Hábitat para la Humanidad Argentina impulsa una inmobiliaria social para activar viviendas vacías

Con foco en el sur de la Ciudad de Buenos Aires, donde CIPPEC relevó 150.000 viviendas vacías, la organización plantea que el déficit habitacional es un problema de desconexión y avanza en el diseño de un modelo para recuperar inmuebles en desuso y generar vivienda asequible

spot_img

El déficit habitacional en la Argentina es estructural y, en la actualidad, ni el Estado ni el mercado han logrado darle una respuesta. En ese marco, Hábitat para la Humanidad Argentina sostiene que el debate público suele quedar condicionado por “mitos y prejuicios” que traban la posibilidad de construir soluciones innovadoras a un problema de larga data.

Bárbara Bonelli, directora nacional de Hábitat para la Humanidad Argentina, plantea que la conversación sobre vivienda tiende a concentrarse en la construcción de unidades nuevas, una estrategia que puede resultar contraproducente por sus costos directos e indirectos. Entre esos costos menciona la necesidad de extender servicios básicos hacia nuevos barrios, con el consecuente crecimiento de la mancha urbana. “Es relevante pensar en llevar a las personas a la ciudad y no solo la ciudad a las personas”, dijo Bonelli, directora nacional de Hábitat para la Humanidad Argentina.

En esa discusión aparece un dato puntual: solo en el sur de la Ciudad de Buenos Aires hay 150.000 viviendas vacías. La cifra proviene de CIPPEC y, para la organización, evidencia la existencia de un parque habitacional ya conectado a servicios e infraestructura que, en teoría, podría volcarse al mercado. La pregunta central es por qué ese stock permanece sin uso.

Publicidad

La existencia de inmuebles desocupados, sostiene la entidad, no responde necesariamente a la indiferencia. En muchos casos, se trata de decisiones racionales en contextos percibidos como irracionales: propietarios que no alquilan por temor a perder su patrimonio; terrenos que quedan improductivos porque las condiciones económicas invitan más a esperar que a desarrollar; e inmuebles abandonados que se mantienen vacíos porque resulta más sencillo —aunque más costoso— sostenerlos desocupados que ponerlos en circulación.

El impacto de esa dinámica excede lo habitacional. Las viviendas vacías se convierten en “vacíos urbanos”, con tramos oscuros e inseguros donde avanza el deterioro y proliferan plagas y riesgos sanitarios, desde el contagio de enfermedades como el dengue hasta la degradación edilicia. Al mismo tiempo, del otro lado de la ecuación, la falta de acceso a la vivienda se expresa en trayectorias de vida suspendidas: jóvenes que retrasan proyectos familiares porque no pueden independizarse; trabajadores que destinan una parte cada vez más creciente de sus ingresos al alquiler; y familias que se alejan de los centros urbanos hasta que el costo del transporte anula cualquier ahorro e impacta en la calidad de vida.

En ese diagnóstico, la vivienda aparece como una relación entre personas, confianza, expectativas, oportunidades y miedos. La paradoja, para la organización, no es la coexistencia de viviendas desocupadas y personas sin vivienda, sino que “con esta ecuación, todos pierden”, dijo Bonelli, directora nacional de Hábitat para la Humanidad Argentina.

Con ese punto de partida, Hábitat para la Humanidad Argentina explora una “inmobiliaria social” orientada a conectar propiedades sin destino con hogares que necesitan un lugar para vivir. El objetivo es generar vivienda asequible para quienes hoy no encuentran respuesta en el mercado tradicional y, en paralelo, promover regeneración urbana a través de la recuperación de viviendas y espacios en desuso. La organización informó que avanzó en el diseño del modelo y en la preparación de pruebas piloto destinadas a validar sus principales hipótesis, con la meta de construir evidencia sobre una alternativa sostenible y escalable.

spot_img
spot_img
spot_img
spot_img
spot_img
spot_img
spot_img
spot_img
spot_img
spot_img

CONTENIDO RELACIONADO