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Claudio Belocopitt
El elegante y delgado Claudio Belocopitt, que iniciara el milenio decidido a acumular en la arquitectura de Swiss Medical Group nombres propios en salud de la talla de Docthos, Quálitas, Optar y Medicien, o en seguro, como St. Paul, La Meridional, y más recientemente la ART Liberty, es el mismo que transpira adrenalina una década después por cuanto despacho de legisladores, debate televisivo y peregrinación mediática le toca salir a predicar la crítica posición de la medicina prepaga frente a la ley de regulación que sacó el Congreso con amplia mayoría.
Insiste en que la ley “es muy mala”, pero abre un crédito a los artículos claves por implementar, como los relacionados con la forma de actualizar la estructura de costos y las preexistencias, a las que califica como “la grosería, lo absurdo”.
Lanza una suerte de encuesta ad hoc, que sería como una “tabla del no”.
“¿Es lo mismo un servicio médico que hace sus internaciones en un sanatorio de primer nivel con una tecnología equis, que aquel que lo hace en un sanatorio de segundo o tercero?
“¿Es lo mismo un servicio médico que tiene un listado de profesionales equis que reciben tanto de honorarios que otros con otro tipo de profesionales que reciben otros?
“¿Es lo mismo un servicio médico que tiene tantos servicios ambulatorios a disposición de los afiliados que otros que no los tienen?
“¿Es lo mismo un servicio médico que usa tecnología de última generación que otros que usan una de cinco años o de 10 ó 15?
“¿Es lo mismo un servicio médico que tiene equis incidencia, digamos cinco por persona o cama, que otro que tiene tres u ocho?”
Lo primero es la salud
“Cuando Swiss Medical decide hacer sus sanatorios con un nivel de tecnología, de confort y servicio muy elevado, define qué tipo de afiliado es el que sale a buscar, quien a su vez sabe qué tipo de cobertura está contratando. La reglamentación tendrá que develar cómo haremos para competir”, señala.
Pone como ejemplo que: “estamos trayendo al país el resonador más moderno del mundo, el primero que se instalará en Latinoamérica, de calidad superior. Pero la realidad es que el sistema venía funcionando muy bien sin este tan especial y caro; y la pregunta sería: ¿cómo podría un sistema médico encarar este tipo de decisiones si no es distribuyendo entre toda su masa de afiliados los costos en los que ingresa?”.
Pero advierte que si mañana la autoridad de aplicación dijera: me están incluyendo un resonador que es demasiado bueno y no es necesario, “ya no sería la empresa la que determinaría el tipo de tecnología que le da a los afiliados, sino que le dirán cómo tiene que trabajar. En cuyo caso dejaría de ser un sistema privado. Y justamente la gente lo que no quiere es estar en un sistema público, si no volvería al Estado gratis”, enfatiza.
Cuatro o cinco entre 600
El presidente de Swiss Medical indica que a partir de la reglamentación de la ley se inscribieron 568 entidades de medicina prepaga en el registro de la Superintendencia de Salud, pero en el común denominador del usuario, cuando se le pregunta, habla de las mismas cuatro o cinco.
“Muchas pueden no llegar ni a la prestación básica, pero otras tantas las tienen en conceptos más austeros, más económicos; entonces la gente sí sabe lo que contrata y la diferenciación al momento de elegir”, sostiene.
¿Y cuál sería en consecuencia el espíritu de la regulación a las empresas de medicina prepaga? Belocopitt martillea sobre la mesa con el dedo índice: “Que haya un control necesario como para que no puedan estafar a sus afiliados y para que no puedan convertirlos en rehenes y destratarlos, y para que el producto que se les ofrezca sea el que quiere. Es eso, no transformarla en una organización pública”.
La historia que construyó Belocopitt como Swiss Medical Group, a partir de la Suizo-Argentina, cuenta con una larga trayectoria que coronó con el ingreso en el segmento de riesgos de trabajo de la mano de Liberty.
Con esta adquisición, pasó a facturar un total de $6.400 millones, prestar servicios a más de 4 millones de clientes, manejar inversiones por $2.700 millones y emplear a más de 8.200 personas.
