El trayecto del consumidor moderno ha dejado de ser una línea recta. Hoy en día, el proceso de decisión transita entre publicaciones en redes sociales, herramientas de inteligencia artificial, buscadores y tiendas físicas. Datos de la Cámara Argentina de Comercio Electrónico (CACE) muestran que el 85% de los compradores en Argentina investiga en el entorno digital antes de concretar una transacción en un local comercial, lo que evidencia la consolidación de un modelo híbrido. A su vez, el informe Connected Shoppers de Salesforce señala que el 53% de los usuarios descubre productos mediante plataformas sociales, cifra que asciende al 76% en la Generación Z.
Esta mutación en los hábitos implica que las empresas ya no solo deben diversificar sus canales de venta, sino integrar eficientemente la operación operativa y digital. Según el Adyen Retail Report 2025, más de un tercio de los consumidores incorpora herramientas de inteligencia artificial o modelos de lenguaje (LLM) durante sus búsquedas. Este fenómeno exige que las compañías procesen volúmenes masivos de información de forma instantánea para mantener la coherencia en la oferta y la disponibilidad del servicio.
Desde la firma de soluciones tecnológicas TIVIT, destacan que el desafío central pasa por estructurar arquitecturas capaces de sostener esta omnicanalidad. Aspectos clave como la visibilidad del inventario en tiempo real, la escalabilidad ante picos de demanda y la automatización de procesos críticos resultan determinantes para evitar fricciones en la experiencia del cliente.
La complejidad del ecosistema exige minimizar interrupciones y reforzar la seguridad de los datos. En un mercado dinámico, la competitividad de las organizaciones ya no depende únicamente de la atracción de clientes, sino de la capacidad técnica para respaldar cada interacción en tiempo real.












