Durante un siglo, las materias primas representaron el atraso y dependencia mientras las líneas de producción fabriles simbolizaban el desarrollo. América del Sur y África eran netos proveedores de los insumos que Estados Unidos, Europa y Japón, el eje del poder mundial de posguerra, transformaban en productos de alto valor agregado. Pero en este milenio todo cambió.
Rubén Chorny

Gustavo Grobocopatel
Aparecieron China e India, sobre todo, a demandar soja, maíz, leche, carnes, petróleo y metales, lo cual revirtió el viejo axioma cepaliano: los términos del intercambio ya no se deterioran, se aprecian.
En lo que representaría algo así como la revancha histórica de los commodities, ya el año pasado se decía que el kilo de un bife en Alemania costaba igual que un kilo de BMW. El golpe de gracia lo dio la Asociación de Concesionarios de la República Argentina: con la tonelada de lomo o cuadril a US$ 12.200, ya supera en US$ 665 a la de un Citroën C4.
Vendría a ser el réquiem que el nuevo milenio ejecuta a la centenaria teoría del deterioro de los términos del intercambio que enarbolara la escuela de Cepal e intelectualmente defendiera con singular enjundia el economista argentino Raúl Prebisch.
No es que hayan estado equivocados en todo ese tiempo los que medían el valor agregado que generaban las industrias en los países desarrollados y lo compararan con el que tenían las materias primas que solían usar como insumos para explicar la brecha económica y social que se abría entre unas y otras sociedades: un auto siempre cotizó más que cualquier producto primario.
Pero todo se modificó y como afirma el director del Instituto de Planeamiento Estratégico, Jorge Castro, la diferencia entre el valor relativo de las exportaciones y el valor relativo de las importaciones ha ido cambiando a partir de “un hecho históricamente nuevo para el comercio internacional: que hayan irrumpido en los últimos 10 años China, con 1.340 millones de habitantes, e India, con 1.200 millones”.
No fueron los precios del petróleo o los metales, como en los 70, los que causaron las jaquecas del mundo industrializado. “Por primera vez en 100 años de desarrollo capitalista, la demanda de todos los commodities en el mercado mundial empezó a crecer al mismo tiempo por encima de la oferta, y los precios internacionales han llegado al nivel más elevado del que se tenga registro. Precisamente, según el índice de precios de los commodities que presenta semanalmente la revista The Economist –que mantiene en forma ininterrumpida desde 1843–, el récord ocurrió en julio del 2007”, señala el analista de política internacional.

Héctor Huergo
La hora del relevo
Otra mutación no menos trascendente acaeció en el mercado mundial de los commodities: “Antes de 2001 era una función del ciclo económico estadounidense, en el sentido de ser el principal consumidor mundial de commodities. Desde ahí es China, en cuatro de las cinco materias primas más significativas. Y en la quinta, que es el petróleo, está segundo detrás de Estados Unidos. Con la salvedad de que la tasa de crecimiento de consumo de petróleo en China aumenta 9% al año, mientras que en EE.UU. lo hace a 1% con tendencia a declinar”, plantea.
Se trata de un fenómeno de extrema importancia para todos los países productores de materias primas, principalmente los de América del Sur, encabezados por Brasil, ya que comparten dos rasgos estructurales comunes en su comercio exterior: en primer lugar, más de la mitad de sus exportaciones son materias primas, en el caso de Brasil fueron 61% el año pasado y este año es probable que hayan sido más”, explica Castro.
El segundo es que China ocupa para la región el lugar que antes correspondía a Estados Unidos, ya que desde 2008 se convirtió en el principal socio comercial de la totalidad de los países, en especial de Brasil, la economía de mayor relevancia de América del Sur. En general, la relación no tiene límites en lo que concierne al abastecimiento de materias primas.
En los tiempos que corren, la mayor parte de las exportaciones brasileñas son la soja y el mineral de hierro. En el caso argentino, más de 60% de las exportaciones son productos agroalimentarios y el principal destinatario individual es China. El segundo es India, sobre todo en materia de aceites.