Jorge Aufiero, de Medicus
Cartera, plantel y camas, en alza
Ya atravesó la barrera de los 40 años, después que un grupo de jóvenes médicos, entre los que se encontraba el actual titular fundara la que hoy marcha en los cinco primeros lugares entre las empresas de medicina prepaga. Los otros dos mentores, Hernán Pavlovsky y José Antonio de All, llevan 10 y un año, respectivamente, de fallecidos.

Jorge Aufiero
Aufiero alterna múltiples actividades empresarias y de dirigencia institucional entre su oficina del edificio central de Medicus, en la calle Azcuénaga, en la Cámara de Instituciones Médico Asistenciales (CIMARA) que preside y en la Cámara Argentina de Comercio, donde revista como director.
Dirige el conglomerado Medicus, sigue los planes de ampliación de la sede con la incorporación del edificio lindero, abre los últimos centros de atención en Nordelta y barrio Nueva Córdoba e implementa la informatización de las historias clínicas, a la que los profesionales de los distintos centros ya pueden acceder.
Afirma que los vectores de crecimiento, tanto de cartera como del plantel, se mantienen hacia arriba, lo mismo que la oferta de camas y consultorios para la atención ambulatoria en internación, que prevé incrementar en 50%, pero la inversión se mantendrá similar a los años anteriores.
Aprovechando su visión del sector como presidente de CIMARA, Mercado dialogó con Aufiero sobre detalles puntuales de la regulación de la actividad.
–¿Las actuales reglas favorecen la competencia?
–Los aspectos que deberían ser adecuados para que la competencia dentro del sector sea equitativa están principalmente relacionados con exenciones impositivas y por lo tanto fuera del alcance de la regulación sancionada. Debería existir una equidad tributaria entre los distintos actores.
–Respecto de la regulación propiamente dicha, ¿cuál es su balance?
–El hecho de que cualquier individuo pueda acceder a su antojo al sistema y dejar de pertenecer al mismo cuando también así lo quisiera genera costos en prestaciones cubiertas ante la necesidad de un tratamiento, que quedarán sin el correspondiente financiamiento.
Este es un sistema que actúa de manera solidaria y de producirse esas migraciones, las empresas se desfinanciarían y el sistema quebraría. Actualmente, el sector de la medicina prepaga, en relación a todos los demás actores del sistema de salud (incluyendo dentro de los mismos al Estado, obras sociales, Pami) es el que más recursos asigna a su población.
–Pros y contras del mecanismo de ajuste de las cuotas.
–Atento a la dinámica de la medicina, descubrimientos, tecnologías, etc., deberíamos disponer de manera anticipada y automática de los recursos a ser percibidos a través de las “cuotas”, de modo de que toda ampliación de cobertura impuesta tenga su contrapartida de financiamiento en tiempo y forma.
Sería razonable que cuando un beneficiario tenga una deuda vencida, el servicio sea suspendido hasta que regularice el pago. No darlo de baja pero sí limitar el gasto prestacional sin la contrapartida de los fondos. Así también, en caso de retiro del sistema, dicho beneficiario no debería poder incorporarse a otra empresa hasta tanto no cancele su deuda original.
–¿Cuál es su posición respecto a la atención de las enfermedades preexistentes?
–No tiene sentido y es inviable obligar a cubrir las enfermedades preexistentes al ingreso, como lo establece la reglamentación. Debería procurarse que el impacto de dichas patologías fuese neutro para el sector.
–¿La diferenciación por edad entra en esta consideración?
–La edad es una variable determinante del gasto en salud; así un beneficiario de más de 65 años genera un gasto prestacional 10 veces superior a uno que tiene menos de 35 años; para un asociado mayor de 80 años, el gasto se incrementa 16 veces respecto de uno menor de 20. Es decir, la edad condiciona al gasto prestacional.
Congelar el valor de la cuota a una determinada edad y/o permitir el ingreso irrestricto de personas de mayor edad implicaría romper el equilibrio existente en las empresas de medicina prepaga, las que deberán trasladar los mayores costos resultantes a la población de menor edad. Las cuotas diferenciales estipuladas para la incorporación al sistema de personas mayores de 65 años no permitirían compensar, en su permanencia en el sistema, la mayor demanda prestacional y los altos costos que requerirá este grupo etario.

