Alquiler y vejez en CABA: suben los hogares inquilinos y cae la propiedad

Un análisis de la Fundación Tejido Urbano, a partir del caso de la española Maricarmen Abascal, releva que entre 2001 y 2022 crecieron los hogares mayores que alquilan en la Ciudad de Buenos Aires y retrocedió la tasa de vivienda propia, un cambio con impacto en la sostenibilidad residencial y en la agenda de políticas habitacionales

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En septiembre de 2026, Maricarmen Abascal, de 87 años, fue desalojada de la vivienda del barrio madrileño de Retiro en la que había vivido durante 71 años. Tras la repercusión pública del caso, alcanzó un acuerdo que permitió su regreso, con un contrato por ocho años y una renta cercana a los 500 euros mensuales, con mediación de la Empresa Municipal de Vivienda y Suelo de Madrid.

El episodio funcionó como punto de partida para un análisis en profundidad de Matías Araujo, investigador de la Fundación Tejido Urbano, que establece paralelismos entre España y Argentina y pone el foco en el avance del alquiler en edades avanzadas. El trabajo sostiene que el “envejecimiento inquilino” ya forma parte del presente y anticipa una ampliación del fenómeno a medida que envejezcan generaciones jóvenes con trayectorias de alquiler más prolongadas.

Diferencias generacionales en España y cambios en Buenos Aires

En España, la estructura de tenencia muestra una brecha marcada por edad. En 2025, entre los hogares cuya persona de referencia tiene 65 años o más, el 88% residía en vivienda propia y apenas el 5,6% alquilaba a precio de mercado. En el extremo opuesto, entre los hogares menores de 30 años, el 50,3% alquilaba y el 31,1% accedía a la propiedad.

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En la Ciudad de Buenos Aires, el alquiler ganó participación en el conjunto de los hogares y también entre los mayores. El Censo 2022 registró 517.768 hogares inquilinos, equivalentes al 36,8% del total; en 2001 eran 227.545 (22,2%). En paralelo, el parque residencial pasó de alrededor de 1,35 a 1,61 millones de viviendas particulares, mientras los hogares aumentaron de 1,02 a 1,41 millones.

El crecimiento llegó a las edades avanzadas: entre 2001 y 2022, los hogares inquilinos con jefatura de 65 años o más pasaron de 29.949 (10,2%) a 53.453 (14,7%). En el mismo período, la tasa de propiedad en mayores de 65 años cayó del 82,4% al 76,2%. A escala de los aglomerados urbanos del país, Tejido Urbano estimó que 359.754 personas de 60 años o más viven en viviendas alquiladas.

Trayectorias laborales, fragilidad y redes de apoyo

El informe plantea que la situación habitacional en la vejez se construye durante décadas y depende de inserción laboral, formalidad de ingresos, ahorro y acceso al crédito. En Argentina, la informalidad puede limitar la capacidad de demostrar ingresos, acceder al crédito hipotecario y acumular ahorro; cerca del retiro, esa trayectoria puede expresarse en menores ingresos previsionales y menos recursos patrimoniales para sostener la vivienda.

Araujo advierte que “el envejecimiento en situación de alquiler es una realidad del presente, cuya escala se ampliará”. También señala: “Una situación habitacional puede mantenerse durante décadas y volverse frágil cuando cambian las condiciones económicas, contractuales o personales”. En CABA, además, la composición de los hogares mayores inquilinos agrega una dimensión de apoyo: en 2022, el 56,5% era unipersonal y otro 15,1% estaba conformado exclusivamente por una pareja.

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