Desde hace cinco años, MERCADO viene publicando una investigación especialmente diseñada y realizada por la firma MORI Argentina para indagar en el perfil de los jóvenes que están cursando los tramos finales de carreras universitarias relacionadas con el mundo empresario.
La extensión y profundidad de este estudio, para el cual fueron entrevistados, en esta ocasión, 1.620 estudiantes avanzados de 18 universidades públicas y privadas de todo el país, demanda el apoyo de empresas interesadas en alentar este tipo de investigaciones. Para esta encuesta, brindaron su auspicio dos consultoras internacionalmente reconocidas: Accenture y Deloitte & Touche.
El perfil sociodemográfico de los estudiantes avanzados que revela esta encuesta responde a un signo de los tiempos: sólo dos de cada diez viven solos o con su pareja, otros dos comparten la vivienda con amigos, hermanos u otros familiares, y seis residen aún en el hogar paterno.
La gran mayoría de estos jóvenes proviene de familias de ingresos medios: en casi 60% de los casos el jefe del hogar gana menos de $ 3.000 mensuales (y 26% cuenta con menos de $ 1.500 por mes). Pero es notable la incidencia del nivel de educación en el perfil de los futuros graduados: casi la mitad proviene de hogares en los que el jefe de familia ha completado estudios terciarios, universitarios o de posgrado.
Es ínfima la proporción de los que aún no tienen acceso a Internet (apenas 6%). En este terreno se ha registrado una evolución muy constante. En la encuesta realizada dos años atrás, los navegantes de la Red sumaban 76%; ahora llegan a 94%.
Se mantiene en algo más de un tercio la proporción de los que usan Internet en su lugar de trabajo, y hay un ligero aumento en el número de los que acceden a la Web desde sus hogares (de 72 a 79%). Pero el incremento más notable se registra entre los que disponen del acceso en la universidad (de 47 a 67%).
Visiones del abismo
Nunca, desde que se realiza esta encuesta, se registró una visión tan abrumadoramente negativa sobre la situación del país entre los estudiantes avanzados. En 1997, algo más de cuatro de cada diez jóvenes entrevistados la calificaban de mala o muy mala. La proporción, ahora, llega a 96%. Sólo 3% opta por un juicio neutral (“ni buena ni mala”) que suscribía algo más de un tercio en 1997. Y han desaparecido los juicios favorables que cinco años atrás convocaban a 20% de los entrevistados.
Resulta, por cierto, interesante el ejercicio de comparar las opiniones de los jóvenes próximos a graduarse con las del público general. En 1997, los jóvenes universitarios eran más optimistas: 43% consideraba que la situación era mala o muy mala, frente a 64% de la opinión pública. Ahora, se muestran particularmente críticos: con 96% de calificaciones negativas, superan claramente la proporción de 80% que surge del público en general. De algún modo, la crisis devoró la noción de que los jóvenes que han logrado completar una carrera universitaria constituyen un segmento privilegiado de la sociedad.
Esto se advierte más claramente aún cuando se examinan sus pronósticos. En 1997, algo más de una cuarta parte de la población general creía que el país estaría mejor durante el año siguiente, frente a sólo 17% de los estudiantes avanzados. Pero la brecha ahora se ha ampliado considerablemente. Uno de cada tres encuestados entre el público considera que las cosas tenderán a mejorar, en tanto que sólo 15% de los alumnos universitarios sostiene esa perspectiva.
A la hora de evaluar cómo evolucionará el desempleo (una cuestión de importancia crítica para estos jóvenes) también se multiplican las previsiones negativas. No llegan a dos de cada diez los que pronostican que disminuirán los índices de desocupación (en tanto que 42% sostenía esta opinión apenas dos años atrás). Cuatro de cada diez suponen que las cifras permanecerán igual (lo cual es, en sí mismo, un vaticinio negativo). Y los que anticipan un aumento llegan ahora a 38% (frente a sólo 11% dos años atrás, y 28% en el traumático 2000).
Otro dato sugestivo es que, cinco años atrás, la mitad de los estudiantes encuestados creía que su futuro personal sería afectado por el fenómeno del desempleo. Ahora, 85% suscribe ese juicio, en lo que constituye otra demostración de que la noción de grupo privilegiado no encuentra ya sustento entre los inminentes graduados universitarios. Se sienten, actualmente, tan vulnerables a los estragos de la crisis como el resto de la población.
En medio de este panorama de incertidumbre y desamparo, se fortalece la imagen de la universidad como un sostén fundamental para encarar el futuro. Suman 71% los jóvenes que afirman que estar en la universidad les ha dado una perspectiva más amplia acerca de la vida (el número de los que manifestaban esto se había mantenido en alrededor de dos tercios durante las cuatro encuestas anteriores).
Persisten, mientras tanto, las posiciones críticas acerca de la actitud de las empresas en general. Casi seis de cada diez opinan que la industria y el comercio no prestan atención a sus responsabilidades sociales, y apenas 11% piensa que las firmas locales se preocupan por cuidar el medio ambiente.
