sábado, 20 de junio de 2026

    Nueva era en productos básicos

    COLOFÓN |

    Según Richard Dobbs, Jeremy Oppenheim y Fraser Thompson (McKinsey Global Institute, MGI), algo fundamental cambia del siglo 20 al 21. El crecimiento económico ya no pivoteará sobre recursos baratos. Sustentabilidad y productividad serán las claves.
    En un estudio sobre el tema, los tres analistas se preguntan si la economía global no ha entrado en una fase de precios persistentemente volátiles. “Nuestras investigaciones –señala Dobbs– indican que, solo en ocho años (2003/11), se ha esfumado la declinación de todo el siglo anterior. En verdad, los valores tocan niveles no vistos de principios del siglo 20”.
    Por otra parte, la volatilidad, apunta Oppenheim– “es superior a la registrada desde el alza de hidrocarburos en los años 70. En gran medida, porque los precios de materias primas tienden a moverse en forma concertada”.
    En efecto, Thompson presume que “la demanda de energía, combustibles, alimentos, metales críticos y agua potable subirá inexorablemente en los próximos dos decenios a medida que surjan usuarios y consumidores, vale decir, una nueva clase media en economías emergentes”.
    Por ejemplo, la flota automotriz mundial se doblará a 1.700 millones de unidades hacia 2031. Paralelamente, en India se espera que la ingesta de calorías por habitante aumentará en ese mismo lapso en 20%. En China, el consumo de carnes rojas y blancas crecerá 60%, a 80 kilos anuales por persona. Entretanto, la demanda de infraestructura se incrementará en ambos países y otros emergentes. China e India, solas, podrían agregar anualmente espacio edificado anual equivalente a 2,5 veces la masa urbana de Chicago.
    En realidad, “semejantes proyecciones no son raras en el ámbito de productos primarios. Durante el siglo 20 –señala el trabajo del MIG–, factores similares explican que la población del planeta se haya triplicado. Y que, mientras tanto, la demanda de recursos e insumos haya aumentado de 600 a 2.000%. Si la oferta se hubiese mantenido constante, los precios se habrían disparado.
    Pero impresionantes mejoras en técnicas de exploración, extracción y cultivo determinaron que la oferta se adelantase a las crecientes necesidades globales. El fenómeno redujo los precios reales a la mitad en una gama de índices. Esta capacidad de acceder paulatinamente a recursos cada día más baratos produjo la redecuplicación de la economía mundial.

    Las tres diferencias
    Hoy existen tres diferencias. Primera, se sabe que los efectos nocivos de las emisiones contaminantes (dióxido o monóxido de carbono) se asocian a la creciente utilización de esos recursos. Sin cambios radicales en la materia, las emisiones seguirán por encima del nivel crítico –dos grados centígrados– y serán potencialmente catastróficas.
    En segundo lugar, se hace cada vez más difícil expandir la disponibilidad de insumos primarios, especialmente en el corto plazo. En tanto no hay aún síntomas de escasez –un riesgo que solía estimular eficaces innovaciones–, el mundo se acerca a un punto donde la oferta se torna más ine­lástica. Por ende, los costos marginales de largo plazo suben a medida que escasean ciertos rubros y las nuevas inversiones se orientan a rubros más complejos y menos productivos.
    En tercer término, los nexos entre recursos se hacen cada vez más relevantes. “Considérese –indica Oppenheimer–, por ejemplo, los efectos en cascada de la escasez hídrica, recordando que casi 70% de toda el agua potable disponible la absorbe la agricultura y 12% se destina a energía hídrica. En Uganda, la falta de aguas ha inflado los precios de la electricidad y conduce a emplear madera, un factor que deforesta y degrada suelos. A su vez, se deteriora la capacidad de alimentar a la población”.
    Por supuesto, productos básicos más caros son una manera de volver al equilibrio entre oferta y demanda. Pero no constituyen medios deseables para la dirigencia política, social y empresaria. Sin duda, encarecer materias primas es una forma de reducir utilidades y afectar el desarrollo. Otro camino consiste en extraer productividad de recursos naturales vía el aumento en tasas de recuperación minera, campañas pro mayor eficiencia energética en escala familiar o aprovechamiento de aguas sobrantes.