“Dicho de otro modo –indica Jorge Castro– el cambio de naturaleza que ha experimentado el mercado mundial de los últimos 10 años se ha revelado fundamentalmente en América del Sur, por establecer para todos los países de la región una inserción internacional, que es el camino de doble vía porque transcurren el comercio y las inversiones, no más con Europa ni con Estados Unidos, sino con Asia, sobre todo China”.

Ignacio de Mendiguren
Foto: Gabriel Reig
Primarización
Un experto como pocos en temas agropecuarios, profesional y comunicador, Héctor Huergo, advierte que al deterioro de los términos del intercambio siempre se lo vinculó a primarización de la economía.
“No hay más –pontifica–. Si Prebisch viviera, hoy estaría hablando de la apreciación de los términos del intercambio”.
Recuerda que en aquel momento correspondía a una descripción de la realidad, por la que recomendaba diversificar la matriz productiva para que la balanza comercial no dependiera tanto de las materias primas o de los productos primarios, o de la “primera transformación de la fotosíntesis”, como prefiere llamarlos.
“Cuando vino Gaboto y fundó el fuerte de Sancti Spiritu, que fue el primer asentamiento europeo en tierra firme americana, se cuenta que pusieron 30 semillas de trigo y recogieron 280, o sea que por cada granito cosecharon 20. Hoy dan 300. La diferencia es tecnología. No podemos seguir hablando de productos primarios, como tampoco lo eran los que hizo sembrar Gaboto, ni lo que ha estado mejorado en Europa”, justifica.
Coincide en este punto, aunque no del todo, el presidente de la Unión Industrial Argentina, Ignacio de Mendiguren, quien diferencia el proceso argentino del protagonizado por el resto de la región: “Fuimos prácticamente los únicos que no evidenciamos una primarización de las exportaciones. De hecho, incrementamos sostenidamente a lo largo de la década las de manufacturas de origen industrial, permitiendo compensar, en parte, el crecimiento del déficit comercial en dicho rubro. En otras palabras, de haberse replicado la tendencia de las exportaciones de los países de la región, ese desequilibrio, que alcanzó un récord de casi US$ 32.000 millones durante 2011, hubiese sido todavía mayor”, manifiesta el líder fabril.
Sin embargo, remarca que, al dispararse en 2007 el precio internacional de los commodities que exporta el país, tanto los productos primarios como las manufacturas de origen agropecuario incrementaron su valor en mayor proporción que las manufacturas de origen industrial, lo cual “no implica que las exportaciones de productos primarios o las manufacturas de origen agropecuario tuvieran una mayor incorporación local de valor”.

Jorge Castro
Empresas globales
Huergo lo expone desde las antípodas: “Los cereales son la punta de lanza exportadora y la Argentina es el primer exportador mundial de aceite. Así avanza la cadena. Sería como en EE.UU., que es líder en software y en computadoras. El primero se desarrolla en Seattle, pero también en India y a través de la misma compañía, mientras las computadoras se fabrican en Singapur, en Los Angeles y en Indonesia, o en China; las empresas deciden dónde es más competitivo”, parangona.
Las compañías que están acá en agroalimentos también son globales, indica: una Dreyfus, que está en Indonesia, Brasil, la Argentina, opera desde donde encuentra mejores condiciones.
Y cuando desde la Unión Industrial Argentina De Mendiguren propugna aprovechar las ventajas de contar con abundantes recursos naturales para que se fomenten políticas públicas de largo plazo (“que apunten al desarrollo de infraestructura, principalmente de energía y transporte, de modo tal que se pueda mejorar la competitividad intrínseca de nuestra industria y agregar valor a las materias primas”), desde el otro lado de la tranquera Huergo pone el grito en el cielo: “Si el mensaje es que van a capturar toda la renta porque la ganancia tiene que ser de 4%, las empresas se van a Indonesia, donde no les imponen nada de eso. Les dicen que ganen todo lo que puedan y paguen 30% de las rentas, sin retenciones para succionarlas”.
