Cada año, el 21 de octubre se celebra el Día Mundial del Ahorro Energético, una fecha que promueve la reflexión sobre el modo en que se utiliza, cuida y, en ocasiones, se desperdicia la energía en la vida moderna. Si bien las discusiones suelen centrarse en las grandes industrias o políticas públicas, este día invita a considerar también la incidencia de las decisiones cotidianas en los hogares.
En el ámbito doméstico, una porción significativa del consumo energético se atribuye a electrodomésticos como heladeras, lavarropas, microondas y aires acondicionados. Estas tecnologías, presentes en la vida diaria, tienen un impacto relevante en el entorno, aunque muchas veces no se advierte la magnitud de su consumo ni el potencial de pequeñas acciones para reducirlo.
Delfina Reyes, coordinadora de Marketing de Hector Codini S.A., sostiene que “la eficiencia energética ya no es un atributo adicional, sino una característica esencial”. Según la directiva, el diseño y los componentes de los electrodomésticos actuales buscan maximizar el rendimiento minimizando el consumo.
La responsabilidad, de acuerdo con Reyes, no recae únicamente en los fabricantes. Los usuarios también cumplen un papel clave mediante la elección de electrodomésticos eficientes y la adopción de hábitos que eviten el uso innecesario o continuo. “Gestos pequeños, pero que, multiplicados por millones de hogares, pueden tener un impacto real y duradero”, afirma.
En un escenario global que demanda avanzar hacia un modelo energético sostenible, el ahorro energético es visto como una oportunidad para optimizar y replantear rutinas. Reyes concluye: “El ahorro energético no empieza en las centrales ni termina en las tarifas. Empieza, muchas veces, en casa”.












