
Ya sea que proveyeran telefonía, televisión, música, videos o entretenimiento de cualquier tipo, el usuario aceptaba entrar a una red que le brindaba lo que buscaba a cambio de un pago mensual. Poco a poco se comienzan a vislumbrar las derivaciones de revoluciones como cloud computing, Internet de las Cosas, generación de contenido por la gente común y las redes sociales. Si esas grandes empresas no se mueven con mucha habilidad y celeridad, el futuro que les aguarda es de una lenta decadencia, para expresarlo con prudencia.
El negocio de las telecomunicaciones, los medios y la tecnología (TMT) está siendo transformado por los avances en tecnología y la mejora de las condiciones económicas. Quienes lo observan de cerca detectan cuatro “megatendencias” que tendrán un papel decisivo para que ese negocio siga vivo de aquí a 2050.
Pero por encima de esas cuatro tendencias hay otra más poderosa que tiene la fuerza para modificar la raíz de esta industria y se refiere especialmente a la distribución de contenidos.
IoT: la principal megatendencia
‘La Internet de las Cosas’ (IoT, según siglas inglesas) es un nombre genérico para la posibilidad de conectar “cosas” –por lo general dispositivos electrónicos– que pueden vigilar, recolectar e intercambiar datos por una red alámbrica o inalámbrica. La conectividad de doble vía significa que esas “cosas” pueden interactuar con sus entornos directamente o en forma remota. Esto, que significa la posibilidad de actuar en el momento justo, de necesitar menos trabajo humano y lograr mayor precisión en las tareas, permite obtener beneficios económicos que atraerán a todos los sectores comerciales y sociales.
Por eso tal vez sería más apropiado llamarla “Internet de Todo” (IoE, también según siglas inglesas). IoT puede presentar desafíos totalmente diferentes para casi todos los modelos de negocios que se basan en la implementación de tecnología. El ecosistema de suministro de IoT está, por lo tanto, abierto a la explotación de una gran variedad de vendedores, proveedores y usuarios en prácticamente todos los sectores de negocios.
Por esa razón, IoT está en la base de la mayoría de las megatendencias que están afectando todo este mundo. Las “cosas” que forman la parte fundamental del ecosistema de IoT incluyen dispositivos industriales y para el consumo general que van desde el mercado masivo de teléfonos inteligentes y computadoras portátiles, hasta ropa conectada, dispositivos de entretenimiento personal, de navegación y médicos, transporte público y privado y maquinaria con sensores que se pueden operar remotamente.
Para finales de 2015 había 2.528 millones de smartphones en uso, pero también había en uso gran cantidad de ‘phablets’ (híbridos entre teléfono, tableta y computadora). Para finales de 2050, habrá en uso casi 10.000 millones de smartphones y 6.000 millones de dispositivos móviles computarizados. Esto equivale a una tasa de penetración de más de 100%, debido a que en los mercados maduros la gente suele tener varios dispositivos. Desde el advenimiento de los primeros verdaderos smarphones de Google y Apple en 2007 apareció un gran ecosistema de aplicaciones de software, que crece en forma continuada.
Primeramente orientado hacia el mercado masivo del “infotainment” o sea la combinación de información y entretenimiento y de los servicios de redes sociales, el mercado de aplicaciones, o “apps” se está especializando cada vez más y ha llevado su poder de computación móvil a la empresa.
Esto da a los consumidores mayor control sobre la forma en que interactúan con los proveedores de servicio y a estos últimos mayor comprensión de lo que los consumidores y las empresas quieren o necesitan, permitiéndoles crear productos más personalizados.
El sector minorista se beneficiará con la forma en que la tecnología big data máquina a máquina (M2M) se usa desde hace muchos años en los servicios públicos, empresas tecnológicas y de infraestructura, aunque nunca hubo un estándar universal para interfaz de usuario.
Pero una serie de cambios en la tecnología de base, que incluye el uso de la tecnología celular inalámbrica de alta velocidad (3G/4G celular y WiMAX inalámbrica de bajo poder) y cableada (cable de fibra mejorada DOCSIS), etc. va a necesitar el desarrollo de estándares para facilitar y abaratar la difusión de soluciones remotas en zonas rurales o económicamente difíciles.

Ciberseguridad avanzada
La conectividad en todas partes, también plantea un alto riesgo de seguridad. A medida que es mayor el número de dispositivos de mercado masivo que se conectan a Internet –y por lo tanto, a la IoT– los vendedores tendrán que competir en costos cada vez más.
La tentación de mezquinar en seguridad para recortar costos y aumentar las ganancias significa que muchos de los dispositivos que se conecten en los próximos 35 años podrían tener seguridad inadecuada. Al mismo tiempo, mientras haya dispositivos viejos conectados a la IoT, también lo serán sus sistemas originales de seguridad que perderán eficacia y expondrán a sus usuarios a la explotación de terceros desconocidos.
El increíble aumento de ingresos y ganancias de proveedores de seguridad como AVG y McAfee demuestran el tamaño del mercado, mientras que los hackeos como los que sufrieron grandes organizaciones y minoristas demuestran la escala del problema.
Aparte del robo y la explotación de información personal –que provocarán más casos de robo de identidad y un inmenso aumento en los costos de los seguros–, el mayor peligro es el que plantean los ciberataques a empresas, organismos estatales y sistemas de defensa.
La guerra cibernética es un problema creciente que está siendo estudiado con atención luego del éxito de un ataque supuestamente auspiciado por el gobierno ruso a una empresa eléctrica ucraniana en 2015.
Los avances en la tecnología que se usan en los dispositivos deberían llegar acompañados de avances en seguridad y será necesario invertir mucho para mejorar biométrica y almacenamiento de datos.