De modo que en la práctica, asegura, “se terminan quitando eslabones en la cadena de valor y al final se exportan productos con menos valor agregado, que de todas formas insisto en que a esta altura de la modernidad no se pueden seguir considerando como aquellas materias primas de los términos del intercambio”.
Por eso, Huergo celebra igual que se exporte el maíz a granel, llegado el caso. “Porque si se empieza por una semilla, el choclo da 500 más. Antes la comían los yuyos, los insectos, plagas; si se puede cosechar es porque se combatieron, se usaron materiales que fijan más la energía solar, que se comen todo el carbono que hay en el aire, que permiten aumentar la densidad de siembra y tener más plantas por hectárea, con una sembradora que las acomode perfectamente a 20 cm entre sí, y no como antes, que había tres plantas juntas, se parasitaban mutuamente y restaba producción, mientras la que estaba sola daba más grandes pero perdiendo el aprovechamiento de la luz solar porque faltaban plantas en el medio”.
Concluye: “El valor agregado de la producción básica es incomparable con todas las posibilidades que abre. Por eso, lo primero es hacerla eficiente”.
De eso habla Gustavo Grobocopatel, conductor de Los Grobo, cuando exhorta a “tener una economía lo más diversificada posible y con cadenas de producción lo más largas posibles también”.
Lo que afirma no entender es el concepto de primarización. “Si uno piensa hoy que producir soja es algo primario está lejos de la realidad, es algo así como pensar que no hay nada mejor que el télex para comunicarse. Hoy el valor agregado está no solo en el valor de un producto o servicio, sino en su capacidad de producción. La soja de hoy es la misma de hace 4.000 años pero el valor agregado es mucho mayor, se produce más y en forma más eficiente por el intensivo uso de conocimientos en el proceso productivo. ¿O hay algo más sofisticado que la biotecnología?, ¿o la electrónica aplicada a las herramientas de siembra y cosecha?, ¿o la química fina, o a la complejidad de gestionar organizaciones en red?”
Precisa lo que entiende por reprimarizar: “tener trabajo de bajo requerimiento de conocimientos, en industrias poco competitivas, subsidiadas o monopólicas, donde los trabajadores no tengan la opción de elegir, o la sola maquila de productos”.
Unos en baja, otros en alza
El escenario que vislumbra Castro para los años que vienen se presenta con claroscuros: por un lado, prevé una tendencia de carácter estructural a la desaceleración de la economía china, que para la década crecerá a 7,5%, o sea 2,5 % menos que lo que logró en los últimos 10 años. Pero al mismo tiempo observa que este es el primero en los 30 años de crecimiento económico chino donde el impulso fundamental ya no proviene de las exportaciones y del aumento de la tasa de inversión, sino del consumo doméstico, en especial del individual.
Traducido para las materias primas, si bien implicaría una disminución de las exportaciones de metales y en general de la industria minera al mercado chino –afectando ante todo al principal exportador mundial de materias primas, sobre todo cobre y carbón que es Australia–, a la vez ese nuevo perfil doméstico del crecimiento chino implica que, en lugar de disminuir las importaciones de materias primas como granos, estarán en alza y seguirán cada vez más.
Vaticina que la tendencia se acentuará en cuanto la población china, más de la mitad urbana, experimente un vuelco al consumo de proteínas cárnicas, la denominada transición dietaria.
En ese aspecto, Grobocopatel apuesta al apalancamiento que, por ejemplo, la soja ejerce sobre los mercados, al darle a la Argentina un liderazgo global, lo cual debería abrirlos y encontrar el espacio para negociar con otros productos en mejores condiciones.
“La soja debe ser la gran aliada de las otras industrias. Es carne y es energía renovable, pero no tiene el poder, sino que son las sociedades las que logran transformarla en bienes públicos y calidad de vida”, remata.
