viernes, 4 de septiembre de 2026

Bodega Malma: agua de deshielo, biodiversidad y certificaciones para producir en Neuquén

Desde San Patricio del Chañar, la bodega organiza su producción vitivinícola con foco en el uso eficiente del agua, la medición de impacto ambiental y un esquema de certificaciones, en un contexto patagónico de escasas precipitaciones y amplitud térmica.

Bodega Malma desarrolla en San Patricio del Chañar, Neuquén, un modelo de vitivinicultura que integra el cuidado del ambiente y la eficiencia en el uso de los recursos a lo largo de todo el proceso productivo, desde el viñedo hasta la bodega. En una región atravesada por escasas precipitaciones y vientos constantes, la gestión del agua aparece como un punto operativo central, junto con prácticas orientadas a la biodiversidad y un esquema de certificaciones.

El proyecto nació en 2004 y cuenta con 127 hectáreas de viñedos implantados en un entorno de suelos permeables, con marcada amplitud térmica. En ese marco, la bodega sostiene que la sustentabilidad se expresa como una mirada integral de la vitivinicultura. Esa definición incluye el cuidado del viñedo, el uso de los recursos, los procesos de bodega, la trazabilidad y el vínculo con el entorno patagónico.

Las condiciones del lugar son parte del planteo productivo. La bodega detalla que el clima favorece la sanidad de la fruta y permite que las raíces crezcan en profundidad. También atribuye a la amplitud térmica durante la maduración un aporte al equilibrio entre acidez y azúcar, mientras que los vientos se asocian a la concentración, el color y la estructura de las variedades cultivadas.

En los viñedos se producen principalmente Pinot Noir, Malbec, Merlot, Cabernet Sauvignon, Sauvignon Blanc y Chardonnay. Sobre las prácticas agronómicas, la bodega afirma: “En sus viñedos, Bodega Malma fomenta la biodiversidad, reduce al mínimo el uso de insumos externos, protege la vida del suelo y cuida la calidad del agua”. El enfoque busca preservar un paisaje vivo y diverso, en armonía con el ecosistema patagónico, respetando ciclos naturales y con una perspectiva de largo plazo.

El manejo del agua se apoya en una infraestructura específica. El proyecto requirió el desarrollo de un sistema de irrigación que reencauza agua de deshielo del río Neuquén para el riego de las chacras. La infraestructura contempla un canal de 20 kilómetros, siete plantas de bombeo, centrales de filtrado y riego por goteo localizado, computarizado y automatizado. Según se describe, el sistema permite administrar el recurso de acuerdo con las necesidades del viñedo y realizar un seguimiento preciso del consumo.

La misma lógica de medición y mejora continua se extiende a la gestión de residuos y energía, las prácticas vitícolas y los procesos de bodega. En ese marco, la bodega obtuvo el sello Vitivinicultura Argentina Sostenible —impulsado por la Corporación Vitivinícola Argentina y el Consejo Federal de Inversiones— y la certificación Bodegas de Argentina – Sustentabilidad Certificada, que contemplan uso eficiente de agua y energía, gestión de residuos, prácticas vitícolas e impacto social y laboral.

A esas acreditaciones se suman la certificación vegana para los vinos correspondientes y la certificación orgánica de la línea Intemperie, que contempla controles durante tres años en viñedo y un año en tanque, con renovación anual. Además, Bodega Malma mide su huella de carbono junto a Ecoqualis, con el objetivo de conocer el impacto ambiental de su actividad y detectar oportunidades de mejora, mientras comercializa sus vinos en mercados como Estados Unidos, Reino Unido y Brasil.