En la Argentina, una parte mayoritaria de los patrimonios presenta exposición jurídica, fiscal o sucesoria sin que sus dueños lo adviertan. El abogado especialista en planificación patrimonial Juan Manuel Curubeto estimó que seis o siete de cada diez casos atraviesan algún nivel de vulnerabilidad, con fallas estructurales que pueden activarse en cuestión de meses ante el primer conflicto.
El planteo parte de una distinción entre la acumulación de bienes y su resguardo efectivo frente a contingencias. “El error más frecuente es creer que tener bienes equivale a tener el patrimonio protegido. No es lo mismo. Se puede construir riqueza durante toda una vida y perderla en meses si no está bien estructurada”, dijo Juan Manuel Curubeto, abogado especialista en planificación patrimonial.
Entre las causas más repetidas aparece la concentración de activos a título personal, sin previsión sucesoria ni estructuras que funcionen como resguardo ante contingencias legales o comerciales. En esa dinámica, la fragilidad no suele originarse en una decisión puntual, sino en la acumulación de elecciones no planificadas. En ese marco, juicios, divorcios, sucesiones conflictivas o problemas societarios pueden activar riesgos latentes y comprometer en pocos meses lo que llevó décadas construir.
El diagnóstico también apunta a que el nivel de ingresos no opera como garantía. Incluso perfiles de alto patrimonio pueden repetir fallas similares. En ese universo, Curubeto enumeró errores frecuentes: bienes a nombre personal sin evaluación de riesgos; mezcla entre patrimonio familiar y actividad empresarial; falta de planificación sucesoria; estructuras societarias sin sustancia real; acuerdos informales sin respaldo legal; subestimación del impacto de conflictos familiares; y ausencia de revisión periódica.
En el contexto argentino, el análisis incorpora variables del entorno económico y laboral. La presión impositiva total sobre empresas puede superar el 100% de las ganancias, según el Banco Mundial, mientras que la informalidad laboral alcanza cerca del 36%, de acuerdo con el Indec. Con alta carga fiscal, informalidad extendida y conflictividad legal, la exposición patrimonial deja de ser un riesgo eventual y pasa a ser una condición de base, incluso para patrimonios altos.
Dentro de un entorno macroeconómico volátil, Curubeto describió un cambio en la lógica patrimonial: ya no alcanza con generar, ahora se vuelve clave diseñar. Entre las estrategias mencionó la separación de riesgos personales y empresariales, la planificación sucesoria anticipada, el uso de fideicomisos, donaciones con reserva de usufructo y estructuras societarias correctamente implementadas.
“El primer paso no es mover activos, sino entender la situación real: qué se tiene, a nombre de quién, qué riesgos existen y qué pasaría ante un conflicto”, dijo Curubeto. Ese análisis debe contemplar activos muchas veces subestimados, como inversiones en el exterior, criptomonedas o participaciones informales.












