domingo, 14 de junio de 2026

    El auge de las viviendas customizadas

    Si bien los barrios privados o cerrados comenzaron a desarrollarse en la década de los ´70, el boom de los countries explotó en los ´90, cuando las clases medias acomodadas prefirieron el verde y la seguridad a la poca hospitalidad de las ciudades. La ampliación de la infraestructura de transporte y la extensión de las autopistas prendieron la mecha para el crecimiento de este tipo de comunidades, provocando un éxito sin precedentes en el mercado inmobiliario argentino. Aun con el corralito, cada vez son más las personas que toman la opción de vivir en un ámbito que promete seguridad y tranquilidad.


    En el último año, la recesión hizo lo suyo también en este negocio, pero durante la liberación parcial de los plazos fijos entre febrero y abril se registraron muchas operaciones, también con capital proveniente del exterior. Así, Pulte Homes, compañía estadounidense desarrolladora de residencias, vivió una situación excepcional tras la pesificación, porque sus costos llegaron a equipararse con el precio de una vivienda urbana.


    La empresa, que el año pasado facturó US$ 5.400 millones a escala mundial, opera en tres de los countries que registraron mayor actividad durante los últimos tiempos: La Lomada de Pilar Barrio Club, Nordelta Ciudad Pueblo y Abril Club de Campo. En 2001, la filial argentina de Pulte lanzó un plan de inversión de US$ 200 millones destinados a la construcción de casas y a la ampliación de terrenos en barrios privados.


    En sólo nueve meses desde su desembarco en la Argentina, las ventas de la empresa alcanzaron una cifra récord: 110 casas entregadas con llave en mano. “Somos el único constructor en barrios privados que opera a gran escala -informa Daniel Rudolph, gerente de Marketing de la firma estadounidense-. Hasta ahora, en el mercado inmobiliario suburbano argentino, nunca una compañía entregó esa cantidad de viviendas.”

    Casas con color local


    Las casas Pulte no son seriadas, sino que son customizables, de acuerdo con las necesidades del comprador. De esta manera, se puede elegir entre 1.800 opciones, con diversas fachadas, formas arquitectónicas y decoración. “Si bien Pulte es una compañía estadounidense, de ninguna manera está atada a los estándares de construcción de ese país”, asegura Rudolph. Y agrega que antes de iniciar operaciones en la Argentina el año que pasó -la primera casa fue entregada el 26 de julio de 2001- la empresa estuvo cuatro años estudiando el mercado local e investigando las preferencias de los potenciales consumidores. “Como resultado de ese estudio, construimos con el sistema tradicional argentino, con estructura de hormigón y paredes de ladrillo que es lo que la gente prefiere”, destaca el gerente de Marketing.


    Entre febrero y abril -ayudados por la liberación parcial del corralito-, Pulte vendió 75 casas. La compañía prevé para este año alrededor de 200 ventas, un volumen sorprendente tomando en cuenta la actual coyuntura. En este momento, están construyendo alrededor de nueve casas por mes.


    La situación económica del país benefició con creces a todos aquellos que tenían dólares en mano: el valor en moneda extranjera de las casas nunca se encontró tan bajo. “Quienes el año pasado tenían US$ 150.000 no podían acceder a la compra porque las casas valían US$ 250.000; hoy, en cambio, esa familia sí tiene una opción real de compra”, asegura Rudolph.


    De todas maneras, algunos de los proyectos de la empresa se vieron truncados a partir de los vaivenes económicos del año 2002. “En Estados Unidos, Pulte opera no sólo en la construcción de viviendas, sino que también gestiona el financiamiento de las mismas a través de su firma Pulte Mortgage. Teníamos todas las intenciones de trabajar de la misma forma en la Argentina pero, por el momento, este proyecto está demorado debido a la inestabilidad de las condiciones legales y económicas del país”, concluye el directivo de la compañía.