-Desde distintos sectores se pide un cambio fundacional para el país. ¿Cuáles deben ser las bases de ese cambio?
-No es la primera vez que se habla de un cambio fundacional. Lo llamativo es que quienes hablan de estos cambios son los principales exponentes de la construcción de lo que ahora quieren cambiar. En ese sentido hago una reivindicación general, no sólo personal, de Elisa Carrió. Somos los que pagamos los costos de criticar al modelo que hoy todos critican. Quien lee mis libros o escritos ve que mi crítica es a un modo de organización económica y social, que no se define por una variable o política, sino por la forma en que los elementos necesarios para que funcionen la economía y la sociedad se integran en relación de dependencia. Nuestra crítica es sistémica. En todos los órdenes que hacen a las leyes que definen al funcionamiento de la economía y la sociedad, hay que producir cambios. Somos conscientes de que hay muchas limitaciones, como en el plano fiscal, para hacer esos cambios. Hablamos de un cambio en la estrategia de desarrollo, que significa modificar dos cuestiones centrales: inversión y distribución.
-¿Cómo se modifican?
-Tenemos una definición muy clara. En primer lugar, las economías de mercado no funcionan con órdenes institucionales iguales, ni siquiera en los países desarrollados. No cuestionamos la vigencia de una economía de mercado. Sí el tipo de arreglo institucional, el tipo de economía de mercado que se ha intentado imponer en el país y que consideramos nocivo.
-¿Cuál es el arreglo institucional que propone?
-En una situación crítica como la argentina hay que asentarse en las pocas certezas que quedan. Una de ellas son los beneficios que otorga la situación geográfica del país. Esto significa que hay que tener una política muy clara con respecto a lo que se debe hacer con las rentas naturales. Hay que tener una clara preferencia por consolidar una estrategia comercial con nuestros socios del Mercosur. También nos tenemos que asentar sobre los recursos humanos. Las fuentes genuinas del crecimiento económico son el progreso técnico y la incorporación de tecnología más apta para el proceso productivo. No creemos que la Argentina puede crecer por entrada cíclica de capitales que no vengan a sumarse a una estrategia de desarrollo que no esté basada en estos temas. Pensamos que el país necesita una economía de mercado que desactive los monopolios y oligopolios. Esto es aplicable a todos los mercados o sectores. Y se requiere un sistema que dé ciertas seguridades básicas a la población en ingresos, empleo y cobertura en cuestiones familiares. Esto hace más eficiente a una economía. Por eso cuestionamos la desregulación laboral y las reformas en áreas sociales. No han redundado en ningún beneficio. Han creado la ilusión de que un país puede ser competitivo si baja los salarios al mínimo o soportar una presión social con más desempleo y precariedad laboral.
-El sistema tributario es criticado desde casi todos los sectores. ¿Cómo lo modificaría?
-Es criticado pero no se hizo ninguna reforma. Esto es interesante. Hay otras cosas que se han criticado y se cambiaron. Pasó con la regulación del mercado laboral e hicieron la reforma que hicieron. Criticaron el sistema de políticas sociales y desmantelaron ese sistema. Lo único que no reformaron fue el sistema tributario que criticaron. Por eso tengo dudas sobre en qué medida la crítica es honesta. Los conservadores que hicieron todas las reformas en la década del ´90 reformaron todo lo que criticaban menos el sistema tributario.
-¿Qué cambios requiere y por qué no se hicieron?
-La Argentina tiene, en términos de presión tributaria efectiva, un nivel de recaudación bajo, por lo que debe aumentar ese nivel efectivo. Tiene un serio problema de fiscalidad, por lo que los niveles de evasión son muy fuertes. Y gran parte de los problemas de fiscalidad y evasión se debe a que el país necesita un ente recaudador con más recursos, capacitación e independencia del poder político. Y para mejorar esto hay que cambiar los modos de fiscalización; crear una corresponsabilidad entre Nación y provincias en la recaudación de todos los impuestos. Uno de los problemas de la evasión es que las provincias participan en el reparto de la coparticipación pero no tienen injerencia práctica en la fiscalización de recaudación del IVA, por ejemplo. Si las provincias renunciaran al reparto de ingresos brutos a cambio de tener una participación más efectiva y directa sobre el IVA permitiría bajar la evasión.
-¿La Argentina debe especializarse en sus exportaciones o no debe limitarse en esta política?
