Por Sergio Krupatini
Lo que podemos observar en la dinámica de estas relaciones es un patrón de interacción muy común que genera una cantidad de valoraciones inadecuadas, incompletas o confusas.
Nos referimos a la conducta, puntual o reiterativa, de uno o más actores frente a otros a partir de comportamientos que generan abusos, conflictos agudos, aprovechamiento desequilibrado de las condiciones de la relación, daño, agresión y otras actitudes de esa naturaleza que se dan en diferentes contextos.
Por ejemplo, un maestro que frente a un alumno se comporta como un alumno más.
Una empresa que se aprovecha de la debilidad y dependencia de sus proveedores o personal.
Un Gobierno que genera un campo de conflictos y confrontación con algún actor del sistema social en una tendencia de creciente beligerancia.
Definamos ahora un componente que podemos identificar en multitud de relaciones humanas: el polo lúcido.
El polo lúcido es aquel actor que frente al resto de los participantes en una interrelación representa el componente que potencialmente actúa y lidera la situación de una manera constructiva, inteligente, equilibrada, orientada a una resolución que eleve el nivel de esa interrelación, que aporte a una perspectiva más amplia de la misma.
El rol de polo lúcido es la obligación y/o responsabilidad que se presenta en relaciones tales como: un mayor frente a un menor, el maestro frente a su clase, un juez en su corte, el Gobierno frente a la sociedad, una organización/grupo/persona que dispone de recursos, información, fuerza, educación y otros elementos que le otorgan una posición potencialmente ventajosa frente al resto.
Lo que observamos regularmente es el opacamiento o la desaparición del rol de polo lúcido en esas relaciones conflictivas observadas.
Nos referimos a la conducta, puntual o reiterativa, de uno o más actores frente a otros a partir de comportamientos que generan abusos, conflictos agudos, aprovechamiento desequilibrado de las condiciones de la relación, daño, agresión y otras actitudes de esa naturaleza que se dan en diferentes contextos.
Por ejemplo, un maestro que frente a un alumno se comporta como un alumno más.
Una empresa que se aprovecha de la debilidad y dependencia de sus proveedores o personal.
Un Gobierno que genera un campo de conflictos y confrontación con algún actor del sistema social en una tendencia de creciente beligerancia.
Definamos ahora un componente que podemos identificar en multitud de relaciones humanas: el polo lúcido.
El polo lúcido es aquel actor que frente al resto de los participantes en una interrelación representa el componente que potencialmente actúa y lidera la situación de una manera constructiva, inteligente, equilibrada, orientada a una resolución que eleve el nivel de esa interrelación, que aporte a una perspectiva más amplia de la misma.
El rol de polo lúcido es la obligación y/o responsabilidad que se presenta en relaciones tales como: un mayor frente a un menor, el maestro frente a su clase, un juez en su corte, el Gobierno frente a la sociedad, una organización/grupo/persona que dispone de recursos, información, fuerza, educación y otros elementos que le otorgan una posición potencialmente ventajosa frente al resto.
Lo que observamos regularmente es el opacamiento o la desaparición del rol de polo lúcido en esas relaciones conflictivas observadas.
Gobierno y sociedad
Por ejemplo, un Gobierno en desacuerdo u oposición con sectores de la sociedad, lo que es usual, va creando un clima de confrontación, de negación del otro, de brutalización de las opciones al imponer el “ellos o nosotros”. El Estado entonces se comporta como un actor más respondiendo con descalificaciones, atacando, devolviendo agresiones. Es decir, se ubica en el mismo nivel que su declarado “enemigo” en una conducta de escalada.
En este caso el Estado está declinando su responsabilidad de actuar como polo lúcido. El Estado no es un actor más, no puede actuar como un participante más del sistema. En realidad, el rol del Estado es actuar como responsable de la adaptación, supervivencia y evolución del sistema que gobierna lo que exige un abordaje holístico.
En esta disputa gobierno-sectores, se escuchan las voces de aquellos que expresan hartazgo por la situación. El hartazgo está justificado pero la absurda y deteriorante situación de disputa –que entre otras cosas significa un continuo desperdicio de energía social– tiene en el Gobierno el principal responsable ya que su posición le exige actuar como un polo lúcido y no como un fanático sectorizado poniéndose en igualdad de condiciones que un particular actor del sistema.
Señalemos que, a fin de generar innovaciones, opciones creativas o posibilidades de producir acuerdos constructivos un polo lúcido debería explorar las zonas adyacentes en las que actúa. Es decir, debe buscar espacios que combinen lo cercano y lo innovador, que sean campos de encuentro, lo que no implica coincidencia entre los actuantes.
Cuando un Gobierno, por ejemplo, polariza su consideración de los actores –amigo/enemigo– lo que está haciendo es eliminando los espacios adyacentes en el campo de relación al aislarse.
Una empresa puede avizorar con los distintos actores que interactúa la oportunidad de configurarse como polo lúcido y generar espacios de mayor creación de valor agregado en forma conjunta asumiendo el liderazgo positivo que el rol de polo lúcido le facilita.
Ya sea como responsabilidad u oportunidad, el rol del polo lúcido es un componente que se destaca no solo como presencia en las relaciones sino también por su ausencia.
sergiokrupat@gmail.com

