La forma de financiar estudios en México se reconfigura a partir del aumento de los costos educativos, la especialización profesional y la necesidad de mantenerse actualizado en un mercado laboral más competitivo. En ese escenario, Laudex analizó cómo las personas y las familias cubren colegiaturas y gastos asociados, y qué lugar ocupan hoy los créditos educativos en esa ecuación.
Uno de los datos que expone el relevamiento es la convivencia entre estudio y empleo: más del 60% de los estudiantes universitarios en México combina sus estudios con actividades laborales para cubrir gastos relacionados con su educación. El fenómeno se inscribe en un esquema de financiamiento más fragmentado, donde el ingreso propio y el apoyo familiar se complementan con otras fuentes.
En paralelo, la entidad registró diferencias en los montos promedio solicitados según el destino de los estudios. De acuerdo con cifras de Laudex, el monto promedio pedido para estudiar en el extranjero es de $643.473 pesos mexicanos, mientras que para estudios nacionales es de $388.789 pesos mexicanos. La brecha sugiere que la planificación financiera cambia de manera sustancial cuando se trata de programas fuera del país, tanto por el costo directo como por los gastos asociados.
Laudex también describe un uso creciente de esquemas combinados de financiamiento. En ese formato, las familias mexicanas integran ahorro, apoyo familiar, becas parciales y productos financieros para cubrir colegiaturas y otros gastos educativos. A la vez, el documento señala que miles de personas continúan utilizando tarjetas de crédito o préstamos personales para pagar estudios, aun cuando esos productos “no fueron diseñados específicamente para educación”.
El análisis incorpora además un dato de contexto: México continúa por debajo del promedio de países de la OCDE en acceso a educación superior, lo que mantiene vigente la necesidad de ampliar herramientas de financiamiento y de acceso académico. En ese marco, la percepción sobre el crédito educativo también se modifica: durante mucho tiempo, el financiamiento para estudiar se asoció al endeudamiento o a riesgos financieros, pero hoy más personas comienzan a interpretarlo como una herramienta de planeación e inversión a largo plazo.
“La conversación sobre educación en México ya no se limita únicamente a ingresar a una universidad”, dijo Francisco Cordero, CEO de Laudex. La entidad identifica, además, mitos frecuentes alrededor del financiamiento educativo, como la idea de que “son iguales a cualquier préstamo”, que “solo sirven para licenciaturas” o que “solo los usan personas sin recursos”, frente a esquemas con períodos de gracia o modalidades flexibles y a su uso para maestrías, diplomados, certificaciones, idiomas y programas internacionales.
A nivel internacional, el financiamiento educativo se consolidó durante décadas como una herramienta para ampliar el acceso a universidades, posgrados y programas especializados en países como Estados Unidos, Reino Unido o Australia, mientras que en México “la conversación apenas comienza a tomar fuerza”.












