miel a Estados Unidos, casi 45.000 toneladas a precios relativamente bajo. Los productores locales reaccionaron con temor y en octubre del 2000, el Departamento de Estado de Estados Unidos presentó al gobierno argentino una querella por dos causas: dumping (acusadas cuatro empresas exportadoras) y subsidios aplicados a la apicultura. La acusación indicaba que existían en el país 34 líneas de créditos para este sector.


    El gobierno nacional decidió contratar un estudio de abogados de Estados Unidos por la complejidad del tema y, finalmente, de esas 34 líneas de crédito invocadas, se comprobó la existencia de entre 10 y 12.


    El problema se generó con las empresas privadas acusadas de dumping. No se pusieron de acuerdo y se defendieron cada una por separado. En marzo del 2001, Estados Unidos impuso aranceles preliminares, que al principio llegaban hasta 50 o 60%. Es decir que un importador de aquel país que comprara miel, le tenía que agregar ese porcentaje al monto de la compra.


    A partir de ese momento, entre abril y octubre del 2001, no se vendió ni un solo kilo de miel. Esos aranceles eran absolutamente restrictivos, porque no había forma de llegar con un precio competitivo al mercado estadounidense.


    Finalmente, en noviembre del año pasado se dirimió el juicio y se definieron los aranceles definitivos. Cada empresa tiene uno diferente, el más bajo es de 32% y el más alto, de 60%.


    “Lamentablemente, no creo que podamos, ni por casualidad, llegar a vender la cantidad de toneladas que logramos antes del 2001, cerca de 30.000 por año, pero igual sigue siendo negocio. La estrategia es empezar a buscar nuevos mercados. Con la devaluación y las retenciones a las exportaciones, la cosa está complicada, pero nos hace competitivos”, dice la ingeniera agrónoma Mercedes Nimo, de la Dirección de Industria Alimentaria de la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Pesca y Alimentos.

    Perspectivas 2002


    Este año, la mira se concentra en Europa: el viejo continente ha tenido problemas en su cosecha y cerró las importaciones a China por problemas de residuos en mieles. Toda nuestra producción, va directo hacia allí. Además, el sector apícola es cada vez más dinámico, aunque debe resolver algunas cuestiones para mejorar sus rendimientos.


    “El problema de los productores apícolas es que están todos dispersos, no se juntan y siempre necesitan efectivo, por lo que venden al mejor postor. Apenas cosechan, venden, y el precio cae. Es un sector muy importante que genera trabajo y no necesita de grandes inversiones para producir. Hoy, mucha gente que se quedó sin trabajo comienza con la apicultura, ayudada por los gobiernos provinciales que hacen programas para fomentar la actividad. Deberíamos pensar más en cómo aumentar la capacitación, para evitar problemas posteriores”, finaliza Nimo.