A las puertas (cerradas) del trabajo
En 1997, tres de cada diez alumnos encuestados no trabajaban. La proporción descendió a 25% en 1998. Ahora, trepa a 47%.
Entre los que trabajan, la mitad tiene una dedicación full time, y cuatro de cada diez ingresaron al mundo del empleo hace menos de tres años.
Si se examinan las diferencias entre los estudiantes de universidades públicas y los que concurren a instituciones privadas surgen algunos datos curiosos. Los que no trabajan son más en las universidades privadas (51%). Y en las facultades estatales hay más alumnos que ya se desempeñan en una actividad ligada con su carrera (40% frente a 34% en las casas de estudio privadas).
La Universidad Tecnológica Nacional (UTN) es la que exhibe el más alto porcentaje (85%) de jóvenes que ya han ingresado al mundo laboral en su propio campo de estudios. Entre las privadas, la Uade y la Universidad de Belgrano registran los mayores índices en esta materia.
Sugestivamente, en dos de las consideradas universidades de elite, San Andrés y Torcuato Di Tella, una abrumadora mayoría (entre 84 y 90%) no trabaja.
Dos tercios de los estudiantes de ingeniería no trabajan. Los que cursan computación, relaciones laborales y la carrera de contador público muestran los mayores índices de empleo. En el caso de los futuros contadores, dos de cada tres ya se insertaron en su actividad específica.
El desaliento que lleva a crecientes grupos de la población a no buscar trabajo se advierte también en esta encuesta. Sólo algo más de un tercio se ha ocupado, durante este año, de explorar la posibilidad de un empleo para después de graduarse. Los que lo hicieron debieron desplegar un considerable esfuerzo: 28% buscó en más diez lugares.
La orientación e información brindada en las universidades y el contacto con gente vinculada con la ocupación elegida son las dos fuentes de apoyo consideradas más útiles cuando se trata de indagar en el mercado laboral.
Llamativamente, la Web, a la que acceden casi todos los estudiantes, no es un vehículo de información apreciado en este terreno: sólo 4% recurre a Internet esperando encontrar aportes que le faciliten la búsqueda laboral.
Examen autocrítico
Cuando se les pide que califiquen sus habilidades en terrenos ligados con lo laboral, aunque no necesariamente con su carrera, los estudiantes avanzados se muestran rigurosos. Se les preguntó, como en años anteriores, cómo evaluaban (en una escala de 1 a 10) su manejo de inglés, computación, experiencia laboral y capacidad para gerenciar recursos humanos.
Los promedios generales se situaron por debajo de 7 en todas las áreas, excepto computación, donde el puntaje medio fue de 7,6. Las calificaciones más bajas se concentraron en el campo de la experiencia laboral (apenas 5,5) que fue, por cierto, el único en el que los alumnos de universidades privadas se autocalificaron con notas más bajas (aunque por muy escaso margen). En todas las otras áreas, fueron los estudiantes de universidades públicas los que se adjudicaron menores puntajes.
Entre ellos, sin embargo, los de la UTN mostraron los promedios más altos en todos los campos, menos en el de la experiencia laboral.
En cuanto a las universidades privadas, los alumnos de San Andrés y Di Tella son los que mejor se autocalifican en dominio de inglés. Los del Itba sobresalen en manejo de recursos humanos. Los de la Uade y la Universidad de Belgrano exhiben el puntaje más alto en experiencia laboral. Y dos instituciones del interior (Siglo XXI y Pascal) registran el mayor promedio en computación.
Fe en el posgrado
Un aspecto que ha permanecido casi sin variantes en estas cinco mediciones es la intención de los estudiantes avanzados de cursar un posgrado: viene manteniéndose en alrededor de dos tercios desde 1997.
Cerca de un tercio manifiesta que aún no lo ha decidido. Y sigue siendo muy baja la proporción (6%) de los que ya descartaron la idea.
La mitad, sin embargo no sabe qué tipo de estudios realizará (una maestría o un doctorado, o ambos) ni ha decidido todavía si los cursará en la Argentina o en el exterior.
Se fortalece, mientras tanto, la idea de que es necesario hacer cursos de posgrado para conseguir un buen empleo. Dos de cada tres encuestados suscriben esta afirmación.
Si se analizan las respuestas por universidad, la UBA muestra, entre las públicas, el mayor número de indecisos (40%) en cuanto a la alternativa de continuar los estudios después de haber obtenido el título de grado. En el caso de las instituciones privadas, los alumnos de la Universidad Austral, Pascal y el Itba son los más proclives a cursar un posgrado.
En cuanto a las carreras, los estudiantes de Economía son los que muestran el mayor índice de indecisión en esta materia. Los de administración, química-física y computación son los que en mayor medida han planeado continuar con su formación.
