Por Florencia Pulla
En el calor de la Península de Yucatán se llevó a cabo la III Cumbre Latinoamericana de Analistas de Seguridad organizada por la empresa de cyberseguridad de origen ruso Kaspersky Labs. Más de 30 periodistas de la región fueron invitados para ser testigos de las nuevas tendencias en seguridad y de las soluciones que los “hackers buenos” idean para proteger a empresas, ciudadanos y Gobiernos del cybercrimen. Allí brilló el nuevo twist a su tradicional antivirus en su versión 2014: ahora es una solución multidispositivo –permite hasta cinco– para proteger, con una misma licencia, desde la notebook hasta el celular y la tableta.
Tiene sentido. Antes de la revolución móvil y del abaratamiento de la tecnología de consumo masivo solo se trataban de proteger los datos de la computadora familiar. Allí se guardaban los datos sensibles de la casa y ni tanto: las transacciones de ecommerce, por decir algo, eran pocas y solo un grupo de heavy-users se les animaban. Hoy el cuadro es otro. El celular inteligente en el bolsillo es una puerta al mundo online, con mucho para ofrecer pero con algunos riesgos impredecibles. Además, en el arsenal del profesional urbano también existen las computadoras personales y las tabletas para el entretenimiento.
De hecho, según la consultora IDC son 3,3 los dispositivos por hogar: significan una ventaja tecnológica para trabajar más y mejor y aprovechar más el tiempo libre pero también una razón más para estar alertas. “La seguridad tiene que evolucionar de acuerdo a las necesidades del consumidor; con nuevos dispositivos aparecen nuevos desafíos”. Eso dice, al menos, el presidente de Kaspersky Labs para la región, Abelino Ochoa, que donde pone el dedo pone también el dinero de inversiones en I+D. Solo así se explica que hayan logrado una cuota de mercado que le compite a los líderes, McAfee y Microsoft, de igual a igual: están terceros en Latinoamérica con 18% del marketshare.
¿Mucho ruido y pocas nueces?
Viniendo de una empresa de antivirus está bien desconfiar. ¿Existe realmente el peligro que vaticinan o es simplemente alarmismo? Algunas cifras no dejan espacio para dudar. Por ejemplo, que en Latinoamérica el cybercrimen es casi tan redituable como el narcotráfico. Aunque no se trata de un emprendimiento autóctono, como quienes están detrás de las plantaciones de coca, nuestro continente es terreno fértil para que se filtre malware y criminales de Europa del Este y Asia puedan hacerse de datos de privados. Por eso a la gente de Kaspersky Labs le va tan bien: es un mercado que factura, según César Longa de IDC, “US$ 500 millones cada año en Latinoamérica solamente y seguirá creciendo”.
Las empresas son, todavía, mejor negocio. Porque no se trata, como en otras áreas de tecnología, de comprar un proceso y adecuarlo a las necesidades concretas de una compañía para ser más competitiva sino más bien con los “growing pains”; los dolores que experimentan de las empresas cuando crecen. Quizás la tecnología en seguridad sea una idea pensada a posteriori; percibida como un gasto adicional al final del proceso de optimización. Por eso hay tanto para crecer: con el auge que han tenido las Pyme en América latina en el último tiempo –somos, después de todo, un continente emergente– hay mucha tela para cortar. Es decir, muchos datos que proteger.
De alguna manera Longa lo dijo mejor: “la seguridad no es solo comprar tecnología sino un proceso escalable, ir protegiendo los lugares más vulnerables”. Prueba y error. Borrón y cuenta nueva. Quizás por eso se hable de un vínculo especial entre quienes implementan soluciones de mayor escala en las empresas y sus clientes: es, después de todo, un vínculo de confianza. La certeza de que hay alguien protegiendo las espaldas corporativas; la posibilidad de respirar más aliviados.
Bring Your Own Device, una realidad
Otros datos proporcionados por IDC en la cumbre organizada por Kaspersky Labs:
• En 2020, América latina podría alcanzar 75 millones de usuarios que realizan pagos móviles.
• Dos de cada tres empresas movilizan en más de 10% a sus empleados
• La Argentina es el segundo país donde más se permite a los empleados acceder a datos de la empresa a través de sus propios dispositivos (36%) después de Venezuela (50%).
¿Qué significa todo esto? Básicamente que la estrategia BYOD está tomando cada vez más fuerza. Las empresas se vuelven vulnerables a medida que flexibilizan sus accesos a empleados y terceros. Deben hacerlo para adaptarse a las necesidades de la Generación Y y también porque no tienen remedio: al no tomar la posta, y controlar la tendencia puertas adentro, dejan mucho librado al azar. En este sentido es mucho lo que puede hacer la cyberseguridad por estos nuevos clientes.

