Por Iñaki Trujillo Urdánoz (*)

Tendríamos en primer lugar que ponernos de acuerdo sobre lo que es corrupción. El vocablo procede del latín corruptio y parece claro que se trata de un proceso de descomposición o deterioro que se produce en las cosas, en las personas o en las instituciones. Todo lo que nos rodea desde un animal, hasta el metal más preciado, es susceptible de deteriorarse, romperse o corromperse. Podríamos entonces concluir que la corrupción además de universal es inevitable.
Pero lo cierto es que en el mundo de las personas, instituciones, empresas, es decir todo aquello administrado por seres pensantes, también existen quienes no son corruptos, nunca lo fueron ni tienen intención de serlo y por tanto, sabemos y tenemos la certeza de que es posible estar del otro lado de este fenómeno de moda en el mundo entero.
Déjenme que les cuente cómo describo la corrupción en algunos de los países que más conozco, desgraciadamente, y según los expertos, en los que mayor corrupción existe en el mundo (según el IPC Ãndice de Percepción de la corrupción por ejemplo): España porque es el país en el que nací; Argentina, porque es mi segunda patria por ser la tierra en que nació mi familia, y México, porque he tenido la suerte de vivir y trabajar allí en los últimos tiempos.
En España en este momento hay más de 2.000 imputados, calificados recientemente con el eufemismo de “investigados”, entre funcionarios de los cuatro niveles de la administración (administración central, autonómica, institucional y local –ayuntamientos–), políticos de los cuatro ámbitos, abogados, empresarios, peseudoempresarios, policías y cualquier profesión u oficio que usted prefiera.
Las consecuencias son nefastas en un país tocado en la línea de flotación por la reciente crisis, que aún continúa, como consecuencia de la burbuja inmobiliaria, trama corrupta en la que estaban involucrados todos los agentes: bancos y entidades financieras (cajas de ahorros que hoy prácticamente han desaparecido), instituciones del Estado, sobre todo la administración local, particulares y empresarios).
España, es por razones obvias, el caso del que más vergüenza me da hablar. Hoy en día cuenta con casi un año sin Gobierno oficial porque los resultados de las urnas no han otorgado mayorías suficientes y porque los supuestos líderes de los partidos políticos no han sido capaces de llegar a un acuerdo. Yo me pregunto cuál será el contenido de esas negociaciones, –¿sobre qué negociarán?– y la conclusión es que de nada interesante para la ciudadanía. Más bien acerca de sus sillones, cuotas de participación y lamentablemente, dinero y negocios para ellos y sus congéneres. El resultado es que todos pierden.
Nadie está ganando la partida; ni los partidos en liza, ni las instituciones, ni los inversores, ni mucho menos el español medio. España está aparentemente paralizada por su corrupción. Somos maestros del engaño y del robo con guante blanco. Desde que los mal llamados reyes santos o católicos que ante la falta de cash decidieron emprender allende los mares a la búsqueda de nuevas tierras, buscando a un inocente que supiera navegar y que recalase en algún territorio en el que robar, hasta nuestros días, la historia moderna, está jalonada de despropósitos que no ayudaron en nada a nuestros hermanos latinoamericanos. No parece que un esquema corrupto esté favoreciendo mucho a los españoles.

Iñaki Trujillo Urdánoz
Corrupción en la Argentina
Es como una gran colmena en la que millones de abejas y sobre todo zánganos, liban un líquido viscoso que impregna todo lo que toca. No hay nada que se sustraiga a semejante bola pegajosa que empuja y succiona a quien se ponga en medio. No podemos hacer un relato de lo que ocurre y mucho me temo, si no le ponemos remedio, ocurrirá.
Hacer una descripción histórica o contemporánea en lo que a la corrupción se refiere haría llorar a las cebollas o probablemente abandonar la lectura de esta nota, porque todos sabemos lo que ocurre o no sabemos nada de lo que ocurre. Mi objetivo no es ofender o dar lecciones de nada a nadie, sino dejar patente que cuando la corrupción es de esta dimensión deja de ser el discurso del pillo listo para convertirse en la trampa del pillo tonto.
Me comentaba un empresario porteño conocido que ya no aguantaba más y que quería irse a continuar con su negocio a todas luces, lícito, fuera del país. No es inteligente la corrupción y es de tal magnitud que en ese líquido viscoso nos hemos quedado trabados todos.
Imaginemos un pseudoempresario corrupto con su megacamioneta que sale de su casa, pero ya no puede disfrutar de su vehículo porque hay unos señores que ese día han decidido que cortan la Panamericana. Llega tarde y enojado a su trabajo. Después decide tomar un vaso de agua de su dispensario y repara en que tiene un ligero sabor raro (¿conocen algún tipo de agua natural que sepa a algo?). Para quitarse el mal sabor decide tomarse un café en la súper cafetera de cápsulas a presión y esta, tras hacer un ruido infernal, se apaga. Le dice su secretaria que está llena de cal y que desde la semana pasada no funciona.
