ANÁLISIS | Perspectiva
Por Gustavo Baiman

Dante Sica
Lo cierto es –dice Sica– que el cambio real se ha apreciado, el mercado laboral está totalmente rígido y la capacidad instalada está en niveles altísimos. La electricidad quizá es el único tema que sigue dando alguna competitividad –aunque más cara que en la salida de la convertibilidad–, ya que sigue más barata que en el resto de la región.
–¿Cómo evalúa el desarrollo industrial de los últimos años y cuál es su lectura del momento actual?
–Los últimos 10 años marcaron un ciclo muy importante en la industria, fue un período de recuperación y fuerte crecimiento. La industria gozó de condiciones de competitividad externa muy favorable, tuvimos un tipo de cambio real muy alto, una elevada desocupación, que hacía que el mercado laboral estuviera altamente ocioso, una muy baja utilización de la capacidad instalada y uno de sus principales insumos, que es el energético, con un precio muy bajo y alta disponibilidad.
Por otro lado hay que subrayar las políticas locales, ya que el Gobierno tuvo la habilidad de reconocer el momento y empujar la demanda agregada. Hoy esas condiciones ya no están; la macro en los próximos 10 años va a ser distinta.
–En este nuevo contexto ¿cuál es el gran desafío, qué objetivos se tendría que plantear la industria?
–Tiene que empezar a mirar un poco más la micro. Si bien el sector se recuperó, ahora el crecimiento se tiene que dar al interior de la industria. La competitividad es muy heterogénea. A diferencia del campo, que tiene una función de producción homogénea, en la industria, en un mismo sector, existen empresas que están trabajando con tecnología de última generación y otras que lo hacen con máquinas que tienen más de 20 años.
Los que no incorporaron tecnología en el ciclo anterior lo van a empezar a sentir ahora. Hay que mirar sector por sector y apostar a una gran reconversión tecnológica, profesionalizar la capacidad de planta, mirar los temas que hacen a la calidad y ser lo suficientemente competitivos para salir al mercado externo.
–¿Y cuál sería la estrategia para lograrlo?
–Hay que empezar a mirar hacia dónde va el mundo, saber qué va a pasar en 2020, hacia dónde se dirige la industria a escala mundial. Después hay que fortalecer las cadenas donde nosotros somos competitivos. En sectores que hoy son exportadores, como el de alimentos o el automotriz, es donde hay que fortalecer las cadenas de producción para no perder ventaja competitiva.
Tiene que haber una política más de diseño en sectores que hay que considerarlos estratégicos, como el metalmecánico, que impacta en el sector automotriz, en el de maquinaria agrícola y en el de bienes de capital. Hay que tener políticas para poder rescatar y poner en valor nuevamente empresas que de alguna manera han tenido un fuerte deterioro tecnológico.
–¿Qué medidas habría que tomar y cuáles son las herramientas para lograr esa transformación?
–Hay que ser lo suficientemente heterodoxo como para, dentro de lo que son los marcos de regulación internacional, utilizar todos los instrumentos que tenemos a nuestro alcance, como políticas de subsidio en términos de tasa de interés o ayuda directa con participación de capital (pero participación de capital con procesos de salida ya pactados, como lo que hizo Estados Unidos en el rescate de General Motors).
–¿Qué otros elementos considera que pueden ayudar al desarrollo industrial?
Los recursos humanos: hay que entender que la política educativa forma parte de la política industrial. Hay que recuperar la excelencia del aparato educativo y vincularlo con el mundo productivo. No vamos a competir con mano de obra abundante y barata; lo hacemos por calidad y competitividad. También es importante la mirada regional, no se puede pensar en una industria de puertas adentro, tenemos que ver qué esta haciendo Brasil o qué pasa en América latina.

