Las comunicaciones militares están dejando de depender de una única órbita. La Marina de Guerra del Perú amplió su colaboración con SES para incorporar una solución que combinará capacidad de satélites geoestacionarios (GEO) y de órbita terrestre baja (LEO) en sus operaciones marítimas.
El sistema dará servicio a bases costeras, aeronaves y embarcaciones que operan dentro del dominio marítimo peruano. También estará disponible a bordo del B.A.P. “Unión”, el buque escuela a vela de la Marina, durante su Viaje de Instrucción al Extranjero VIEX-2026.
El acuerdo tiene una dimensión que supera la incorporación de ancho de banda. La Marina busca disponer de una infraestructura capaz de mantener comunicaciones seguras y administrar sus enlaces con mayor autonomía, un requisito que adquirió mayor relevancia para las fuerzas armadas a medida que los sistemas satelitales se transformaron en una parte central de las operaciones.
Dos órbitas para una misma red
La arquitectura elegida combina dos tipos de infraestructura con características diferentes.
Los satélites GEO operan a unos 36.000 kilómetros sobre la superficie terrestre y permanecen aparentemente fijos respecto de un punto del planeta. Esa característica permite cubrir grandes extensiones con relativamente pocos satélites y explica por qué esta órbita ha sido utilizada durante décadas para telecomunicaciones, televisión y servicios gubernamentales.
Las constelaciones LEO funcionan mucho más cerca de la Tierra, normalmente a algunos cientos o pocos miles de kilómetros de altura. Esa menor distancia permite reducir la latencia —el tiempo que demora la información en viajar entre dos puntos de la red—, aunque exige constelaciones formadas por numerosos satélites para mantener cobertura continua.
La combinación permite utilizar las ventajas de ambas arquitecturas y, al mismo tiempo, reducir la dependencia de un único sistema. Para operaciones militares, esa redundancia puede resultar tan importante como la velocidad de transmisión.
Si un enlace presenta dificultades, una arquitectura multiórbita puede ofrecer rutas alternativas para mantener las comunicaciones. La lógica es similar a la que comienza a imponerse en otras redes críticas: no depender exclusivamente de una infraestructura cuando la continuidad del servicio constituye una necesidad operacional.
El B.A.P. “Unión” como primer escenario
Uno de los puntos concretos del acuerdo será el B.A.P. “Unión”, buque escuela a vela de la Marina de Guerra del Perú y utilizado también como plataforma de representación del país durante sus recorridos internacionales.
La solución gestionada por SES permitirá mantener comunicaciones en tiempo real durante despliegues internacionales y circunnavegaciones. El servicio estará disponible durante el VIEX-2026, según informó la compañía.
Pero el alcance anunciado es más amplio. La infraestructura está destinada a conectar bases costeras, aeronaves y embarcaciones, lo que supone construir una red capaz de acompañar operaciones desarrolladas simultáneamente en tierra, aire y mar.
SES también señaló que la Marina dispondrá de capacidades de cifrado seguro y gestión operativa sobre la infraestructura. El objetivo es incrementar el control sobre las comunicaciones y reducir dependencias en funciones consideradas críticas.
La soberanía también pasa por las comunicaciones
La palabra que aparece detrás de este tipo de contratos es soberanía.
Durante décadas, las comunicaciones satelitales militares estuvieron asociadas principalmente con la disponibilidad de capacidad. La expansión de las constelaciones comerciales y la creciente digitalización de las operaciones modificaron el problema: ahora importa también quién administra la red, qué grado de prioridad posee el usuario, cómo se cifra la información y qué alternativas existen si una parte de la infraestructura deja de estar disponible.
La guerra en Ucrania terminó de mostrar hasta qué punto las redes satelitales comerciales pueden convertirse en infraestructura estratégica. Comunicaciones, navegación, inteligencia y observación terrestre dependen cada vez más de sistemas espaciales que, en muchos casos, son operados por compañías privadas.
Ese cambio está creando un mercado en el que las fronteras entre telecomunicaciones comerciales y defensa resultan menos rígidas.
Para SES, el contrato peruano se inscribe precisamente en ese espacio. La compañía considera al acuerdo un paso relevante para su actividad en el mercado latinoamericano de defensa.
“Al integrar capacidades GEO y LEO, estamos habilitando comunicaciones resilientes que fortalecen la efectividad operativa y respaldan los objetivos de seguridad nacional”, afirmó Ricardo La Guardia, vicepresidente de Datos Fijos para las Américas de SES.
Un mercado de defensa que cambia
El movimiento también refleja una transformación más amplia dentro de la industria satelital.
La aparición de grandes constelaciones LEO introdujo capacidad, menor latencia y nuevos modelos comerciales en un mercado históricamente dominado por operadores geoestacionarios. Frente a ese cambio, una de las respuestas de los operadores tradicionales ha sido avanzar hacia arquitecturas capaces de integrar diferentes órbitas en una misma solución.
Para los gobiernos, el atractivo no reside necesariamente en elegir entre GEO o LEO, sino en poder utilizar ambas redes según las necesidades de cada misión.
En defensa, además, existe otra variable: la resiliencia de una red aumenta cuando las comunicaciones pueden distribuirse entre diferentes satélites, órbitas y segmentos terrestres. Una infraestructura más distribuida presenta más alternativas ante interrupciones, interferencias o problemas técnicos.
Perú ya posee experiencia en comunicaciones satelitales navales. Documentación técnica de la propia Marina describía años atrás el uso de infraestructura satelital en banda Ku y capacidad del satélite SES-10 dentro de su sistema institucional. La nueva etapa amplía esa lógica hacia una arquitectura multiórbita.
El acuerdo no convierte a Perú en propietario de una constelación ni elimina su dependencia de operadores comerciales. Introduce, sin embargo, otra lógica: contratar capacidad de diferentes órbitas como una infraestructura integrada y administrarla con mayores niveles de control, seguridad y redundancia.
En un escenario en el que las comunicaciones espaciales forman parte creciente de las operaciones militares, esa diferencia comienza a tener valor estratégico.