A media mañana tenía una reunión con proveedores que ha tenido que suspenderse por que no llegan por el paro. Llama a su mujer para ver cómo van los preparativos del cumpleaños de 15 de su hija y esta le comenta que su party planner le ha subido en casi $20.000 el precio acordado por causa de la inflación. Nuestro pseudoempresario maldice hasta rabiar pero no puede hacer nada.
Siempre robó a espuertas pero no imaginaba que alguien le iría a robar a él y sobre todo que hubiera tanto corrupto por ahí que adulterara hasta el agua mineral, se quedara con el dinero de la red de aguas, o modificara igualmente el precio de las cosas porque ya se habían cambiado previamente los datos oficiales que no convenían al Gobierno de turno. Ya no le gustan las reglas porque han sido manipuladas y cambiadas por corruptos como él. Por eso decide que algo hay que hacer para cambiar el panorama, pero mucho me temo que si no cambiamos todos al unísono la melodía se escuchará horrenda.
Méjico, un modo de vida
Es un país extraordinario de más de 117 millones de habitantes, con una extensión de tierra fértil y rica en minerales, petróleo y yacimientos de todo tipo, ríos belleza natural, playas maravillosas, frutos exquisitos y gente generosa y buena por donde quiera que usted vaya. La corrupción es de hecho otra de las maravillas del país a la que nadie es ajeno por que desde el primer momento en que usted desembarca en el aeropuerto Benito Juarez, se impregna de su olor.
Es una mezcla de limón y cilantro con maíz recién horneado y de otras muchas especias, que uno no es capaz de quitarse de encima, incluso pasados unos días desde que salió del país. Al igual que en muchos lugares, nadie se sustrae a esta realidad y la diferencia con otros países es que resulta muy cara para todos.
Desde que uno sale de casa debe ir repartiendo pesitos por doquier si quiere seguir avanzando en su camino. El fraude es un modo de vida y la característica propia podría ser el humor al que normalmente está ajeno toda corrupción, pero hacer un túnel para escapar de una cárcel de máxima seguridad, iluminado y acondicionado, pone de manifiesto la inoperancia de todo un Gobierno más sus instituciones, es decir su profunda corrupción. México, dicen quienes lo conocen bien, debería estar a la altura de un país como Canadá, Australia o su vecino EE.UU. Hoy con un crecimiento pobre, en torno a 1% del PIB, mantiene más de 60 millones de pobres, renquea sin conseguir despegar y su economía languidece. Muchas de sus empresas permanecen exhaustas ante tanta corrupción, o simplemente abandonan despavoridas buscando nuevos horizontes. No es inteligente la corrupción tampoco en México.
Qué hacemos para contrarrestar tanta tontería. Lo primero es concienciar, saber que se pueden hacer las cosas desde otra óptica más productiva en donde todos ganan, puedan desplazarse sin miedo, consumir productos u obtener servicios sin padecer las consecuencias de ingerir un producto adulterado, un servicio fraudulento o lo que es más importante en donde nuestras vidas no corran peligro físico por la existencia de policía o cuerpos de seguridad corruptos.
Las empresas que emprenden negocios con estructuras fraudulentas terminan por desaparecer, bien porque sus insumos necesarios para producir también están adulterados y terminan por colapsar o bien porque la estructura del fraude ahoga a la propia empresa, sus clientes o sus proveedores en toda su cadena de supuesto valor.
Deberíamos preguntarnos en cuántas cadenas fraudulentas participo y cómo puedo hacer para salir de ellas, desde el pago sin factura a un profesional, hasta el pago de una coima a un policía o a quien demonios la reciba. Dejar solos a los ladrones ya sean empresarios, pseudoempresarios, comerciantes, funcionarios, políticos o cualesquiera sea el título que ostenten. En vez de jalonar con bobería sus “triunfos”, que empiecen a sentir que todo lo que obtuvieron fraudulentamente deben devolverlo o restituirlo ya sea persona pública o privada. Que dan asco en la manera en que se conducen y que no queremos estar a su lado.
La corrupción se alimenta intrínsecamente porque en el fondo se admira y se premia al que obtuvo por cualquier medio, riquezas ostentosas o no. La característica de estos seres corruptos es sin duda la falta de empatía. He podido cruzármelos en todo el mundo y participan siempre del mismo rasgo en su personalidad: la psicopatía. No sienten ni padecen, ni manifiestan nada. La mirada fría ante el dinero, su único dios. Son capaces de vender a su madre por 25 centavos sin pestañear, no manifiestan emociones más que cuando hablan de si mismos y parecen no entender lo que están haciendo. Cuando entran en el mundo de los mortales es precisamente al despojárseles de cuanto robaron, extorsionaron u obtuvieron de forma ilegal, fraudulenta o corrupta. Ahí una lágrima larga les recorre sus rostros impertérritos. Empiezan a ser mortales.
Estoy seguro de que es posible hacer bien las cosas porque en el sistema son mayoría los que no se corrompen o abusan de los demás. Es solo que los que sí se corrompen están mejor situados. ¡Saquémosles de su guarida!
(*) Director de Grupo Trazax, empresa especializada en el desarrollo de personas en las organizaciones. Actualmente trabaja activamente con directivos de empresas como Walmart, Schneider Electric en México y en España así como en empresas del sector salud en Argentina

