La expansión acelerada de la inteligencia artificial (IA) volvió a poner bajo análisis el impacto ambiental de la infraestructura digital que sostiene su crecimiento, en particular por el consumo de energía y agua asociado a los centros de datos. En la antesala del Día Mundial del Medio Ambiente, el tema se instaló con más fuerza en la agenda de gobiernos, empresas y organismos internacionales.
Análisis difundidos por la ONU advierten que el consumo de energía y agua de los centros de datos podría duplicarse hacia 2030 como consecuencia de la creciente adopción de soluciones de IA. El planteo aparece en un contexto en el que estas tecnologías prometen impulsar la productividad, optimizar operaciones y acelerar la innovación en múltiples sectores, pero también exigen fortalecer capacidades energéticas y tecnológicas para acompañar su desarrollo de manera sostenible.
En términos de escala, los centros de datos representan cerca del 3% del consumo eléctrico global, según estimaciones citadas por McKinsey & Company. Ese dato funciona como punto de partida para una discusión que no se limita al crecimiento de la demanda, sino que se extiende a cómo se diseña y opera la infraestructura que procesa y almacena datos.
“La discusión no debería centrarse únicamente en cuánto consume la inteligencia artificial, sino en cómo diseñamos la infraestructura que la hace posible”, dijo Sofía Yrigoyen, líder de Sustentabilidad de Schneider Electric para Argentina, Paraguay y Uruguay.
La directiva enumeró variables operativas y tecnológicas que pueden incidir en la huella ambiental de los centros de datos: “La eficiencia de los centros de datos, sus sistemas de refrigeración, el nivel de electrificación y la incorporación de energías renovables son factores que pueden marcar una diferencia significativa en su impacto ambiental”, dijo Yrigoyen.
En ese marco, la eficiencia energética, la digitalización y la incorporación de energías renovables aparecen como ejes para reducir el impacto ambiental asociado al crecimiento de la economía digital. La discusión se concentra en cómo acompañar el ritmo de adopción de la IA con infraestructura que contemple el uso de recursos y el desempeño operativo.
En paralelo, Argentina y América Latina cuentan con condiciones favorables para atraer inversiones vinculadas a la nueva economía digital, apoyadas en una matriz energética relativamente más limpia que la de otras regiones. El desafío, en ese escenario, pasa por traducir esa ventaja en proyectos capaces de combinar innovación, resiliencia operativa y sostenibilidad, sin comprometer objetivos ambientales de largo plazo.












