Comercio globalizado: cuando un cierre portuario en Asia impacta en la logística argentina

En el comercio internacional, las distancias pueden hacer pensar que los problemas ocurridos en un puerto del otro lado del mundo tardarán en llegar. Sin embargo, la dinámica de la logística marítima demuestra lo contrario: una interrupción en uno de los principales nodos del comercio global puede trasladarse rápidamente a las rutas, los costos y los tiempos de entrega. Eso es lo que vuelve relevante lo ocurrido en el corredor Shanghái–Ningbo-Zhoushan.

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Por Ezequiel García Corado (*)

El mismo complejo portuario ha sufrido sucesivas interrupciones provocadas por fenómenos meteorológicos de gran escala. A los cierres previos causados por el tifón Bavi y por Dolphin (que tocó la costa de Zhejiang el 9 de agosto con vientos de 151 km/h), se sumó recientemente el embate del tifón Saudel, obligando a nuevas suspensiones operativas en las terminales.

El dato adquiere especial importancia por el peso que tienen esos puertos en el movimiento mundial de contenedores. Shanghái había alcanzado el 1 de agosto un récord de 203.881 TEU movilizados en un solo día, mientras que Ningbo-Zhoushan es el complejo portuario de mayor volumen de carga del planeta.

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Por eso, cuando una operación de semejante magnitud se detiene de forma reiterada, el efecto no se limita a las horas en las que las terminales permanecen cerradas. El verdadero desafío aparece después, cuando es necesario recuperar el ritmo y reordenar una cadena de transporte saturada.

Ahí entra en escena el llamado “roleo de carga”. Los contenedores que no pudieron embarcar en el servicio previsto deben pasar al siguiente buque disponible. Ese movimiento, que puede parecer una cuestión estrictamente operativa, termina modificando fechas y conexiones a lo largo de toda la cadena logística.

El impacto acumulado de eventos como Bavi, Dolphin y ahora Saudel ha dejado a las terminales con demoras operativas persistentes. A la congestión en los muelles se suma una respuesta directa de las líneas marítimas para intentar reordenar sus cronogramas: el anuncio de blank sailings (suspensiones de salidas de buques) desde Shanghái y Ningbo proyectadas para las próximas semanas.

Aunque la reapertura de las terminales sea progresiva tras el paso de cada tormenta, la cancelación preventiva de salidas reduce drásticamente la capacidad disponible de bodega.

El punto central es que el problema dejó de ser exclusivamente asiático. Las acumulaciones en el corredor chino repercuten en otros grandes puntos de transbordo de la región, como Singapur, Busan y Manila. Estos nodos canalizan buena parte del tráfico entre Asia y Sudamérica, por lo que cualquier alteración en el origen termina afectando los siguientes eslabones.

Y esa tensión se refleja en el mercado de fletes. De acuerdo con informes de S&P Global, las tarifas spot desde el norte de Asia hacia Sudamérica se mantienen elevadas, en un contexto de interrupciones de itinerarios, cancelaciones de salidas e insuficiencia de espacio en las embarcaciones.

La dificultad de los buques para cumplir sus rotaciones habituales genera recaladas omitidas y un mayor volumen de cargas postergadas. A esto se suma que la demanda global de transporte de contenedores continúa creciendo, obstaculizando la descompresión del mercado.

Para quienes participan del comercio exterior argentino, el escenario obliga a mirar la planificación logística con extrema atención. Una operación que en condiciones normales tiene tiempos de tránsito acotados enfrenta hoy una alta variabilidad, especialmente cuando la mercadería depende de Shanghái, Ningbo o de los puntos de conexión del Sudeste Asiático.

No se trata de anticipar un colapso. La capacidad de recuperación demostrada por el sistema portuario chino confirma que la infraestructura puede volver rápidamente a niveles elevados de actividad.

El desafío pasa por saber convivir con la incertidumbre

La temporada de tifones aún no termina y la previsión meteorológica anticipa nuevos ciclones tropicales en la región. En este contexto, la logística demuestra que tiempos y costos no dependen solamente de lo que ocurre en el puerto de destino. Una interrupción por mal tiempo en Asia, sumada a la cancelación de salidas por parte de las navieras, genera movimientos en cadena que terminan impactando en un depósito a miles de kilómetros.

Para los importadores, la consecuencia concreta es la necesidad de incorporar mayor margen de tiempo en sus cronogramas y asumir que las fechas estimadas de arribo seguirán sufriendo modificaciones.

Para el sector logístico, el reto consiste en anticipar esos movimientos, administrar la variabilidad y acompañar a las empresas en un escenario donde la disponibilidad de espacio, las frecuencias y los tiempos de entrega cambian semana a semana.

El episodio de Shanghái y Ningbo-Zhoushan deja una enseñanza clara: en una cadena global profundamente interconectada, el lugar donde se origina una demora o un blank sailing está muy lejos de ser el único lugar donde se siente su impacto.

(*) Gerente general de Outland Logistics

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