-El país sigue teniendo un nivel de exportaciones bajo, comparado con el PBI. No parece razonable sacrificar el mercado interno en favor de la exportación. No creo que el sector exportador, como está hoy, tenga suficiente fuerza para sacar al país de la recesión, sostener un crecimiento equilibrado y, mucho menos, para generar eslabones que signifiquen mayores niveles de empleo y apoyo a otros sectores que no sean exportadores. El sector exportador en sí mismo no es una panacea en la Argentina. Algunos dicen que la globalización económica es un proceso que tiende a que sólo jueguen los grandes actores, y en algunos casos hablan de especialización. Pero la Historia demuestra que a medida que los niveles de ingresos aumentan en los países desarrollados y que los de consumo se vuelven más sofisticados, hay más lugar para la producción y la comercialización de productos muy especializados que pueden ser provistos por países de menor tamaño. La experiencia internacional indica que no se es competitivo por tener un precio relativo como el tipo de cambio en un nivel muy alto. La genuina competencia se logra a partir de un sistema económico que en su conjunto funciona de modo competitivo, con insumos y recursos humanos adecuados y una economía integrada. Y el camino sigue siendo el Mercosur, porque actuar en un bloque es mejor que hacerlo de manera aislada y porque allí va gran parte de nuestro comercio. Por otro lado, los problemas monetarios del país serían más fáciles de manejar si se tuviera una cierta coordinación macroeconómica y monetaria con los socios del bloque, porque nos daría mayor respaldo. La dolarización, a la que me opongo, cierra cualquier posibilidad de coordinación monetaria.
-¿Qué tipo de sistema financiero habrá luego de la crisis? ¿Hay posibilidades de renacionalización de la banca?
-No hay sistema financiero que funcione sin confianza. Es falso que funcione sólo con cobertura de todos los depósitos. Como resultado del desastre que hemos hecho, la Argentina ha perdido la confianza, el insumo más importante del sistema. No se destruyó la confianza en algunas entidades sino en todo el sistema. En un sistema que respondía a reglas de mercado, como era supuestamente el que nos habían querido imponer en la década de los ´90, se hubiese podido distinguir las entidades sólidas y las que estaban dispuestas a absorber pérdidas coyunturales para mantener el negocio en el país. Otro punto que quiero marcar es que el sistema financiero no sólo está sospechado en la Argentina de haber sido utilizado en obras viciadas de ilegalidad y de haber sido un canal de fuga de capitales sino de acelerar la crisis argentina con una conducta procíclica, de fomentar más la crisis. El sector financiero debe entenderse como el de un servicio a empresas y particulares. No se puede hablar de un sector aislado; está vinculado a una estrategia de desarrollo. Tiene que ser adecuado para canalizar crédito hacia donde es necesario. Y controlar la fuga de capitales y la evasión tributaria. Si hay desconfianza en todo el sistema hay que establecer mecanismos de regulación y de control más estrictos. Pero no implica que estos mecanismos distorsionen la competencia en lo referente a los servicios. No es deseable la nacionalización de toda la banca.
-En el estado en que está la banca, ¿estas modificaciones no provocarían una fuga masiva de entidades?
-Depende de la resolución del corralito. Fue un disparate la forma en que se hizo la pesificación y la licuación de deudas. Y dijimos que si no queríamos perder la confianza en los bancos teníamos que atar la devolución de los depósitos a la cobranza de los créditos de empresas con capacidad de pago. Y que si hubiese habido que cambiar depósitos por otros títulos representativos, esos títulos debían ser emitidos por los propios bancos. Pero lo primero que había que haber hecho es no entrar al corralito. Ahora se pide una solución para salir del huracán, cuando uno quedó en un bote sin remos en medio del océano. No es una excusa, pero hay que poner las cosas en claro. Para retomar la confianza lo fundamental es tener una política económica diferente, que retome el crecimiento. Con una estrategia de desarrollo que integre a toda la sociedad, que tenga como prioridad el empleo, las ganancias productivas y no las rentas financieras. Si no se recompone la confianza en el sistema político y en la capacidad productiva, el sistema financiero en sí mismo no podrá recobrar nada. No hay modelo económico, social, judicial que salga adelante en la Argentina sin un proyecto político sustentado sobre una autoridad ética. Aquí no tenemos un poder político con autoridad para confrontar con la fuerza de los que tienen poder de hecho. El primer paso para poder plantear cualquier cuestión es una autoridad pública, una sociedad que la legitime y la apoye, y un proyecto que trascienda al corto plazo. Por suerte algunos premios Nobel y economistas de fuste dicen que el problema principal de la Argentina es que no tiene un proyecto político.
-Entonces no “es la economía, idiota” como decía Bill Clinton en la campaña electoral de 1992.
-No. No “es la economía o la política, idiota”, como dijo Clinton. “Es la autoridad pública, idiota”. Se necesita una autoridad legítima, que cumpla normas y sea fiscalizada por los otros poderes que tengan la misma autoridad ética.
