Automatizar para adaptarse: el desafío que hoy enfrentan las empresas

Por: Sebastián Bainer, Senior Vice President & Head of LatAm en GlobalLogic.

spot_img

Durante mucho tiempo, la automatización fue presentada como una tecnología del futuro. Una inversión para cuando las condiciones fueran más favorables, los sistemas estuvieran preparados o existiera un presupuesto específico para llevar adelante la transformación. Ese momento ya pasó.

Hay una idea que todavía persiste en algunas empresas: que no automatizar es una decisión neutral. No lo es. Cada día que una organización mantiene procesos manuales, sistemas que no se comunican entre sí o tareas repetitivas que podrían resolverse de otra manera, está asumiendo un costo que muchas veces no aparece en los balances.

Ese costo se refleja en las horas que un empleado dedica a copiar información de un sistema a otro, en las tareas que deben repetirse porque hubo un error, en los tiempos de espera entre una etapa y la siguiente o en los datos que llegan tarde para tomar una decisión.

Publicidad

En Argentina, donde las empresas necesitan permanentemente encontrar nuevas formas de hacer más con los recursos disponibles, este desafío adquiere una dimensión todavía mayor. La automatización ya no puede pensarse como una iniciativa tecnológica aislada, sino como una decisión estratégica para mejorar la productividad y sostener la competitividad.

Los datos muestran que las empresas ya están avanzando en esa dirección. Según una encuesta de Gartner publicada en abril de 2026, realizada a CEOs y líderes empresariales, el 80% espera que la inteligencia artificial genere cambios de moderados a significativos en las capacidades operativas de sus organizaciones. Sin embargo, el 54% reconoce que actualmente la automatización todavía está limitada a tareas específicas. Esto demuestra que el desafío para las empresas no es únicamente incorporar nuevas tecnologías, sino adaptar sus procesos y modelos operativos para aprovechar todo su potencial.

 

El primer paso no es tecnológico

En GlobalLogic acompañamos a empresas de distintas industrias en sus procesos de transformación y vemos una realidad que se repite: muchas veces, el mayor desafío no está en la tecnología disponible, sino en identificar qué procesos necesitan realmente transformarse.

Cuando una compañía mantiene durante años una tarea manual porque “siempre funcionó así”, esa dinámica no permanece estática. A medida que crece el negocio, también aumentan las transacciones, los datos, los clientes y la cantidad de personas involucradas. Lo que antes podía resolverse con una planilla o una serie de acciones rutinarias empieza a convertirse en un cuello de botella.

Por eso, antes de pensar qué tecnología incorporar, hay que hacerse una pregunta más básica: ¿qué estamos haciendo hoy qué podríamos hacer de una manera diferente?

La respuesta puede estar en automatizar una tarea puntual, integrar sistemas que funcionan de manera independiente o rediseñar una operación completa. Pero también puede implicar modernizar tecnologías existentes y combinar datos e inteligencia artificial para analizar información, identificar patrones y asistir en determinadas decisiones.

La automatización cobra valor cuando parte de una necesidad concreta del negocio. No se trata de incorporar herramientas por el solo hecho de incorporarlas, sino de conectar tecnología, datos y procesos para resolver problemas reales y generar resultados que puedan medirse.

Cómo la IA cambia las reglas

La evolución de la inteligencia artificial está llevando esta conversación un paso más adelante.

Durante años, la automatización estuvo asociada principalmente con actividades estructuradas y repetitivas. Hoy, la combinación de IA, datos y automatización permite intervenir en escenarios mucho más complejos: analizar grandes volúmenes de información, identificar patrones, asistir en la toma de decisiones y ejecutar determinadas tareas con menor intervención humana.

Esto abre oportunidades enormes, pero también plantea una responsabilidad. No todo puede ni debe automatizarse.

La tecnología tiene mayor valor cuando permite que las personas se concentren en aquello que requiere criterio, creatividad, conocimiento del negocio y capacidad para resolver problemas. El objetivo no debería ser automatizar la mayor cantidad posible de tareas, sino utilizar las herramientas disponibles para potenciar las capacidades de los equipos.

En este contexto, la transformación digital no consiste simplemente en sumar nuevas tecnologías. Requiere revisar cómo funciona la empresa, cómo circula la información y cómo se toman las decisiones. Una organización que incorpora soluciones sin una estrategia puede terminar acumulando herramientas. Una que entiende qué necesita transformar puede cambiar su forma de operar.

 

El desafío es empezar

Las organizaciones pueden pasar meses o incluso años esperando el momento adecuado para iniciar un cambio, mientras los problemas que motivaron la discusión siguen creciendo.

Sin embargo, una transformación no tiene que comenzar necesariamente con un proyecto de gran escala. En muchos casos, es posible identificar un área concreta donde una mejora puntual genere resultados medibles y, a partir de allí, construir una hoja de ruta más amplia. La automatización inteligente, combinada con la modernización de los sistemas y el uso estratégico de los datos, permite avanzar de manera progresiva y escalar las soluciones a medida que se obtienen resultados.

Ese costo ya está presente: en las operaciones que no escalan, en las horas que se pierden, en las decisiones que llegan tarde y en los equipos que dedican su talento a tareas que podrían resolverse de otra manera.

La automatización ya no es una promesa de futuro. Es una decisión del presente. Y para muchas empresas, postergarla también es una decisión. Solo que, cada vez más, es una decisión que tiene un costo.

spot_img
spot_img
spot_img
spot_img
spot_img
spot_img
spot_img
spot_img
spot_img
spot_img

CONTENIDO RELACIONADO