Horizonte gris
Desde 1998 viene descendiendo sistemáticamente el número de jóvenes universitarios que espera conseguir un buen trabajo en poco tiempo. Entonces sostenía esta creencia uno de cada cuatro. Ahora, apenas 13% mantiene esa expectativa.
Así y todo, dos de cada tres piensan que lograrán una buena inserción laboral con el tiempo.
Otra cifra en persistente descenso es la del salario que esperan recibir cuando terminen sus estudios. En 1998 el promedio alcanzó el pico de $ 1.800 mensuales. En esta medición apenas llega a $ 1.339. El descenso con respecto a la cifra registrada el año pasado es de 7%.
Viene achicándose también la brecha entre las expectativas de los alumnos de las universidades privadas y los de las estatales. Estos últimos aspiran ahora a ganar $ 1.433, frente a los $ 1.522 que promedian los alumnos de instituciones privadas, cuyas aspiraciones han bajado en 10,5%.
Quizá porque están en contacto cotidiano con la difícil realidad del mundo laboral, los estudiantes que trabajan en algo relacionado con su carrera son los que más han descendido en el promedio de sueldo esperado: 8,1% con respecto al año pasado.
Los alumnos de la UTN y la Uade son los que este año exhiben las mayores pretensiones salariales, mientras que en el otro extremo se encuentran los estudiantes de las universidades de Rosario y Córdoba.
Quienes cursan las carreras de computación y relaciones laborales son los más optimistas en este campo. Los de marketing y los de física-química tienen las aspiraciones más modestas.
El reino de la incertidumbre
Otro dato sugestivo que surge de la encuesta es que casi la mitad (45%) de los jóvenes entrevistados no sabe aún a qué especialidad quisiera dedicarse. Esto es más notable si se considera que sólo tres de cada diez se manifestaban indecisos en 1997.
Entre los que sí han establecido una preferencia, el área contable es la más apetecida por los estudiantes de las carreras de economía, administración y contador público. Pero, en el caso de los alumnos de administración, las elecciones aparecen más parejamente distribuidas en otras áreas, como marketing, planeamiento y recursos humanos.
Cuando se les pregunta en qué sectores de la actividad económica quisieran desempeñarse laboralmente, los estudiantes avanzados optan, mayoritariamente por consultoría, investigación de mercado, servicios financieros y productos de consumo masivo. Se advierte, este año, un mayor vuelco hacia el área de las finanzas, que acapara 71% de las menciones entre los alumnos de la carrera de economía. Dos de cada tres estudiantes de marketing y publicidad se inclinan, por su parte, hacia el trabajo en medios de comunicación.
Las empresas preferidas
Casi tres de cada diez estudiantes encuestados quisieran trabajar en el grupo Techint, que consolida así su liderazgo en el ranking de las empresas favoritas de los jóvenes próximos a graduarse. Cuando se inició esta encuesta, en 1997, la eligió 19% de los jóvenes.
Perez Companc y Repsol-YPY le siguen en la nómina. Y Arcor sube, en esta medición, al cuarto puesto, con un incremento de 6% en las menciones: 18% de los encuestados la elige como una de las cinco empresas en las que quisiera trabajar. Vale la pena recordar, por cierto, que en 1998 recibía las menciones de apenas 5% de los estudiantes.
Techint es la empresa que figura al tope de las preferencias en las carreras de economía, ingeniería y contador público. Arcor es la más mencionada entre los alumnos de administración. Perez Companc capta más preferencias entre los estudiantes de relaciones laborales. Microsoft gana en computación, Bagó en las facultades de física y química, y la agencia Agulla & Bacetti consigue los votos mayoritarios de quienes estudian marketing y publicidad.
Cuando se les pide a los encuestados que seleccionen sólo una de sus cinco empresas preferidas, Techint vuelve a encaramarse en el primer puesto. Arcor, por su parte, asciende del quinto al segundo lugar.
El pesimismo de los estudiantes avanzados vuelve a surgir en las respuestas a la pregunta acerca de qué posibilidades creen que tienen de conseguir un empleo en las empresas que señalaron como sus favoritas.
Igual que el año pasado, sólo cuatro de cada diez manifestaron expectativas positivas. En las mediciones realizadas en 1997 y 1998 más de la mitad se mostraba optimista.
Las aspiraciones son algo más firmes entre los alumnos de la carrera de relaciones laborales y administración (en ambos casos, más de 50% considera que tiene buenas chances). Entre los futuros economistas, en cambio, predomina la sensación de que las posibilidades de conseguir trabajo en las empresas elegidas son pocas o nulas.
Cuatro de cada diez estudiantes entrevistados en las universidades estatales
creen que su ingreso en las firmas seleccionadas es poco o nada probable (los
de la UTN muestran, sin embargo, más optimismo). En contraste, la mitad
de los alumnos de las universidades privadas considera que sus oportunidades
son buenas. Los de San Andrés y Di Tella exhiben los índices más
elevados de expectativas positivas.
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