Bitcoin registró un repunte el 19 de agosto, en paralelo a la decisión del Tesoro de Estados Unidos de duplicar el tamaño de un programa de liquidez vinculado a recompras de bonos del Tesoro a largo plazo. Ese día, la criptomoneda pasó de US$ 64.000 a más de US$ 69.000, mientras se liquidaban más de US$ 1.000 millones en posiciones cortas en el lapso de una hora. Para el viernes de esa semana, Bitcoin cotizaba por encima de los US$ 77.000.
El movimiento se produjo luego de una señal de tensión en la curva larga de tasas. En la tarde del 18 de agosto, el rendimiento de los Treasuries a 30 años alcanzó el 5,34%, su nivel más alto en 19 años, y los inversores se alejaron de los activos de riesgo. En ese marco, bonos corporativos, stablecoins y Bitcoin quedaron bajo presión. A la mañana siguiente, el Tesoro informó que compraría más bonos del Tesoro a largo plazo entre septiembre y principios de noviembre.
La ampliación elevó el límite por operación a al menos US$ 4.000 millones, desde US$ 2.000 millones, para títulos con entre 10 y 20 años y entre 20 y 30 años restantes hasta el vencimiento. La lógica operativa se apoya en que cada subasta del Tesoro crea un nuevo bono de referencia, mientras que emisiones anteriores continúan negociándose con menor demanda y spreads más amplios; en el mercado se las conoce como off-the-run securities. Al aumentar la demanda por esos bonos antiguos, suben sus precios, se reducen los spreads y baja la prima de rendimiento exigida por mantener un activo menos líquido.
El Tesoro financia estas recompras mediante impuestos y emisión de deuda pública, no mediante creación de reservas por parte de la Reserva Federal. Funcionarios del Tesoro señalaron que “cada dólar utilizado en las recompras requiere otro dólar en nuevos préstamos del Gobierno”. En esa línea, la operación no modifica la base monetaria ni el total de la deuda federal, sino que cambia quién la mantiene.
Tras el anuncio, los rendimientos retrocedieron. El Treasury a 10 años pasó de aproximadamente 4,71% a 4,64% el 19 de agosto, mientras que el de 30 años cayó cerca de 14 puntos básicos desde el máximo previo. En paralelo, subió el oro, se debilitó el dólar y Bitcoin rompió el techo de un rango de negociación de seis semanas. Bloomberg reportó que se trató de la mayor ola de liquidaciones de cortos registrada por CoinGlass desde 2021. Para el viernes, las liquidaciones habían superado los US$ 4.000 millones en criptomonedas en general, con Bitcoin a la cabeza.
La dinámica de tasas explica parte del comportamiento del precio. Los rendimientos de los bonos funcionan como referencia de retorno para los inversores: cuando suben los tipos de interés reales, activos con flujos de caja, como bonos o acciones con dividendos, se vuelven más competitivos frente a Bitcoin y el oro. Rendimientos más bajos reducen ese costo de oportunidad y, además, influyen en hipotecas, préstamos corporativos y tasas de descuento utilizadas para valorar acciones.
El análisis también marca límites y condiciones para una continuidad del movimiento. El 20 de agosto, el rendimiento del Treasury a 10 años volvió a aproximadamente 4,69% y el de 30 años subió a 5,23%, recuperando parte de la caída. Para sostener la suba más allá del cierre forzado de posiciones cortas, la atención pasa a la demanda en el mercado spot y a los flujos hacia los ETF spot de Bitcoin. Otra variable es el comportamiento de los rendimientos a 10 y 30 años una vez iniciadas las recompras, previstas entre el 9 de septiembre y el 4 de noviembre.
En el plano político, ese mismo día el presidente Trump presionó al Congreso para avanzar con legislación sobre criptomonedas, mientras reguladores propusieron un marco para las ofertas de criptoactivos y ejecutivos del sector visitaron la Casa Blanca.