Huergo hace la salvedad: “Todo el país funciona porque hacemos trigo y soja. Lo demás se va encadenando, porque nadie quiere vivir mal. Es mentira que la Argentina se esté primarizando, sino que está desarrollando una industria nueva, a pesar de todo, sin excedentes financieros, porque se los capturan”, enfatiza.
Y se enoja: “¿Qué pasaría si todos esos recursos los tuviera la gente de puerto San Martín, en Rosario, e hiciera los accesos al puerto? Si los dispusiera Urquía para hacer más que el trencito del Nuevo Central Argentino, más canales… Hay que dejar que el dinero vaya al lugar de origen, porque el agregado de valor se genera ahí”.
En ese sentido, Grobocopatel considera que “los términos de intercambio deberían medirse en dólares y no en dólares por tonelada. Si se hiciera así, se comprobaría que estos números mejoraron muchísimo más de lo que se supone en la Argentina y lo más relevante es que se trata de una transformación estructural que pensamos se consolidará en el tiempo”.
Kicillof, el prebischiano
Para los productores, y taxativamente para Huergo, el viceministro Axel Kicillof está en la mira por profesar una filosofía prebischiana, año 30: “El deterioro de los términos del intercambio, la agricultura no agrega valor…”.
Maneja un modelo conceptual que dice esto no sirve, entonces vamos por esa renta y la ponemos en otras cosas, por ejemplo hoy en YPF. Está el shale gas, nadie le lleva el apunte, pero le sacan el dinero a los jubilados y la renta de los sectores competitivos para desarrollar desde el Estado un sector que todos sabemos es plausible, ¿cuántos años de shale gas vamos a tener?”, dispara.
Pone como ejemplo los biocombustibles, negocio que se desarrolló solo y es agregado de valor del aceite, sustitución de importaciones. “Hagamos más biodiésel, que es absolutamente competitivo, lo hicimos, y vino Kicillof y dijo, no, les subimos las retenciones –exclama–. ¿Por qué no deja que los sectores fluyan? No obstante que cortan las brevas inmaduras, no son nadie para decir que este ya es un negocio maduro”.
Exhorta a dejar que se desarrolle esa “tremenda” actividad. Enumera: se están construyendo fábricas, hay detrás consultoras de ingeniería, contadores, analistas, bancos, todos evaluando el negocio de los biocombustibles. Algunos pararon la construcción de las plantas mientras pelean para que se cumplan las reglas. Por si no siguieran acá, los europeos quieren importar el aceite crudo para hacer ellos el biodiésel. Compran la palma en Indonesia y ahora éstos se dieron cuenta y también quieren el aceite para hacer combustible.
Oportunidades
Jorge Castro ensaya un escenario geopolítico en el que encuadra a la Argentina con los países emergentes que se sientan junto a las potencias occidentales en el Grupo de los 20 para asegurar la gobernabilidad global.
Hacia esa órbita, señala, se ha trasladado el eje de la acumulación mundial, que está constituido por tres regiones: la asiática, América latina, en especial Sudamérica, y Europa oriental.
En los países asiáticos, encabezados por China, el crecimiento económico extraordinario de los últimos 30 años ha estado acompañado y se ha revelado a través de un incremento del producto bruto interno per cápita, en primer lugar, y en segundo lugar de un nivel de incremento de la productividad igual o superior al estadounidense.
Pero respecto de América del Sur previene que si bien hubo crecimiento económico debido al boom de las materias primas y su exportación a China, no aumentó la productividad ni el ingreso per cápita en los niveles del mundo avanzado.
O sea que “no hubo convergencia estructural, sobre todo con Estados Unidos, que se realiza a través de dos vectores, que son el incremento de la productividad, por un lado, y por otro, el ingreso real per cápita”.
Y esto es lo que se denomina, metafóricamente, reprimarización.
Ni campo ni chimeneas: industria verde Héctor Huergo llegó al periodismo con el título de ingeniero agrónomo, pero se especializó en economía agraria, en un sitial exclusivo, al que no se acercan las currículas ni los doctorados universitarios. |
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