Planet abre en Berlín una fábrica para producir hasta 60 satélites por año

La planta de 5.700 metros cuadrados fabricará la nueva generación Pelican y sumará 70 empleos. Alemania combina producción local, acceso exclusivo a imágenes y almacenamiento de datos en Europa.

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Planet abrió en Berlín su primera fábrica integral de satélites fuera de Estados Unidos. La instalación podrá producir hasta 60 unidades Pelican por año y concentra construcción, ensayos y preparación para el envío en un mismo lugar.

La producción comenzará durante el otoño europeo. La compañía prevé terminar el primer satélite antes de que finalice 2026 y lanzarlo a comienzos de 2027 en un cohete Spectrum de Isar Aerospace.

La planta ocupa 5.700 metros cuadrados en el distrito Mitte y agregará 70 empleados a un equipo que ya reúne cerca de 150 personas en Berlín. La ciudad funciona desde hace más de una década como sede europea de Planet y aloja operaciones de misión, procesamiento de imágenes y desarrollo de programas.

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Una fábrica ligada a contratos públicos

La inversión industrial coincide con una mayor demanda estatal de observación terrestre. El Ministerio Federal del Interior alemán adjudicó a Planet un contrato con opciones por hasta €25 millones durante cinco años para dar a organismos civiles acceso dedicado a una constelación de alta resolución.

La Agencia Federal de Cartografía y Geodesia coordinará imágenes solicitadas sobre áreas específicas, mosaicos nacionales y análisis geoespaciales. El acuerdo incluye una plataforma alojada en infraestructura europea y destinada a más de 400 instituciones federales que ya utilizan datos de Planet.

El modelo amplía el significado de soberanía espacial. Alemania no compra ni opera toda la constelación, pero obtiene prioridad para ordenar imágenes, una plataforma local para procesarlas y una cadena de fabricación dentro del país.

Soberanía con una empresa estadounidense

La localización tiene un límite corporativo. Planet Labs Germany pertenece a Planet Labs PBC, cuya casa matriz está en San Francisco y cotiza en la Bolsa de Nueva York. La planta traslada capacidad industrial y tratamiento de datos a Europa, pero no modifica la propiedad de la tecnología ni del grupo.

Esa combinación aparece con frecuencia en la política espacial europea: los gobiernos buscan control operativo y residencia local de los datos sin esperar el desarrollo completo de un proveedor nacional. Para la compañía, el esquema permite vender servicios dedicados además de imágenes de una flota compartida.

Pelican es la plataforma central de esa estrategia. Cada satélite pertenece a la clase de 300 kilos y ofrece imágenes con resolución cercana a 30 centímetros. La nueva planta deberá transformar una capacidad anunciada en una producción regular, con calidad homogénea y plazos compatibles con contratos públicos.

El negocio crece con defensa e inteligencia

Planet llegó a la expansión con mejores ingresos. En su segundo trimestre fiscal de 2027 facturó u$s 116,1 millones, 58% más que un año antes, y obtuvo un EBITDA ajustado de u$s 13,9 millones. El resultado neto continuó en terreno negativo, con una pérdida de u$s 9,4 millones.

La compañía cerró el período con u$s 865,4 millones entre efectivo, equivalentes e inversiones de corto plazo. También informó una cartera de contratos pendientes cercana a u$s 814,9 millones. Los acuerdos con gobiernos de Alemania, Suecia, Estados Unidos y otros clientes europeos ocupan una parte creciente de la estrategia.

Más de 30% del personal global de Planet trabaja en Europa y casi la mitad de los datos de la constelación se descarga mediante estaciones ubicadas en la región. La fábrica agrega el eslabón que faltaba: la construcción del satélite.

La capacidad deberá convertirse en entregas

El máximo de 60 unidades anuales describe la capacidad de diseño de la instalación, no un volumen ya contratado. Su utilización dependerá de la demanda por Pelican, de la disponibilidad de componentes y del calendario de lanzamiento.

Los primeros hitos serán la finalización del satélite inicial y su vuelo con Isar Aerospace. Después deberá comprobarse si la planta puede sostener una cadencia que justifique su escala y ampliar la base de clientes europeos sin depender de un único programa público.

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