La innovación disruptiva no necesariamente parte de inventar una necesidad nueva, sino de encontrar una forma distinta de satisfacer una demanda ya existente. Ese enfoque desplaza la pregunta clásica sobre qué crear hacia otra más operativa: qué se puede hacer para facilitar el acceso a necesidades tradicionales mediante métodos más eficientes y económicos.

Marcos Victorica, economista y CEO de BAS Storage, sostiene que el punto de partida suele ser la revisión de una regla que el mercado considera natural. “La innovación consiste en mirar lo que ya existe y las reglas del mercado desde otro ángulo”, señaló Victorica. En esa lógica, el objetivo es satisfacer necesidades de las personas, tanto las existentes como las que aparecen a partir de nuevas realidades.

Reorganizar recursos y relaciones

El autor recurre a casos conocidos para ilustrar el mecanismo. Los taxis existían antes de Uber, al igual que los vehículos, los conductores y las personas que necesitaban trasladarse. El cambio no estuvo en inventar esos elementos, sino en modificar la forma en que se relacionaban: una aplicación permitió conectar pasajeros y conductores, coordinar viajes, establecer precios y procesar pagos desde un mismo lugar.

Una dinámica similar se observa en los marketplaces. La compraventa entre particulares tampoco nació con internet; lo que se alteró fue la estructura del negocio. Una plataforma puede conectar a miles o millones de compradores y vendedores sin comprar mercadería, sin almacenarla y sin un local para exhibirla. En ese esquema, el activo principal pasa a ser la capacidad de organizar, facilitar y hacer más seguro el encuentro.

Airbnb aplica una lógica comparable al alojamiento. Habitaciones y departamentos disponibles ya existían; la plataforma convirtió esa oferta dispersa en un mercado accesible, estandarizado y seguro. Para Victorica, la clave es que la innovación siempre consiste en reorganizar recursos que ya estaban disponibles.

Del self-storage al modelo condo-storage

En esa línea, el directivo introduce el caso del self-storage. En Estados Unidos existe desde hace décadas un mercado consolidado de depósitos individuales que los usuarios alquilan para guardar pertenencias. A partir de una pregunta —por qué esos edificios solo pueden comercializarse en bloque y quedar accesibles para grandes empresas o millonarios— surge el concepto de condo-storage.

La idea toma como referencia el modelo argentino de cocheras derivado de grandes garajes subdivididos en propiedad horizontal: se trata de subdividir el storage en unidades independientes que pueden adquirirse individualmente. El negocio de fondo sigue siendo el almacenamiento, pero cambia su estructura económica: en lugar de que todas las unidades queden bajo un único operador que las alquila, pueden existir distintos propietarios por unidad. El usuario puede convertirse en propietario y el inversor participar en un activo vinculado a una actividad inmobiliaria y operativa.

También recupera el caso de Robert Kearns, ingeniero estadounidense que desarrolló y patentó en la década de 1960 un sistema de limpiaparabrisas intermitente. El litigio contra Ford comenzó en 1978 y se extendió durante años, hasta que la compañía acordó pagarle una compensación de US$ 10,2 millones.