El Índice de Confianza en el Gobierno (ICG) se ubicó en 2,02 puntos en abril de 2026, con una caída mensual de 12,1% y una baja interanual de 13,2%, según informó la Escuela de Gobierno de la Universidad Torcuato Di Tella . Se trata del descenso más pronunciado del año y marca el cuarto retroceso consecutivo desde enero.
El indicador, que se construye sobre una escala de 0 a 5 a partir de encuestas de opinión pública, refleja una tendencia descendente en la percepción social sobre la gestión. En lo que va del año, la contracción acumulada alcanza el 17,9%.
Un deterioro generalizado
Todos los componentes del índice registraron caídas en abril. El subíndice de eficiencia mostró la mayor contracción, con una baja de 21,4%, seguido por la evaluación general del gobierno (-17,2%) y la percepción sobre la preocupación por el interés general (-13,9%).
Este comportamiento sugiere un deterioro transversal en la evaluación de la gestión, que no se limita a un aspecto puntual sino que abarca dimensiones clave como la capacidad operativa y la orientación de las políticas públicas.
En términos comparativos, el nivel actual del ICG se ubica por encima del registrado durante la gestión de Alberto Fernández en igual período, pero levemente por debajo del observado en el gobierno de Mauricio Macri.
El vínculo con la economía
La evolución del índice no puede disociarse del contexto macroeconómico. La economía argentina transita una fase de ajuste, con desaceleración inflacionaria parcial pero con impacto negativo sobre la actividad, el empleo y el consumo.
En ese marco, las expectativas económicas emergen como un factor determinante. El informe muestra que el nivel de confianza es significativamente más alto entre quienes esperan una mejora de la economía en los próximos doce meses (4,03 puntos), en contraste con los niveles registrados entre quienes proyectan estabilidad o deterioro.
Este dato refuerza una hipótesis recurrente en la historia económica argentina: la legitimidad política tiende a estar estrechamente asociada a las expectativas más que a los resultados inmediatos. Cuando la promesa de mejora pierde credibilidad, la confianza se ajusta con rapidez.
Segmentación social y territorial
El descenso del índice presenta matices según segmentos. La caída más pronunciada se observa en el grupo de entre 30 y 49 años, mientras que los jóvenes de 18 a 29 años mantienen el nivel más alto de confianza relativa.
También se registran diferencias geográficas. El interior del país continúa mostrando niveles más elevados que el Área Metropolitana de Buenos Aires, aunque todas las regiones evidencian retrocesos en abril .
En términos educativos, el segmento con nivel secundario completo exhibe la mayor caída mensual, lo que sugiere una sensibilidad particular de los sectores medios frente al deterioro económico.
Una señal política en un ciclo económico incierto
La caída del ICG se inscribe en una dinámica más amplia. En los últimos meses, distintos indicadores de la economía real —producción industrial, consumo masivo y empleo— mostraron señales de debilidad, en línea con el proceso de estabilización basado en el ajuste fiscal y monetario.
En ese contexto, la confianza aparece como una variable intermedia entre la política económica y la reacción social. No se trata de un dato aislado, sino de un termómetro que anticipa tensiones en la sostenibilidad del programa.
El desafío para la administración consiste en sostener las expectativas en un escenario donde los beneficios del ajuste aún no se traducen en mejoras visibles para amplios sectores. La evolución de los próximos meses permitirá evaluar si la caída de abril constituye un episodio puntual o el inicio de una tendencia más persistente.












