El derrumbe bursátil de las dot com no sólo llevó confusión entre los directamente involucrados en el modelo de negocios que estas empresas encarnan. El desinfle accionario también trajo aparejada incertidumbre entre las firmas tradicionales, que no en pocos casos pensaron que la caída de las punto com equivalía al fin de la era Internet.
“Hubo crisis anteriores en el mercado de tecnología”, explica Daniel Viñoly, CEO de Structured Intelligence (SI), aludiendo al derrumbe accionario que vivieron las fabricantes de PC durante los años ´80 y que el ejecutivo toma como referencia a la hora de analizar el fenómeno protagonizado por las empresas de la nueva economía durante todo el año pasado. “El pico fue en el ´83, cuando se hicieron 233 IPO (Initial Public Offers), contra 49 que se registraron durante el año anterior”, añade. Sin embargo, tal como recuerda Viñoly, en el tercer trimestre de 1984 el mercado se desinfló y, por ejemplo, Compaq perdió más de 60% de su valor. “Ya vimos qué pasó con Compaq a largo plazo: en lugar de desaparecer, se convirtió en una de las mayores empresas del mercado”, puntualiza el directivo.
Este es el punto de partida de los directivos de SI para visualizar la situación actual del sector. “Al analizar cada una de las empresas de TI que fueron arrastradas por la debacle de las punto com, se puede advertir que entre las firmas de este segmento, que también vieron el desplome de sus acciones, están aquellas que brindaban servicios a las iniciativas que se cayeron”, subraya Alicia Bañuelos, chief technology de la compañía.
Los ejecutivos destacan que la efímera época dorada protagonizada por las empresas virtuales obedeció a que con la burbuja bursátil de 1999 también hubo quienes ganaron dinero. “Hubo casos inflados porque hay mucha gente que gana con las inversiones”, desarrolla Viñoly. “Además, para algunos agentes de inversión, su oficio consiste en crear expectativas”, especifica el CEO.
El fenómeno de inclusión
La posición de SI frente al fenómeno dot com se complementa con la perspectiva que sus directivos tienen de las tecnologías de la información e Internet a mediano plazo, y que giran alrededor de las posibilidades que brindan las nuevas herramientas, en paralelo a que se desmitifican algunas creencias producto de la fiebre del oro virtual. “Internet es una revolución, pero no necesariamente sus actores van a hacerse millonarios con ella”, apunta Viñoly. “No hay compañías centradas en la Internet sino que incluyen a la Internet”, precisa Alicia Bañuelos.
En este marco, SI propone a las empresas tradicionales construir su integración a la Red, teniendo en cuenta el fenómeno de inclusión al cual se refiere la jefa de tecnología. Este concepto aparece correlativo a la idea de armonización de los sistemas que exponen los directivos, y que pone el foco en aquellas compañías que quieren sacar partido de la potencialidad de la Web en sintonía, también, con la globalización.
“En principio, se trata de aprovechar las tecnologías que ya tienen las empresas, para lo cual hay nuevas herramientas que se encargan de hacer este trabajo “, explica el CEO, haciendo hincapié en que la inversión en TI ya realizada no puede descartarse con cada nuevo desarrollo que aparece en el mercado.
“Para ello completa Bañuelos existe un software que se encarga de armonizar los sistemas internos de una compañía, además de brindar la posibilidad de que esos sistemas puedan hablar, literalmente, con el soft de otras empresas relacionadas”. Tibco es el nombre del software que provee servicios de integración y armonización entre los distintos sistemas de aplicativos. Según los directivos, esta característica inscribe al desarrollo en el proceso de globalización de la economía, ya que la comunicación entre dos sistemas independientes representa la respuesta de los sistemas a este proceso.
Entre las ventajas que cuenta la armonización, los ejecutivos mencionan un factor clave a la hora de hablar de TI: los costos. “La inversión es considerablemente menor a la que habitualmente se maneja cuando se habla de implementación”, detalla Viñoly. El directivo opta por los porcentajes al momento de dar un número orientativo: de 3% a 10% de lo invertido en tecnología.
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