Las enfermedades cardiovasculares continúan siendo la principal causa de muerte a escala mundial, de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS). En ese marco, el Día Mundial del Corazón, que se conmemora cada 29 de septiembre, se plantea como una instancia para reforzar medidas preventivas asociadas a los hábitos: alimentación equilibrada, actividad física y control de factores de riesgo como hipertensión, colesterol elevado y tabaquismo.
En esa línea, MSD Salud Animal puso el foco en la carne de cerdo y en la revisión de un mito persistente sobre su contenido graso. La compañía señaló que la evolución de la producción porcina modificó la composición de esta carne y que hoy existen numerosos cortes magros que pueden incorporarse a una dieta variada y equilibrada.
Perfil nutricional y cortes de consumo habitual
Uno de los puntos destacados es el perfil de ácidos grasos. Más de la mitad de las grasas presentes en la carne de cerdo corresponden a ácidos grasos insaturados, entre los que se encuentra el ácido oleico u Omega 9, también presente en alimentos como el aceite de oliva. A su vez, los cortes magros presentan un contenido reducido de grasa total y aportan proteínas de alto valor biológico.
La carne de cerdo también se describe como fuente de vitaminas del complejo B y minerales como hierro, zinc, fósforo, potasio y magnesio, nutrientes asociados a funciones que van desde el metabolismo energético y el sistema nervioso hasta la formación de glóbulos rojos y el mantenimiento del sistema inmunológico.
En cortes de consumo habitual, se detallan valores de proteína y grasa por cada 100 gramos. Opciones como la cuadrada, la paleta, la bola de lomo y la nalga aportan más de 19 gramos de proteína cada 100 gramos y presentan bajos niveles de grasa total. En términos aproximados, la cuadrada contiene 2,3 gramos de grasa cada 100 gramos; la paleta, 2,4 gramos; la bola de lomo, 2,7 gramos; y la nalga, 3,3 gramos.
Producción, consumo y recomendaciones de preparación
Sobre los cambios en la cadena productiva, “Los avances en genética, nutrición, manejo, bienestar y sanidad animal permitieron producir animales más saludables”, destacó Eugenia Proclemer, directora de la Unidad de Negocios de Porcicultura de MSD Salud Animal. En esa misma intervención, la ejecutiva sostuvo: “Este crecimiento sostenido refleja una transformación profunda de toda la cadena porcina”.
En las últimas dos décadas, el consumo de carne porcina en Argentina prácticamente se cuadruplicó, al pasar de alrededor de cinco kilos por habitante al año a cerca de 20 kilos. La tendencia continuó durante 2026: en los primeros ocho meses del año, la producción porcina creció 12,4% interanual y la faena aumentó 11,1%. En ese contexto, el sector proyecta que el consumo podría alcanzar los 28 kilos per cápita hacia 2032.
Para elegir y preparar carne de cerdo, se recomienda priorizar cortes magros como peceto, carré, cuadril, solomillo y lomo, además de cuadrada, paleta, bola de lomo y nalga. También se sugieren métodos de cocción simples —horno, plancha o parrilla—, conservar la humedad en cortes muy magros, retirar el exceso de grasa cuando corresponda y asegurar una cocción segura mediante pautas de manipulación y temperatura.


