Los mercados financieros atraviesan un período de tensión que empieza a reflejarse en los activos argentinos, en un escenario internacional marcado por la escalada del conflicto en Medio Oriente, el alza del precio del petróleo y una mayor aversión global al riesgo. En ese contexto, Mills Capital evaluó la dinámica de tasas y liquidez y concluyó que el margen para una baja adicional de tasas resulta “extremadamente acotado”.
En el frente de tasas, la caución en 21% fue interpretada como señal de “liquidez excedente de cortísimo plazo”. Sin embargo, otros indicadores funcionan como referencia mínima para el rendimiento en pesos. La TAMAR se ubica en torno al 27% y la curva de letras a tasa fija muestra, en los tramos más cortos, rendimientos cercanos a 25% TNA. En esa lectura, la re-monetización controlada del BCRA apunta a absorber pesos sobrantes para evitar que se desplacen hacia el dólar financiero, en un marco en el que la demanda de dinero todavía se considera frágil.
La estructura de la curva de letras refuerza ese diagnóstico. Mills Capital señaló una pendiente positiva que exige alrededor de 25% TNA en el corto plazo y escala hasta 32% hacia mediados de 2027. Ese comportamiento sugiere que el mercado dejó de descontar nuevas bajas y se posiciona para un escenario de estabilidad o un rebote leve de tasas.
El análisis también planteó un contrafactual: si el Banco Central dejara de absorber liquidez, las tasas podrían bajar aún más, pero a costa de perder el incentivo a permanecer en pesos. En ese esquema, las operaciones de pase (repos) aparecen como la herramienta con la que el BCRA sostiene la estabilidad cambiaria.
La posibilidad de forzar una baja adicional fue presentada como un riesgo para el equilibrio financiero. Con una inflación mensual proyectada en 2%-3%, una tasa mensual de 1,5%-1,7% —como la que surge de la caución— ya se ubica en terreno negativo en términos reales. Una reducción mayor podría ampliar la brecha cambiaria, generar rebrotes inflacionarios por exceso de oferta de pesos no demandados y acelerar una rotación de carteras que debilite el apetito por activos en moneda local.
En materia de precios, el informe advirtió señales de mayor presión en el corto plazo. Marzo se caracteriza por un componente estacional vinculado a ajustes concentrados en educación por la vuelta a clases y por actualizaciones de precios regulados como tarifas y combustibles, rubros con peso significativo en el índice.
A ese cuadro se suma la inflación implícita que surge de los arbitrajes entre letras a tasa fija y bonos con ajuste CER, que supera el máximo del REM y se acerca a 3%: “oscila entre 2,8% y 3%”. En esa misma línea, el documento sostuvo que “el sendero de desinflación del que se viene hablando se vuelve a patear para adelante” y que el objetivo de que la inflación “empiece con 0% posiblemente no sea lograble este año”.












