Cuando se analizan los balances de las empresas privadas que prestan servicios públicos lo primero que llama la atención es la ausencia de huellas del efecto tequila y la recesión. Los esquemas de tarifas reguladas que corren paralelas al costo de vida en Estados Unidos, como en el caso de las telefónicas, o ajustables según índices propios, como las ferroviarias, sirvió de paraguas protector de los vaivenes del mercado local. Los nuevos operadores cuentan, por otra parte, con una demanda relativamente segura y en muchos casos se benefician con su condición de monopolios regionales.
Entre las que exhiben los números más atractivos se destacan las telefónicas. Desde el traspaso de la ex Entel, en noviembre de 1990, tanto Telefónica de Argentina como Telecom no dejaron de aumentar sus ganancias, año tras año, en un contexto de ventas siempre en ascenso. En casi seis años de operación, las dos empresas duplicaron el número de abonados y sus ganancias conjuntas sumaron más de US$ 4.000 millones. Si se compara el desempeño de las dos compañías, Telefónica le saca algunos cuerpos de ventaja a Telecom. En el período 1991-1995, la compañía de capitales españoles obtuvo una ganancia superior a US$ 2.600 millones, mientras que Telecom acumuló US$ 1.027 millones.
Después de exhibir un déficit de US$ 23 millones en 1993, Aguas Argentinas recuperó holgadamente el terreno perdido: entre 1994 y 1995 ganó 80 millones. Sólo el año pasado, los resultados positivos ascendieron a 53,6 millones, con ingresos por 372 millones. Según los cálculos de la compañía, cerrará el actual ejercicio con una utilidad de 60 millones.
También las distribuidoras de gas aumentaron sus ventas y sus ganancias. Tomadas en conjunto, las ocho licenciatarias incrementaron sus ingresos netos de casi US$ 1.968 millones en 1993 a 2.151 millones el año pasado. Sin embargo, según los datos de Enargas, en 1995 no pudieron repetir el incremento de 7,2% que habían logrado en el período 1993/94, y sus ventas sólo crecieron 2%. Pero mientras la facturación aumentaba las utilidades se fueron reduciendo. Cayeron desde US$ 318,9 millones en 1993 hasta 274 millones al año siguiente, y a 226,9 millones en 1995.
MetroGas aportó una buena parte de la facturación total de las distribuidoras. Sus ventas netas pasaron de US$ 708 millones en 1993 a 727,4 millones en 1994 y apenas descendieron a 699 millones el año pasado. Las utilidades, sin embargo, se redujeron bastante en el mismo período: de US$ 91,3 millones en 1993 descendieron a 38,5 millones en 1995.
En sus primeros tres ejercicios, Gas Natural BAN obtuvo US$ 1.098,1 millones en concepto de ingresos netos por ventas y servicios y un promedio de utilidades anuales de cerca de US$ 50 millones, con US$ 47,4 millones el año pasado.
A las transportadoras les fue bastante mejor: las ganancias representan casi 50% de su facturación. TGS y TGN tuvieron ventas por US$ 453,4 millones en 1993, US$ 509 millones en 1994 y US$ 548,9 millones en 1995, y el aumento se reflejó en las ganancias. De 1993 a 1994, las utilidades crecieron 26,9% y apenas 0,6% el año pasado, cuando alcanzaron a US$ 233,3 millones. En el ejercicio concluido en diciembre pasado Transportadora de Gas del Sur exhibió una ganancia neta de impuestos que ascendió a $ 181,04 millones. La gestión en curso se inició con un beneficio de $ 41,39 millones en el primer trimestre, a los que se sumaron $ 43,09 millones en el segundo. En el primer semestre, las ventas alcanzaron a US$ 196,5 millones. Transportadora de Gas del Norte tampoco registró pérdidas desde que se hizo cargo de la concesión, aunque su performance no fue tan brillante como la de TGS. En 1993 ganó US$ 44 millones, que treparon a US$ 52,9 millones al año siguiente y apenas retrocedieron a 52,3 millones en 1995. La facturación también saltó de US$ 127,6 millones de 1993 a 155,4 millones el año pasado.
A diferencia de lo que sucedió con las telefónicas y las empresas de gas, no todos los operadores eléctricos pudieron mostrar balances positivos desde el comienzo. Por el lado de las generadoras, tanto Central Costanera como Central Puerto, desde el primer momento, registraron una alta rentabilidad. En el caso de Central Costanera, desde que inició sus operaciones (mayo del 1992) hasta el primer semestre de este año lleva acumulada una ganancia de US$ 131 millones, mientras que Central Puerto suma una cifra apenas superior, US$ 142 millones.
En cambio, las distribuidoras Edenor y Edesur tuvieron que esperar un par de años para levantar cabeza. En sus dos primeros ejercicios Edenor acumuló una pérdida de US$ 112 millones, mientras que Edesur casi llegó a US$ 100 millones. La distribuidora de la zona norte alcanzó su punto de equilibrio en 1994, pero Edesur tuvo que esperar doce meses más, ya que ese año su balance arrojó una pérdida de US$ 16 millones. Sin embargo, a partir de ese momento, la compañía controlada por capitales chilenos viene reportando las mayores ganancias. El año pasado tuvo un saldo positivo de US$ 74,4 millones y, en el primer semestre de 1996, de US$ 46 millones, frente a los US$ 46,5 millones y US$ 31 millones (1995 y primer semestre de 1996, respectivamente) de Edenor.
A. S. y N. E.
Transportadora de Gas del Sur
Informar y escuchar
El proceso de privatización de las empresas de servicios públicos generó en las nuevas compañías concesionarias la necesidad de poner en práctica una activa política de comunicación institucional. Antes, recuerda Luis Atucha, gerente de Relaciones y Comunicaciones Institucionales de Transportradora Gas del Sur (TGS), “había muchas preguntas pero pocas respuestas”.
El crecimiento del cliente en su condición de tal, afirma, hace que las empresas de servicios públicos privatizadas “tengan la obligación de comunicarse no solamente con ellos sino también con la opinión pública en general”.
Como una parte importante de su política de comunicaciones, TGS le otorgó a la memoria anual un carácter especial. Ademas de informar a los accionistas acerca de todo lo relacionado con los aspectos contables, industriales y financieros de la compañía, incluye capítulos destinados a divulgar las principales características del país en el exterior.
“Partimos de la base”, sostiene Atucha, “de que la empresa constantemente tiene cosas que comunicar. Y si no se tiene mucho para decir, es importante que lo poco que se diga sea coherente con la realidad”.”El área de las comunicaciones empresariales en la Argentina está experimentando un proceso de transformación muy importante. Una adecuada política en este terreno disminuye notablemente los riesgos del rumor, que suele ser el actor permanente de la manipulación de la información dentro de la empresa, cuando la comunicación falta o es insuficiente.”
Atucha destaca que, en materia de comunicaciones a nivel nacional, “es muy importante la labor desarrollada por el Instituto de Estudios de la Comunicación Institucional (Icomi), creado por la Universidad de Ciencias Empresariales y Sociales (Uces).
Una encuesta realizada por el Icomi determinó que, hasta no hace mucho tiempo, la mayoría de los gerentes de comunicaciones institucionales de las empresas eran abogados, lo que de algún modo reflejaba la actitud predominante de las empresas de actuar constantemente a la defensiva. “Hoy existe un criterio casi unánime alrededor del principio de que las empresas deben adoptar una actitud muy abierta con el periodismo”, señala Atucha. “Este cambio de política incluye el concepto de que comunicar no es solamente brindar información, sino también tomar en cuenta al que escucha.”
L. G.
