El mercado global de granos atraviesa una fase de volatilidad con el trigo como principal protagonista, en un contexto marcado por la escalada del conflicto en Irán y el estancamiento de las negociaciones. Ese escenario volvió a tensionar los mercados energéticos, elevó el precio del petróleo y reintrodujo una “prima bélica” en los *commodities* agrícolas.
Dante Romano, profesor e investigador del Centro de Agronegocios y Alimentos de la Universidad Austral, ubicó el movimiento del cereal en una combinación de cobertura de demanda e incertidumbre, junto con señales de debilidad del lado de la oferta. “El mercado internacional está muy alcista, con compradores que buscan cubrirse ante la incertidumbre y una oferta que empieza a mostrar señales de debilidad en los principales países productores”, dijo Romano, profesor e investigador del Centro de Agronegocios y Alimentos de la Universidad Austral.
Entre los factores alcistas, se destacan las perspectivas de menor producción en Australia y Canadá. En el caso australiano, el impacto de un año Niño —históricamente negativo para los rindes— se suma al aumento en los costos de fertilización. En Canadá, se proyecta una caída cercana a 4 millones de toneladas en la cosecha. A ese cuadro se agrega una situación climática adversa en Estados Unidos: el trigo de invierno muestra 30% en condición buena a excelente, frente al 49% del año pasado, con 70% del área afectada por sequía.
La demanda también acompaña el rally. Países importadores incrementan compras para asegurar abastecimiento ante el conflicto en Medio Oriente. Arabia Saudita adquirió 985.000 toneladas en una licitación superior a lo habitual y solicitó rutas alternativas de abastecimiento. “La necesidad de construir stocks de seguridad está cambiando la lógica del mercado: pasamos de una preocupación por excedentes a un escenario donde la disponibilidad empieza a ser una incógnita”, dijo Romano, profesor e investigador del Centro de Agronegocios y Alimentos de la Universidad Austral. En paralelo, el mercado sigue de cerca el informe del USDA del 12 de mayo, con nuevas proyecciones globales para la campaña 2026/27.
Mientras el trigo marca el rumbo, el maíz y la soja se mantienen más estables, con el mercado concentrado en el avance de siembra en Estados Unidos. Ambos cultivos muestran un progreso superior al del año pasado, con condiciones climáticas favorables que no generan, por el momento, señales de alerta. En soja, la demanda sigue liderada por China, que prioriza compras desde Brasil y, en menor medida, Argentina, y relega a Estados Unidos por cuestiones de precio; la cumbre bilateral del 14 y 15 de mayo podría reactivar compromisos de compra. A más largo plazo, China proyecta reducir 6% sus importaciones de soja, aunque con mayor molienda impulsada por la demanda de biodiesel.
En Argentina, el cambio hacia un clima más seco y frío permitió acelerar la cosecha de soja, que alcanza 18,3%, aunque sigue retrasada respecto del promedio histórico. Los rindes informados son de 40,5 qq/ha en el Núcleo Sur y 39,6 qq/ha en el Núcleo Norte, con una proyección de producción de 48,6 millones de toneladas. El ingreso tardío de mercadería generó cuellos de botella logísticos, con fuerte concentración de camiones en los puertos.
En el plano comercial, el comportamiento del productor muestra contrastes: en soja, las ventas con precio siguen muy retrasadas (9% del total), mientras que en maíz se observa una mayor disposición a vender, que permitió a los exportadores armar programas de embarque agresivos en los últimos meses. En trigo, de cara a la próxima campaña, la intención de siembra en Argentina muestra una caída de 3%, con una proyección de 6,5 millones de hectáreas, concentrada en la zona núcleo y el sur, mientras que NOA y NEA podrían expandirse por la buena humedad del suelo.












