El Fenómeno del Niño, cuyo nivel actual la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA) catalogó como “muy fuerte”, volvió a poner bajo presión a la infraestructura eléctrica en Sudamérica, con efectos potenciales sobre la continuidad operativa de empresas e industrias. La combinación de eventos climáticos extremos y un sistema eléctrico expuesto puede traducirse en cortes de suministro, fluctuaciones de tensión y mayores costos energéticos.
De acuerdo con la explicación técnica difundida por Forza Power Technologies, el fenómeno ocurre en ciclos de entre dos y siete años y se origina por variaciones en la temperatura del Océano Pacífico. Cuando se debilitan los vientos alisios, el agua cálida se desplaza hacia el este y reduce el afloramiento de aguas frías en las costas de Sudamérica, lo que altera el clima en el continente. En el norte de la región —Colombia, Venezuela y Ecuador— se asocia a sequías prolongadas y falta de agua; en el centro y sur, con Brasil y Argentina, tiende a presentarse con exceso de lluvias e inundaciones.
En ambos escenarios, la infraestructura eléctrica queda expuesta. La región depende en buena medida de la generación hidroeléctrica, por lo que resulta vulnerable tanto ante sequías extremas como ante lluvias que afecten embalses y redes de distribución. A ese cuadro se suma, en muchos casos, infraestructura sin mantenimiento óptimo o sin ubicaciones estratégicas para resistir eventos climáticos. El resultado es una presión simultánea sobre oferta y demanda: menos agua disponible limita la producción, mientras que temperaturas extremas elevan el uso de refrigeración, aire acondicionado y ventilación.
“Va a disminuir la oferta de energía y va a aumentar la demanda”, afirmó James Orlando Rincón Ramírez, Regional VAR Account Manager South America de Forza Power Technologies. El directivo también advirtió que, en zonas con exceso de lluvias, las inundaciones pueden dañar subestaciones, convertir sótanos de edificios en áreas de riesgo para tableros eléctricos y derribar redes de distribución.
El impacto no se limita a los apagones. La compañía describió un deterioro en la calidad de la energía, con fluctuaciones, subidas y bajadas de tensión, picos de voltaje y variaciones de frecuencia. Estos eventos pueden afectar servidores, maquinaria industrial, PLCs y computadoras, y el daño puede acumularse como estrés electrónico hasta provocar fallas tras episodios sucesivos.
“Para las empresas, lo más complejo es la baja en la disponibilidad de energía”, señaló Marianela Suco, Territory Manager para Cono Sur de Forza Power Technologies. En su análisis, esa situación puede derivar en salida de operación, daños parciales o totales de equipos, pérdida de información y afectaciones al servicio, con posibles multas y penalizaciones contractuales.
En ese contexto, Forza propuso una estrategia de protección eléctrica en seis niveles: regletas o multitomas con interruptores termomagnéticos; protectores de sobretensiones; protectores de voltaje; reguladores de voltaje sin baterías; UPS interactivas con respaldo por minutos y regulación; y UPS online, orientadas a cargas de misión crítica por su filtrado y señal 100% senoidal pura. La firma también recomendó un enfoque metódico que incluye analizar la infraestructura, ordenar la criticidad de los sistemas, definir qué requiere respaldo en baterías, presupuestar e implementar según disponibilidad, y señaló que las consecuencias del fenómeno podrían prolongarse hasta por 18 meses.


