El riesgo país avanzó hacia la zona de los 500 puntos y volvió a influir en el desempeño de los activos argentinos, en un contexto en el que, para Mills Capital, el movimiento se explica más por factores externos y por volatilidad propia del mercado que por un deterioro de los fundamentos macroeconómicos. El análisis fue presentado por Emilio Botto, jefe de Estrategia e Inversiones de la firma.
Botto sostuvo que el salto del indicador se dio después de una mejora de la calificación crediticia a B-. En su lectura, además, se mantuvieron señales macro que no convalidan por sí solas el cambio de nivel: la balanza comercial “volvió a mostrar un resultado récord”, el resultado fiscal “continúa siendo positivo”, el nivel de actividad “mejoró” y el Banco Central “sigue acumulando reservas, aunque a un ritmo menor”. En ese marco, planteó que “la suba del riesgo país hasta la zona de 500 puntos tiene un impacto negativo sobre los activos argentinos, pero por ahora la lectura parece estar más vinculada a factores externos”.
En el plano doméstico, el directivo identificó un componente adicional de incertidumbre política y de percepción asociado a “las recientes señales y comunicaciones”. Sin embargo, consideró que todavía es temprano para asignarle un peso determinante, en particular porque “aún no está definido quién será el principal candidato opositor”.
Del lado externo, el principal factor de presión aparece en el empinamiento de la parte larga de la curva de Treasuries. Según Botto, los bonos argentinos presentan una sensibilidad elevada a los movimientos de las tasas largas de Estados Unidos y, por su mayor beta, tienden a amplificar esos cambios. Por eso, parte de la suba del riesgo país respondió a una combinación de tasas internacionales más altas y mayor volatilidad propia de los activos argentinos. En esa línea, afirmó que “en términos de fundamentals, no hubo un cambio que justifique por sí solo el movimiento desde la zona de 400 hasta los 500 puntos”.
En paralelo, los analistas de Mills Capital observaron que la volatilidad de las tasas de corto plazo comenzó a normalizarse durante la última semana, aunque desde niveles todavía elevados. En su evaluación, “consideramos probable que las tasas puedan bajar algo más en los próximos días”, con la atención puesta en una próxima licitación del Tesoro con vencimientos cercanos a los $16 billones. En ese contexto, señalaron que resulta difícil sostener tasas de mercado sostenidamente altas si el objetivo es renovar esos vencimientos en condiciones razonables.
En el mercado cambiario, el tipo de cambio oficial superó la barrera de los $1.500. Botto interpretó ese movimiento como reflejo de la presión acumulada por la inflación y de la necesidad de ajustar el atraso cambiario. También describió una dinámica de corrección ordenada, más que un shock, con futuros y bonos dólar-linked mostrando señales de calma relativa, aunque con el riesgo latente de que un repunte inflacionario o una menor oferta de divisas obliguen a acelerar la trayectoria del dólar.