Las compañías de telecomunicaciones han ido agregando servicios y soluciones de IT (tecnología informática) a sus habilidades internas y algunos de los jugadores más avanzados, como Deutsche Telekom vía T–Systems, ya lograron comercializar esos negocios.
También las compañías de IT, especialmente aquellas que operan en el mercado de centros de datos, están evolucionando juntamente con sus contrapartidas en el espacio telecomunicaciones. Esta tendencia también va a continuar hasta 2050.
Big Data, fuente de enormes ganancias
Por lo general se dice que la computación en la nube es la aplicación central alimentada por IoT. Los servicios básicos “cloud” como Gmail e iTunes están a disposición de la gente desde hace mucho tiempo permitiendo acceder a contenido digital desde cualquier parte del mundo cualquiera sea su normal lugar de origen. La proliferación de dispositivos masivos conectados significa que los consumidores están creando y adquiriendo contenido digital desparramado por una serie de plataformas y la forma en que lo usan y lo comparten crea big data.
Las aplicaciones de big data –que cuantifican, interpretan y responden a las actividades de individuos, grupos o compañías en tiempo real– dependerán mucho de la proliferación de infraestructura y servicios de cloud computing.
Con el tiempo, a medida que la demanda de interactividad y respuesta en tiempo real aumente, veremos que la computación en la nube se irá poco a poco reemplazando con la computación cognitiva y es muy posible que esas aplicaciones puedan ser manejadas por inteligencias artificiales, o AI, según siglas inglesas).
El contenido mueve el negocio
La adopción por parte del mercado masivo de aplicaciones como servicio ha dado al sector de contenidos el empuje que andaba necesitando. Una vez que los consumidores se enamoraron de los juegos, de los mensajes y de las redes sociales en sus dispositivos móviles, empezaron a exigir conectividad ubicua para recibir contenido digital en gran escala.
Históricamente la música y el video estuvieron siempre encadenados a dispositivos grandes y a consumirlos en forma linear y limitada en el tiempo. O sea, había que sentarse en un lugar a escuchar música o ver un video. Ya no pasa más eso. Pronto será raro un operador de telecomunicaciones o de televisión paga que no ofrezca “TV en todas partes”, por ejemplo.
Al mismo tiempo, el contenido generado por los productores ya no estará limitado geográficamente por el alcance del cable, del satélite o de acuerdos de retransmisión negociados cuidadosamente con terceros.
Ya no basta con que los operadores atraigan y retengan a los clientes con paquetes cerrados de contenido, que por lo general despierta poco interés hasta a los muy interesados. Lo que estamos viendo es que los consumidores eligen redes por la velocidad que necesitan para acceder a contenido digital de terceros, algo que reduce cada vez màs el estatus de los operadores de redes.
Con el control en manos de los proveedores-creadores de contenido, se avizora una reestrucuración del paisaje de la TMT (Tecnología, Medios, Telecomunicaciones) en las próximas décadas. Para 2050, un puñado de grandes telcos serán las que dominen el juego en Estados Unidos: AT&T, Verizon, Telefonica, Deutsche Telekom, Orange, Etisalat, MTN.
Quedarán algunos actores más pequeños orientados a públicos segmentados. Pero con los servicios de voz y datos altamente comoditizados y la carga financiera de mantener y expandir la capacidad de la red de distribución de contenidos, la infraestructura de la red se va a debilitar y podrían quedar destruidos los modelos de negocios tradicionales TMT. Es probable, entonces, que se fusionen alrededor del concepto “Operador-como-servicio”.
Operador-como-Servicio
Esta última megatendencia podría desarrollarse en un periodo mucho más largo que los 35 años que faltan de aquí a 2050. Se calcula que habrá mucha resistencia de los operadores tradicionales de telecomunicaciones decididos a no perder las inversiones en infraestructura que realizaron a lo largo de los últimos cien años para lograr más ingresos.
Los Gobiernos, por su parte, también podrían resistirse a permitir que una infraestructura vital para la seguridad nacional caiga en manos de empresas sobre las que tendrán una influencia indirecta, mediante herramientas regulatorias indefectiblemente inadecuadas.
También podría esperarse oposición de los sindicatos, con las especiales dificultades que se vislumbran en mercados donde a veces el Estado simultáneamente es operador de la red y proveedor del servicio y los empleados tienen categoría de funcionarios públicos.
Es posible que los mercados emergentes y de frontera sean lentos para adaptarse al nuevo paradigma debido a al letargo burocrático y a la falta de recursos. No obstante, lo que ocurrió en Nueva Zelanda con la separación de Telecom en dos infraestructuras independientes demuestra que el modelo de negocios es posible.
Las regulaciones deben ser más suaves con los jugadores de infraestructura de capital intensivo porque esas compañías deberán ser financieramente autosuficientes. Si se miran los esfuerzos que hace la República Checa para separar O2 (compañía de telefonía móvil, Internet y televisión digital) en empresas de servicios y de infraestructura mientras junta su red de activos en una sola compañía, todo eso muestra que es posible que las empresas tradicionales cambien.
Durante los últimos tres años las grandes operadoras han tratado de profundizar la relación que tienen con sus usuarios finales, ofreciendo incentivos para que los consumidores adopten servicios premium y así aumentar sus ganancias con cada cliente.
Esta estrategia de profundizar relaciones está comenzando a dar dividendos, pero solo puede llegar hasta cierto punto pues cada vez es más posible que los consumidores obtengan los productos que quieren a menor costo y sin la necesidad de atarse a una red en particular. Por lo tanto, el pase hacia el operador-como-servicio es inevitable y transformará profundamente las telecomunicaciones, los medios y la tecnología (TMT) para finales del siglo 21.

