El pasanaku, un sistema de ahorro colectivo de origen boliviano, se plantea como una alternativa para repensar el acceso a la vivienda en la Argentina, más allá de los caminos tradicionales de la compra al contado o el crédito hipotecario. La idea se basa en la organización de un grupo de personas que aporta una suma fija todos los meses, con la particularidad de que, en cada período, uno de los integrantes recibe el total reunido.
Juan Manuel Tapiola, CEO de Spazios, propone llevar esa lógica al mercado inmobiliario para convertirla en una herramienta orientada a la compra de una propiedad. “La idea es sencilla. Un grupo de personas se organiza, cada una aporta una determinada cantidad de dinero todos los meses y, en cada período, uno de los integrantes recibe el total reunido”, explicó.
Cómo funciona el fondo común
El mecanismo se apoya en la diferencia entre el ahorro individual y la concentración de aportes en un fondo común. Como ejemplo, Tapiola plantea que si diez personas ahorran US$ 500 por mes, cada una acumularía US$ 6.000 al año. En cambio, si esas diez personas reúnen esos aportes en un fondo común, todos los meses uno de los integrantes puede recibir US$ 5.000.
El integrante que recibe primero accede a una ventaja temporal: puede avanzar antes con la compra de su propiedad, mientras el resto continúa aportando hasta completar el ciclo. En el esquema descripto, si todos los participantes compran una propiedad, el proceso completo puede extenderse durante 100 meses, es decir, ocho años y cuatro meses. La lógica, sin embargo, no se limita a ahorrar durante todo ese período para comprar al final, sino que apunta a que los integrantes accedan a la propiedad a medida que el fondo se forma.
Reglas, administración y actualización de aportes
El planteo parte de un diagnóstico sobre el mercado local: muchas personas pueden pagar una cuota mensual, pero no tienen el capital inicial necesario para comprar al contado. En ese contexto, Tapiola cuestiona la idea de que existan solo dos caminos —contado o hipoteca— y plantea la necesidad de ampliar herramientas para canalizar la capacidad de ahorro.
El esquema requiere reglas claras y mecanismos formales de administración. “Cuando juntás el dinero de muchas personas durante varios años, la confianza no puede depender solamente de la buena voluntad”, señaló Tapiola. En esa línea, enumeró la necesidad de contratos y definiciones sobre qué ocurre si alguien deja de pagar, cómo se asignan las propiedades, cómo se actualizan los valores y cómo se protegen los intereses de todos los participantes.
Otro punto central es la evolución del precio de las propiedades durante el período. El sistema contempla actualizar periódicamente los aportes tomando como referencia la evolución del valor inmobiliario, con el objetivo de preservar el poder de compra del fondo común.


