Los precios internacionales del trigo, la soja y el maíz alcanzaron en Chicago niveles que no se veían desde hace tiempo, impulsados por problemas productivos, una demanda sostenida y restricciones logísticas. El escenario abre oportunidades para el productor argentino, aunque con señales mixtas según el cultivo.
En maíz, el foco está puesto en Estados Unidos. El USDA recortó la condición “buena a excelente” al 57%, por debajo del 59% esperado. A eso se sumó el Crop Tour de Pro Farmer, que proyectó una cosecha casi 17 millones de toneladas inferior a la estimación del USDA de agosto. “Los granos alcanzan máximos por diferentes factores, pero los fundamentos más claros los tiene el maíz”, dijo Dante Romano, profesor e investigador del Centro de Agronegocios y Alimentos de la Universidad Austral.
El mercado también refleja una fuerte participación de fondos especulativos: realizaron compras adicionales por 15 millones de toneladas y llevaron su posición neta comprada a 24,9 millones de toneladas, un nivel elevado que sugiere que parte de las expectativas alcistas ya podría estar incorporada en los precios.
Europa agrega presión: el monitor europeo redujo su estimación de rendimiento de maíz a 66 qq/ha (7% por debajo del promedio histórico) y Francia enfrenta su peor cosecha en 50 años por la ola de calor.
En Argentina, la Bolsa de Cereales de Buenos Aires estima una siembra de 8,4 millones de hectáreas, con humedad favorecida por El Niño. Se espera una baja en el norte por riesgo de chicharrita, compensada por más superficie en la zona núcleo, con posibilidad de mayor proporción de maíz temprano. La cosecha avanzó al 88%, aunque con retrasos: casi 30 puntos en el sur de Buenos Aires y 10 puntos en el norte. En comercialización, al 19 de agosto se registraron 950.000 toneladas vendidas en una semana y ya se colocó el 50% de la cosecha disponible. “Cuando el precio del maíz supera determinados niveles, el productor encuentra un incentivo muy concreto para vender”, explicó Romano.
En soja, las dudas productivas en EE.UU. son menores, aunque la condición “buena a excelente” quedó en 60% (9 puntos por debajo del año pasado). El principal sostén es la demanda china: las ventas estadounidenses de nueva campaña llegaron a 2,47 millones de toneladas y EE.UU. ya comprometió el 33% de su saldo exportable. También influye el biodiésel: la EPA postergó plazos de cortes, pero luego se anunció un plan para incrementar el corte total.
En el plano local, Argentina procesó 4,1 millones de toneladas de soja en julio (+9,2% interanual), con 22% de soja paraguaya y uso de capacidad instalada del 82%. La mejora de precios aceleró ventas: “Cuando aparecen picos de precio, la oferta finalmente aparece. Eso es lo que estamos viendo ahora en el mercado argentino de soja”, sostuvo Romano.
El trigo concentra el mayor potencial alcista por la paralización logística del mar Negro, que afecta a más del 97% de la capacidad exportadora de terminales clave de Rusia y Ucrania. Compradores como Egipto y Sudán ya recurrieron a Francia, aunque ese país podría limitar exportaciones a 6 millones de toneladas por mayor uso forrajero. “El problema del trigo es que el mercado todavía está esperando una solución para el mar Negro que no llega”, afirmó Romano.
El contexto suma dos variables: un petróleo más distendido por la presión económica de EE.UU. sobre Irán y un monzón débil en India por El Niño, con potencial impacto sobre trigo y aceites vegetales.












